martes, 16 de diciembre de 2008

Vamos de cena

Ante el aluvión (que no alubión, que es una alubia grande y flatulenta) de peticiones de un artículo sobre las cenas o comidas navideñas, no me queda otra opción que atender a mis lectores que un día, no muy lejano, confío en que sean mis votantes.

Tengo que decir que casi siempre que he ido a alguna cena navideña ha sido con gente que, mayoritariamente, podía considerar amiga. No recuerdo haber tenido que asistir a encuentros gastronómicos de empresa en los que uno tiembla ante la altísima probabilidad de que le toque estar sentado entre dos personas con las que jamás has cruzado una palabra. Ahora que lo pienso, lo peor no es sentarte con gente a la que apenas conoces, sino quedar emparedado entre dos personas con las que la uno se lleva fatal.

Menos mal que, a causa del efecto navideño, las tensiones personales desaparecen en cuanto la gente comienza a beber. Diríase que el objetivo aparente de estas reuniones no es otro que el de acabar con una cogorza desmedida, cosa que, por ser yo una persona que goza estando consciente, me desagrada enormemente.

No sé si os habéis fijado en que las cenas surgen porque alguien dice eso de “Deberíamos ir organizando la cena de Navidad”. Habitualmente quien dice eso es la persona que no se ocupará de organizar nada y que, probablemente, luego sacará pegas a cualquier propuesta que hagan los demás: “Ese sitio es muy cutre”, “ese día me viene fatal”, etc. Al final el pobre diablo que se encarga, con su mejor voluntad, de hacer buscar el restaurante y hacer la reserva, es el que acaba siendo objeto de todo tipo de quejas y, llegado el caso, insultos si la cosa no sale lo bien que algunos señoritos querrían.

También se da el caso, en empresas con cientos de personas, de que proliferen convocatorias múltiples y que existan empleados a los que se invite a participar en varias de ellas mientras que hay otros, mis amigos los seres marginales, que no son convocados a ninguna. Hay gente a la que esta situación de marginalidad social le resulta terrible, pero otros nos alegramos de quedar al margen de todos estos saraos y ver cómo se generan tensiones y rencillas a cuenta de las listas de convocados y marginados.

Yo, cuando alguno de mis compañeros de marginalidad me propone hacer alguna comida navideña, suelo decir que me parecerá estupendo reunirnos en el McDonald’s el día que quieran pero, por alguna razón que no comprendo, parece que los Burger no son lugares apropiados para estas convenciones de la necedad humana ¡Con lo navideño que es Ronald McDonald!

Además de las cenas de empresa, están las cenas de amigos (de esas sí que tengo algunas). Siempre es agradable reunirse con los amigos (casi siempre), pero hay que reconocer que hacerlo en estos días en los que todo el mundo decide reunirse es un verdadero follón. Es complicado encontrar sitio porque nadie quiere cenar en los restaurantes de Valdebernardo y se empeñan en ir al centro, pero lo peor es el regreso a casa ¡No hay quien encuentre un “tasis”! Menos mal que para personas poco trasnochadoras como yo (nunca me apunto a las copas) siempre queda el recurso del Metro.

¿Por qué nos gusta tanto hacer las cosas a la vez que el resto del mundo? El Gobierno de España debería proponernos, como hace en todas las operaciones salida y regreso del verano, que nos escalonásemos para disfrutar de nuestras cenas (nunca he entendido como semejante petición puede llevarse a cabo cuando nadie organiza el escalonamiento, pero parece que a veces funciona).

Y aquí dejo mis reflexiones sobre tan apasionante tema. Debatamos.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

¡Escándalo!

Acabo de escuchar en el noticiero de Iñaki Gabilondo la noticia de que en una cadena de televisión británica van a retransmitir un documental en el que muestran los detalles del suicidio asistido de Craig Ewert, que utilizó los servicios del grupo suizo Dignitas en el año 2006 para morir. El escándalo está asegurado (o tal vez no).

El tema de la eutanasia, como el del aborto, la pena de muerte y otros, siempre es polémico y por esa razón la emisión de un suicidio asistido (de un documental en el que se muestra) también será altamente debatida.

Particularmente no sabría posicionarme ni a favor ni en contra de la eutanasia porque me temo que, en general, no tenemos claro lo que es. La llamada eutanasia pasiva que, si no me equivoco, consiste en no someterse a tratamientos indeseados para alargar la vida, no me parece mal, pero reconozco que probablemente me costaría mucho encontrar razones que no fuesen de orden sobrenatural para infundir ánimos a alguien cuya vida consiste vegetar esperando la llegada de la muerte y que pide que le ayuden a acabar con esa espera (supongo que esto es lo que se llama eutanasia activa). Ciertamente hay multitud de casos y no todos son equiparables y es ahí donde surge la polémica.

Sea como fuere, el tema de hoy no es la eutanasia sino la retransmisión de las imágenes de Craig Ewert durante sus últimos instantes de vida.

Reconozco que a mí no me molesta lo más mínimo que emitan esas imágenes y tampoco me molesta que alguien gane un dineral a costa de ello (supongo que mi afición a Gran Hermano me ha vacunado contra el virus del escándalo). Si los implicados en esto han decidido dar su permiso para que se haga, no encuentro objeción a ello, además, siempre se puede apagar la televisión si uno cree que lo que se va a mostrar es una indecencia.

Podría alegarse, tal vez con razón, que esta es una forma de intentar convencer a la gente de las bondades de la eutanasia activa. Es probable que sea una de las finalidades, pero aunque así sea, sigue sin parecerme mal. Es más, gracias a estas imágenes, el que quiera defender la eutanasia, la defenderá, y el que quiera atacarla, la atacará. Ocultar las cosas no sirve para aclararlas, pero ponerlas sobre el tapete permite someterlas a juicio. El señor Ewert ya está muerto, así que el poner las imágenes de su suicidio o no ponerlas no va a servir para que regrese a la vida, pero sí pueden ser útiles para que tengamos animadas charlas de sobremesa o para escribir “posts” tan insulsos como este.

Con gran probabilidad habrá multitud de voces que se alcen para denunciar la iniquidad de quienes van a montar este espectáculo, pero yo no veo esto peor ni mejor que las imágenes de los campos de concentración nazis o de los efectos de los múltiples atentados terroristas con los que nos "deleitan" tantos iluminados que hay por el mundo, y tampoco veo que este tipo de exhibiciones televisivas escandalicen a nadie (a mí no, desde luego).

Seguramente las imágenes de un señor que muere tranquilamente en la cama tras tomar unos relajantes letales no aporten nada a nadie (salvo unos cuantos milloncetes de euros a repartir entre unos cuantos) pero la polémica que se suscitará conseguirá que hasta quienes piensan que esto es una aberración, acaben viéndolas.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Entrevistas a delincuentes

Hace tiempo que venía anunciándose la entrevista a Julián Muñoz que tuvo lugar el viernes pasado. Entrevistar a un preso y pagarle unos cuantos cientos de miles de euros parece escandaloso a mucha gente pero, a juzgar por los niveles de audiencia, no exagerados pero sí considerables, la cosa despertó interés. Yo mismo estuve un rato delante de la tele viendo la entrevista. Reconozco que me pareció un poco rollo lo poco que vi, pero me agradó contribuir a desbaratar los planes de quienes lanzaron una cruzada contra el programa. Se mandaron correos en masa, se creó una web y no me extrañaría que hubieran hecho algún calendario de esos en los que sale la gente desnuda para llamar la atención a la “ciudadanía” sobre alguna “causa justa” (me estoy pasando con las comillas).

Acabo de echar un vistazo a los comentarios de la web y veo que hay gente muy decepcionada con “este país de mierda”. También se habla de "haber perdido la batalla pero no la guerra” y no sé cuántas más reflexiones de alto calado. También veo que uno de mis blogs progresistas más admirados, Madrid Progresista, también hace suya esta grandiosa causa.

No diré que entrevistar a delincuentes pagándoles grandes sumas de dinero me parezca una cosa digna de aplauso, pero si es legal y alguien quiere hacerlo, que lo haga. Si lo que querían estos “luchadores” por la decencia televisiva era conseguir que la entrevista tuviese pocos espectadores, deberían saber que sus esfuerzos no hicieron otra cosa que publicitar con más intensidad y, además, gratuitamente eso que tan mal les parecía (a lo mejor ha sido un truco publicitario de Telecinco).

Esto de Internet es un maravilloso invento, pero hay demasiada gente empeñada en usar este medio para convencer al mundo entero de cualquier cosa. La Red se ha llenado de “salvadores”, de “intelectuales” de tres al cuarto que, a pesar de no saber hilar cuatro palabras seguidas sin intercalar cinco faltas de ortografía (a mí me pasa a menudo), se empeñan en llamar idiotas a todos los que no apoyan sus siempre justas “luchas” (a veces también me dejo seducir por ese ímpetu guerrero, no lo puedo negar). A mí me parece mejor llamar idiota a todo el mundo incluyéndome yo mismo en el lote de memos, así soy un poco más original y mis detractores se quedan sin armas para rebatir mi indiscutible estupidez.

Ya me estoy yendo por las ramas y estoy marginando a Julián Muñoz que era el protagonista de mi escrito. ¿Alguien vio la entrevisa? Yo sólo quería saber si Isabel Pantoja todavía le ama (él a ella sí, eso me quedó claro) pero no pude aguantar el sueño y me tuve que retirar sin averiguar tan importante información. A ver si alguien puede hacernos un resumen de lo más importante de tan trascendental evento informativo. Yo me encargaré de pasárselo a los de www.noveaslaentrevista.com, seguro que lo agradecen.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Informes inútiles y caros

Ya que hemos hablado un poco de la paripeística cumbre del G-20 (al final ha ido quien ha querido, así que no sé por qué han mantenido el 20), no estará de más seguir hablando de sandeces que cuestan un montón de dinero y no sirven más que para que unos se enriquezcan con poco esfuerzo y para que las arcas estatales vayan mermando sus reservas.

He leído en mi “libelo fascista” favorito, Libertad Digital, que en la Generalidad Catalana (sí, digo Generalidad como los “intolerantes” porque me da la gana y porque también digo Casa Blanca y Londres) se han gastado millones de euros en informes tan trascendentales para la humanidad como el titulado así “Ambientación olorosa de un espacio circular de unos 30 metros cuadrados de superficie abierto en su parte superior” u otros igualmente sugerentes como el dedicado al “Seguimiento del escarabajo de las palmeras”. Menos mal que hay políticos que saben que lo que hace avanzar al mundo es la investigación, y dan muestras de ello invirtiendo tanto dinero como pueden en estudios de gran calado como los que hemos resaltado.

De entre los informes que se mencionan en el artículo de Libertad Digital hay uno que me ha enternecido, es el titulado “Diseño de parchís y puzzle de la casita de cartón recortable” ¡Qué bello! Me encanta que también se intenten hacer avances en temas lúdicos como el parchís o la construcción de casitas de cartón. ¡Nuestros niños merecen ese esfuerzo!

Estos informes no son más que una pequeña muestra de los 1.583 que se llevaron a cabo durante el año 2007. ¡Qué año tan productivo! Pero lo mejor de todo es el precio, porque la cosa salió baratísima, ese millar y medio de complejos estudios y sus correspondientes informes sólo costaron 31 millones de euros. ¡Qué son 19.583 por informe! ¡Nada de nada! La cultura y el saber valen mucho más que eso.

Confío en que el resto de las comunidades autónomas hagan una inversión similar en este tipo de cosas. Supongo que esto es a lo que llaman inversión en I+D+I ¡Hay que ver lo bien que quedan todas esas letras unidas por el signo más!

Propongo a nuestros regidores políticos que para el año que viene encarguen a alguna universidad de esas tan famosas (la de Wisconsin es mi favorita) que investigue el porcentaje de trabajos completamente inútiles y prescindibles se llevan a cabo en nuestra avanzadísima sociedad. Yo les podría ayudar porque en mi entorno laboral somos especialistas en inventar tareas inútiles que, además de consumir muchísimo tiempo, se cobran a precios desorbitados. Creo que un estudio así sería de lo más interesante.

viernes, 7 de noviembre de 2008

La silla de ZP

Entre las elecciones norteamericanas y la cumbre del G-20 nos tienen saturados, por lo menos a mí. Menos mal que, para que las noticias no sean tan uniformes, de vez en cuando hay algún asesinato o alguna catástrofe que sirven para “animar” el noticiero (me gusta esta palabra tan típica de Sudamérica).

Por lo que he oído y leído hoy, parece que cada vez está más cerca la posibilidad de que nuestro amadísimo ZP pueda ocupar una silla (tal vez no sea tan cómoda como la de la imagen) en esa gran cumbre en la que cada mandatario dirá una sarta de bobadas con apariencia de seriedad pero sin posibilidad de ser comprendidas por nadie y, además, comerán bien, dormirán mejor y, supongo, harán alguna que otra visita turística. Aún hay gente que cree que de allí saldrá algo concreto que podrá aplicarse para solucionar los problemas económicos que están afectando a nuestra avanzada parte del mundo ¡Pobres ingenuos!

No sé si estos rollos económicos se solucionarán pronto, tarde o nunca, pero tengo bastante claro que las ideas de ZP (de quien le dé las ideas a ZP) no serán la clave para llegar al bienestar total y eterno.

No sé con qué parámetros se ha decidido qué países tienen que estar en ese bonito grupo del G-20 (a mí me hubiese resultado más simpático que lo llamasen el Comando-G), pero seguro que son criterios tan tontos como otros cualesquiera, así que lo que podrían haber hecho es, poner veinte sillas en círculo y permitir que fuesen a la cumbre todos los países que quisieran. Una vez allí, todos se dispondrían en círculo alrededor de las sillas y, como habréis adivinado, procederían a competir en el simpático juego de las sillas a la vez que sonaría alguna simpática música de concurso (la sintonía del Grand-Prix sería excelente).

Para terminar este absurdo artículo que estoy escribiendo para calmar la tensión que me produce ver mi blog sin actualizar durante tanto tiempo, diré que me importa un bledo que España esté o no esté en esa cumbre o en cualquier otra o que Obama no llame a nuestro presidente para tenderle su mano salvadora. El mundo de la política y la economía se parece cada vez más al mundo del cotilleo, y para eso prefiero quedarme con Gran Hermano, que ya lleva diez años de experiencia en estas lides y es mucho más creíble.

domingo, 26 de octubre de 2008

Paseo vespertino

He estado dando un paseo por un parque valdebernardino y, como ya es hora de que actualice el blog, voy a ver si soy capaz de escribir alguna cosa al respecto de lo observado en ese rato de caminata solitaria entre la gente del barrio.

Nada más acceder a la vía principal del parque, me he topado con una familia con estética tradicional. La madre empujando el cochecito del pequeño un poco adelantada al padre y a la hija díscola a la que éste decía esa frase que seguro que todos hemos oído alguna vez en nuestra infancia: “Si es que parece que esta niña no quiere entender que le decimos las cosas por su bien”. ¡Cuántas veces le dirían a ese hombre esa misma frase en su infancia! Y seguro que, como ahora probablemente le pase a su hija, él no podía creer que esas cosas que le decían, y que tan poco le gustaban, fuesen por su bien.

Luego he visto a un par de matrimonios (supongo que lo serían) parados en el camino pero en una disposición que sugería que ya se estaban despidiendo. Ellas hablaban mientras ellos se situaban al lado de sus esposas pero al margen de la conversación (la cara de aburrimiento delataba su falta de interés por lo que se contaban). Cuando he regresado al punto en el que los dejé, al cabo de unos diez minutos, aún seguían en apariencia de estar despidiéndose ¡Cuánto rollo tenemos algunos seres humanos!

Más adelante he visto a un chavalín de no más de tres años que se lanzaba con su velocípedo por una pequeña cuesta que bajaba de los columpios al camino lleno de paseantes. El niño tenía un dominio absoluto de su “correpasillos” y esquivaba a unos y otros con verdadera maestría. Se notaba que no le preocupaba absolutamente nada de lo que podría pasarle si hubiese colisionado con algún ciclista o si algún obstáculo imprevisto lo hubiese hecho caer. Contrastaba su total alegría y despreocupación con mis “trascendentales” cavilaciones de ese momento. Ya le llegará a ese tierno infante el momento de empezar a preguntarse por el sentido de tantas y tantas cosas o, ¡quién sabe!, a lo mejor acaba siendo una persona sin curiosidad de esas que no se preguntan nada y viven tan tranquilas si meterse en líos intelectuales.

La noche se ha echado encima y he decidido regresar a mi nido a escribir esta sarta de chorradas. Siento no haber tratado sobre el trascendental tema de nuestra ausencia de esas “importantes” cumbres del G-8 y del G-20 en las que, dada la inmensa sabiduría de los invitados a las mismas, seguro que se toman unas decisiones que acabarán con la crisis mundial, con el hambre en el mundo y con la estupidez humana.

jueves, 16 de octubre de 2008

A la caza de Kashuma

Ayer recibí un correo de una redactora del diario Metro (para los que no seáis de Madrid explicaré que es unos de los que se reparten gratuitamente en Madrid cada mañana) solicitando información sobre la historia que hace más de dos años me aconteció con nuestro japonés más famoso y querido, Kashuma, y que había encontrado rebuscando entre los miles de correos que había perdidos en un antiguo buzón de correo electrónico que llevaba mucho tiempo en cuarentena por ataques de spam.

Todos sabéis el afecto que tengo a mi querido timador oriental, así que al contemplar la posibilidad de que mi más fantástica aventura pudiese acabar entre las páginas de un periódico, no dudé ni un momento y llamé a Teresa (así se llama la cordial y simpática redactora que se interesó por mi historia). En cuanto descolgó el teléfono y supo que la víctima del músico japonés era quien estaba al otro lado, no disimuló su entusiasmo. Tanto es así que hasta me sentí importante.

Estuvimos charlando animadamente durante un ratillo en el que, básicamente, corroboré lo que ella ya había leído en mi relato y, además, hice algunas puntualizaciones inútiles (ya sabéis de mi capacidad para aportar información inútil en cualquier situación) como, por ejemplo, que con la publicación de esta historia, podremos conseguir que el timo deje de ser efectivo o, tal vez, que Kashuma acabe siendo un famoso más de los que visitan el plató de Ana Rosa Quintana o el Diario de Patricia (que ahora creo que se llama Diario Imedio, o algo así). Alguna persona ha sugerido que sería interesantísimo vernos a Kashuma y a mí concursando en Gran Hermano. La verdad es que no me parece mala idea.

La conversación terminó y, tanto Teresa como yo, nos quedamos muy contentos: Ella porque tenía algo que contar hoy, y yo porque me encanta ser protagonista de historias absurdas en las que quedo como el más tonto del mundo.

Aquí podéis leer el artículo que conseguirá poner coto a las fechorías de nuestro japonés con coleta. Este es es el primer paso de mi larga carrera hacia la fama. En no muchos años me veréis optando a la presidencia del Gobierno de España ¡Tiembla, ZP!

sábado, 11 de octubre de 2008

El hombre anuncio

Parece ser que al alcalde de Madrid y a su equipo gubernamental les parece vejatorio el oficio de hombre anuncio. Si hubiesen pedido a las empresas anunciantes pagar un impuesto especial por desarrollar su labor anunciadora por las calles de la ciudad, la cosa podría tener algo más de sentido, pero alegar que es una actividad denigrante me parece una sandez. No es ese sea el oficio de mis sueños, pero para quien no tiene otra cosa, ganar 600 o 900 euros al mes no es mala cosa.

¿Es vejatorio también el oficio de barrendero? Lo de barrer las inmundicias que el resto de los “educados” ciudadanos vamos tirando por el suelo, no parece ser algo maravilloso. ¿Y qué me decís del oficio de consultor? ¿Es digno ir contando mentiras de empresa en empresa prometiendo milongas imposibles de llevar a cabo? Tal vez este oficio no sea considerado vejatorio porque no se desarrolla a la intemperie y se suelen cobrar sueldos bastante aceptables, pero fundamentar la actividad de uno en la mentira es algo un tanto vergonzoso. Es cierto que no todos los consultores son mentirosos e incompetentes, pero cada vez que oigo esa palabra, pronunciada con veneración casi divina, me entra la risa.

¿Y el oficio de político? ¿Es digno o es indigno? Afirmar una cosa un día y la contraria al siguiente, reclamar respeto a quien insultas, decir que no hay problema donde sí lo hay y que es terrible lo que no lo es…

Al final, como pasa casi siempre, lo único que cuenta es lo que se ve, mandan las apariencias, así que si el hombre anuncio lleva un par de cartelones de PVC la mar de antiestéticos, su trabajo será considerado degradante, pero si eres un gran deportista y llevas camisetas Nike o Adidas repletas de logotipos de un montón de empresas anunciantes, eso es enaltecedor y dignificante e incluso Gallardón sería capaz de invitarte a su despacho para hacerse fotos contigo.

Si uno tiene un oficio con nombre largo y extraño como, por ejemplo, experto en técnicas de rehabilitación de complejos sociales de esparcimiento sostenible del medioambiente (me lo acabo de inventar y no tiene ningún sentido, pero me gusta), aunque su labor consista en conseguir fondos estatales para no hacer otra cosa que editar publicaciones que nadie lee y en masajearse sus partes íntimas a todas horas, su absurdo oficio será considerado, no ya digno, sino fundamental para el desarrollo integral del ser humano en este peligroso planeta.

Yo diría que, en general, la dignidad de un oficio la da la forma de ejercerlo y no el oficio en sí. Un hombre anuncio, si no va arrollando a los transeúntes que se cruzan con él, desarrolla su labor dignamente. Un consultor que asesora adecuadamente y sin contar milongas a sus clientes, es un profesional digno. Un político que dice lo que piensa y hace lo que dice, contribuye a que su profesión se enaltezca. Un auditor que no falsea los datos sino que informa de lo que averigua, es un buen auditor. Lo contrario ocurre con un hombre anuncio que va empujando e insultando a la gente, o un consultor que dice a sus clientes que se pueden hacer cosas que él mismo no sabe ni por dónde agarrar, o un auditor que clasifica a una empresa con las famosas tres aes, “AAA”, una semana antes de que quiebre.

Es cierto que hay oficios como el de asesino a sueldo o ladrón cuya indignidad no parece depender de cómo se ejerza, pero esos son casos especiales.

domingo, 5 de octubre de 2008

Juicios paralelos (el caso Neira)


Anoche estuve viendo La Noria, ese programa de debate en el que suele participar esa tranquila y tolerante periodista que es María Antonia Iglesias. Por segunda vez acudió a ser entrevistada por Jordi García la novia de Antonio Puertas, el agresor de Jesús Neira. No sé cómo discurriría la primera entrevista que le hicieron en ese mismo programa, pero lo de ayer fue bastante indignante.

De este desagradable suceso parece que está comprobado y asumido por todas las partes implicadas, incluido el agresor, que al señor Neira se le propinaron unos cuantos golpes de tal intensidad que provocaron que, al cabo de unos días, entrase en coma.

Jesús Neira, según él mismo declaró después del incidente, vio como Antonio Puertas discutía y forcejeaba con su novia, Violeta Santander, que acabó cayendo al suelo. Según don Jesús, cayó empujada por el novio, y según la propia chica, cayó porque se desequilibró a causa de un problema de vértigos que parece.

A la vista de que no hay consenso en la cuestión de la agresión a la doña Violeta, los que no somos ni Jesús Neira ni ella misma, lo único que podemos afirmar es que Puertas propinó unos cuantos golpes fatales a Neira. Pero, a pesar de que la supuesta agredida se empeña en repetir que no lo fue, el resto de la humanidad se insiste en contradecirle y en intentar convencerla de que sí que fue maltratada físicamente por su novio.

Violeta ha reconocido que Puertas es adicto a las drogas y que ese día iba un tanto cargado, pero insiste en que no la agredió. Será verdad o será mentira, no tengo ni idea, pero no sé qué derecho tiene ninguno de los participantes en la tertulia de la Noria en afirmar con toda rotundidad que la señorita Santander está mintiendo y que lo que le pasa es que está bajo los efectos del síndrome de estocolmo (diagnóstico al que habrán llegado gracias a sus largos años ejerciendo la psiquiatría, supongo).

Yo pienso que Violeta está haciendo las cosas bastante mal y que con sus apariciones en televisión no hace otra cosa que animar a esa jauría de cretinos que por tener el título de periodistas se creen con derecho a sentenciar sobre cualquier caso mientras, eso sí, abominan de los juicios paralelos que se hacen en la calle, juicios que siempre hacen otros, claro. Ellos dicen que Violeta Santander miente, pero no la están juzgando, sólo opinan.

¿Es que no saben que si ellos condenan a esta mujer, habrá montones de cretinos que al verla pasear por la calle se atreverán a insultarla sin pudor? ¿No se dan cuenta de que ellos, que tanto hablan en contra del maltrato de mujeres, están maltratando de una manera gravísima a esta señora y, lo que es peor, propiciando que otras muchas personas la maltraten? ¿Ese maltrato es bueno y un empujón es malo?

En la mesa de la tertulia de La Noria sólo había una persona que parecía no dejarse llevar por las vísceras y que habló con gran sensatez a pesar de las constantes interrupciones de María Antonia Iglesias. Me refiero a Nacho Abad que, desde ayer, es para mí un ejemplo a seguir y del que deberían aprender todos esos profesionales del periodismo que, de tan encumbrados que ya están, son incapaces de dejar de mirarse el ombligo y supongo que por eso jamás pueden opinar sin sentenciar. ¡Son tan grandes! ¡Su carrera profesional ha sido y es tan brillante! ¿Quién podría dudar de que lo que ellos piensan sea la verdad? ¿Para qué necesitan pruebas? Eso se queda para los que no tienen esa perspicacia e intuición de los grandes.

Como La Noria es un programa de gran seriedad, ayer mostraron las declaraciones que hizo un chaval que ha pasado unos días en la cárcel de Soto del Real con Antonio Puertas. El mozalbete ya está en libertad y, claro, como sabe que este tema da dinero, lo primero que hizo fue ponerse en contacto con Tele 5 para decirles que tenía información interesante. En la "cadena amiga" comprobaron que este chaval, efectivamente, ha estado en Soto del Real cumpliendo condena y que ha coincidido en el tiempo con Puertas.

No creo que puedan haber constatado que realmente habló con Puertas y dudo mucho que puedan saber si lo que ha dicho su compañero carcelario es cierto. El supuesto compañero del agresor de Neira se explayó a gusto y, resumiendo, dijo que Puertas reconoció que estaba maltratando a su novia cuando llegó Neira, al cuál dio un par de puñetazos. También le dijo que esperaba salir pronto de la cárcel si acaban inculpando a los médicos por negligencia y así poder ir de plató en plató para forrarse. Son cosas creíbles, pero es absurdo dar por sentado que son ciertas, sobre todo cuando el que lo ha contado ha hecho negocio con esa información.

Salvo Nacho Abad, que dijo que ese testimonio no valdría un pimiento en un juicio porque bastaría con que Puertas negase haber dicho tales cosas, el resto de los contertulios dio crédito absoluto a lo que dijo ese expresidiario.

Que quede claro mi desprecio por la paliza que el desgraciado de Puertas propinó a Neira y que vaya por delante que pienso que los paseos de Violeta Santander por la tele no hacen más que alentar la creencia de que miente para no meter en follones a su novio, pero una cosa es tener la sospecha de algo y otra muy distinta decir que lo que uno sospecha es la verdad absoluta.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Disertaciones laborales


Ayer estuvimos intentando organizarnos, laboralmente hablando, y tratamos del tema de las planificaciones de los proyectos y el seguimiento de los mismos. Yo, que soy un necio integral, sé que no queda más remedio que hacer una previsión de lo que se tardará en hacer las distintas cosas que nos encargan en función de quién vaya a hacerlas y la prisa que corra su implantación. También sé que una cosa es hacer una previsión y otra diferente remangarse y poner manos a la obra. Esto lo sabe todo el mundo, pero a algunos les toca simular que no lo saben o, mejor dicho, que no es así, que las previsiones “van a misa” y tienen que coincidir con la realidad.

Yo, cuando me toca, hago planificaciones y previsiones varias, pero en el momento de decir a alguien lo que tiene que hacer, casi nunca le informo del tiempo que tiene para ello. ¿Y por qué no doy esa información? –se preguntará alguno- Pues porque no debería ser necesaria. Según yo creo, cuando una persona trabaja sus ocho horas (o las que estén estipuladas en su contrato), cuando tiene una tarea que realizar, tendrá que dedicarse a ella durante el tiempo de su jornada laboral y, si no es un jeta que toma cinco cafés, fuma diez cigarros, mea veinte veces y depone otras tantas (sin contar los paseos que pueda darse por los pasillos con papeles bajo en brazo y a paso legionario para mostrar su gran profesionalidad), si la persona no es así -decía- no es necesario informar de qué meta temporal tiene que cumplir porque nadie tiene derecho a planificar un trabajo contando con que quien lo tiene que hacer deba pasarse más de ocho horas diarias (seis y pico, porque siempre hay que tomarse algún respiro o atender imprevistos) dedicado a ello.

Otra razón para no tener muy presentes las fechas límite de las tareas es que, cuando a algún gran líder, Don Antonio, por ejemplo, se le antoja (por razones de gran peso estratégico, claro está), desbarata cualquier planificación señalando con el dedo a una persona (“recurso” en su jerga) para apartarlo de su labor actual y llevarlo a donde él decide (tras muchas trascendentales cavilaciones en el retrete). Cuando se le dice que esa persona está desarrollando trabajando en algo que tiene que estar finalizado en 1 de octubre, él dice con gran seguridad que su trabajo lo podrá asumir sin problemas la otra persona con la que estaba haciendo su trabajo y que, como mucho, el mes de trabajo del que sale del proyecto, lo tendrá que absorber el otro miembro del grupo con una semana más de trabajo. Para Don Antonio un mes de su escogido es equivalente a una semana de aquel al que no ha elegido. Cualquiera podría pensar que esto indica que nuestro gran líder piensa que su trabajador estrella es bastante más tonto que el otro, porque pretende que un mes de trabajo de uno sea absorbido por una semana del otro, pero no, Don Antonio no piensa eso ni es tonto, él sabe que las planificaciones no valen para nada y por eso se las pasa por sitios innombrables y hace lo que le da la gana. Don Antonio es listo, por algo ha llegado tan lejos.

Si las cosas son como yo pienso, me gustaría que alguien me dijese qué aporta el conocimiento de que un trabajo determinado tiene que estar terminado el día 23 de Octubre. A mí, cuando me dicen que me ponga a partir de una fecha determinada a desarrollar un trabajo, ese día, o antes si es que la situación lo permite, me pongo con ello sin prisa, pero sin pausa, intentando hacer mi trabajo lo mejor que puedo, de modo que si tardo menos de lo planificado, esa alegría que me llevaré yo y ese gozo que tendrán mis jefes, y si tardo más, ya sea por inutilidad o ignorancia mías, o porque la tarea estaba mal dimensionada, o a causa de problemas imprevistos que surjan por el camino, no se llegará a la fecha prevista y habrá que justificar el retraso, cosa que, si yo no he estado vagueando ni dedicado a otras tareas, podrá hacerse sin problemas (o con pocos).

Supongo que el control de tiempos en cualquier tipo de proyecto (no tiene por qué ser una tarea informática), es necesario porque hay demasiado caradura por el mundo, porque la responsabilidad profesional es escasa en mucha gente. Yo he conocido,y conozco a gente (no sabría decir si son mayoría) que se pasa el día diciendo lo liadísimos que están y resoplando por la dureza de su trabajo que, básicamente, consiste en masajearse el escroto (o lo que tengan en esa zona central del cuerpo) a dos manos y en esquivar a cualquiera que les parezca que llega con intención de asignarles alguna tarea menos gratificante que el masaje genital. Como suele ocurrir, gracias a unos cuantos malos profesionales se acaban imponiendo normas de control que, para otros muchos son inútiles o, peor aún, contraproducentes y molestas.

Si yo estoy trabajando durante casi toda mi jornada laboral (alguna escapada al excusado y alguna conversación estulta con mis compañeros son necesarias para mantener la alegría en el trabajo), andar pensando en el tiempo que me queda para llevar a cabo una tarea que estoy haciendo lo más rápidamente que puedo, no me sirve de nada o, como mucho, puede servirme para que aturullarme pensando que no llegaré a la meta por mucho que me esfuerce o, si voy sobrado, para que me dedique a perder el tiempo como un campeón aprovechando del exceso de tiempo que me han asignado para una tarea simple.

Este problema, como tantos otros, surge porque pretendemos tratar a todo el mundo del mismo modo, pero cada cual es diferente y requiere que, para sacar lo mejor de él, se le trate del modo más adecuado. Si uno es un cara, habrá que controlarle, y si demuestra que es de confianza, habrá que liberarle de controles que no necesita.

Mi conclusión es tan bonita como ingenua, porque para tratar a cada cual del modo que necesita, se requiere hacer el esfuerzo de conocerlo, y eso cuesta trabajo o es imposible (hay gente muy hábil en parecer lo que no es), así que me temo que todo este discurso mío sólo ha servido para pasar el rato y actualizar mi blog, que falta hacía.

sábado, 13 de septiembre de 2008

¿Qué hacemos con el CGPJ?

Parece que hay poca gente a la que le guste la nueva composición del CGPJ porque cada partido ha elegido, según cuentan, a gente de su cuerda que, presumiblemente, actuará a favor de los intereses del partido que lo ha elegido. La verdad es que no entiendo por qué hay tanta gente escandalizada por esto. Si el método de elección de ese consejo es el que es, me temo que no tiene sentido pedir que los que lo eligen, se decanten por personas que tengan ideas diferentes de las que defienden ellos mismos. Tal vez lo absurdo sea el sistema de designación. Pero si ese sistema de elección no es bueno porque mediatiza el poder judicial al poder legislativo ¿de qué otro modo se podría hacer la cosa? ¿Haciendo un referéndum nacional? ¿Convocando oposiciones a esos puestos?

Si se convocasen elecciones para que “la ciudadanía” eligiese a los jueces, me temo que la composición del CGPJ sería básicamente la misma que tiene ahora porque cada persona votaría, probablemente, a los jueces que sus carismáticos líderes políticos les recomendasen. Por tanto me temo que con este método no cambiaría nada. ¡DESESTIMADO!

Lo de acceder a las vocalías del CGPJ mediante oposición podría ser más interesante, pero requeriría un esfuerzo que no tengo claro que muchos de los altos cargos de la judicatura quisieran realizar. Lo que sí podría ocurrir es que algún mindundi recién salido de la universidad, acostumbrado a estudiar día y noche, se alzase con alguna de esas importantes plazas y desbancase a egregios juristas apoltronados y con pocas ganas de memorizar los infumables rollos que suele ser necesario interiorizar para aprobar unas oposiciones. De todos modos, supongo que como requisito para presentarse a esas supuestas oposiciones, se pediría ostentar ya algún cargo relevante en la Administración de Justicia y así se evitaría que un pobre diablo pusiese en evidencia a algún que otro gran hombre de la Justicia.

Sea como fuere, dudo que los políticos, que son los que hacen las leyes, vayan a cambiar una norma que les conviene (la que les permite elegir a los vocales del CGPJ) por otra que no sería tan interesante para ellos (hacer que se llegase a esos puestos por oposición), así que este debate es tan estéril como absurdo, es decir, perfecto para este blog.
Y ahora, si queréis, podemos hablar de ese juez con halitosis al que han sancionado últimamente por su falta de higiene.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Curiosidad y morbo

Esta mañana, mientras me afeitaba el cráneo, estaba escuchando el programa de Isabel Gemio en Onda Cero, Te doy mi palabra, y debatían sobre si era bueno que los medios de comunicación mostrasen imágenes desagradables de catástrofes (atentados, guerras, hambrunas, terremotos, etc.). Obviamente no se ha llegado a ningún consenso porque las cosas no son tan sencillas como para catalogarlas en buenas y malas con total nitidez.

Hay quien dice que es bueno mostrar ciertas cosas para que nos enteremos de verdad de la gravedad de ciertas cosas, otros dicen que no es necesario mostrar tan descarnadamente cosas que ya sabemos que son así. Supongo que habrá quien muestre cadáveres destrozados, niños que sólo tienen pellejo sobre sus huesos o personas heridas cubiertas de sangre para hacernos pensar sobre la gravedad de ciertos acontecimientos, pero también pienso que estas imágenes se utilizan para atraer a las personas que, como yo, sentimos curiosidad por ver lo que no vemos habitualmente, por suerte, al salir a la calle.

Es demasiado fácil atraer la curiosidad de la gente con cosas de este tipo. Reconozco que no es ninguna virtud el ser tan cotilla y que, probablemente, no aporta nada bueno desviar la mirada a cada cosa extraña que se presenta ante nuestros ojos. Esa curiosidad puede ser muy peligrosa, por ejemplo, en los accidentes de carretera. A saber cuántos accidentes han sido provocados por el hecho de desviar la mirada para curiosear al ver otro accidente en el carril contrario.

Es cierto que en los medios de comunicación se aprovechan muy bien de la naturaleza curiosona de muchos de nosotros para atraernos con esas imágenes o historias truculentas. El problema que veo a esto es el del dolor que se puede causar a las personas implicadas en los sucesos en los que tanto se regodean los informadores (problema que no es pequeño), y tal vez sea eso lo que debería servir para poner un límite a este tipo de informaciones. Lo que no tengo claro es cómo se puede poner ese límite ¿En tiempo dedicado a la información? ¿En nitidez de las imágenes mostradas? ¿Deberían prohibirse esas imágenes? No lo sé.

Sea como fuere, cuando oigo a algunas personas hablar sobre estos temas y decir que en cuanto ven en la tele alguna imagen truculenta, cambian de canal, no sé si creerles o si pensar que lo dicen para quedar bien ante el foro para el que hablan. Yo, si estoy acompañado, es probable que, por respeto a quienes me acompañan o por miedo a que piensen que soy un degenerado, cambiase de canal para que no se hiriesen sensibilidades o para mantener intacta mi fama de hombre decente, pero si estoy yo solo frente a la televisión, os garantizo que mi dedo se alejaría del botón de “zapeo” en cuanto me avisasen de que en breves instantes se mostrarían imágenes duras.

Hace bastantes años había un programa del Doctor Beltrán (creo que así se llama el insigne médico) en el que se mostraban vídeos de operaciones quirúrgicas. Lo ponían a horas tan intempestivas que sólo vi uno de ellos (una operación en la que cortaban la piel del paciente a la altura del cuello y le levantaban la “careta” para hacer algo en la garganta), recuerdo que estuve revolviéndome en el sofá todo el rato, pero mi curiosidad pudo más que mi repugnancia, y pude ver todo el vídeo sin desmayarme. ¿Soy un degenerado por esto? A lo mejor sí, así que espero vuestros comentarios insultantes si creéis que los merezco.

domingo, 24 de agosto de 2008

Tristeza, dolor y ADN

Desde que se produjo el fatídico accidente del avión de Spanair no ha habido un solo día en el que no se hable del tema, pero yo, sumido como estoy en la pereza veraniega y en mis múltiples tareas deportivas y sesteantes, aún no había dedicado ninguna de mis “brillantes” intervenciones a este trágico caso. Hoy, al ver en LibertadDigital la noticia de que la identificación de cadáveres va a llevar bastante más tiempo que el que se previó en un principio, he vuelto a pensar, como hago casi siempre que muere trágicamente algún grupo de personas, en lo absurdos que somos los seres humanos en nuestra forma de enfrentar, no ya la muerte, sino la gestión de los cadáveres o los trozos calcinados y desperdigados que quedan tras este tipo de accidentes.

Comprendo el dolor de los familiares y amigos de todas las víctimas de este accidente y de tantos como ocurren a diario, pero lo que nunca terminaré de comprender es la razón por la que hay tanta gente que da tanto valor a los restos mortales de esas personas cuya vida ya ha terminado (por lo menos en este mundo). ¿Puede alguien decirme qué alivio puede sentir quien ha perdido a un hijo al saber que cierto tizón encontrado entre los restos de un avión calcinado, pertenece a su cuerpo sin vida? ¿Sabe alguien cuál es la misteriosa razón que nos hace necesitar saber que unos cuantos huesos y trozos de carne descuartizada y requemada son los de nuestro pariente y no de otra persona? ¿Por qué hay tantas personas necesitadas de saber que los restos sin vida de quien tanto querían están depositados en un lugar concreto de un cementerio específico o desperdigados en forma de ceniza por cierto lugar?

Un primo mío murió en un accidente de aviación hace bastantes años y no sé si realmente había algo de él en el ataúd que se enterró o si, sencillamente, estaba vacío. El avión (un caza del Ejército del Aire) se estrelló y no sé si se pudo recuperar algún resto de los dos ocupantes del mismo. Sólo sé que murió joven y que dejó una viuda tan joven como él y una hija de meses. Dudo que a ninguna de ellas les sirviese de nada que los restos de su marido y padre hubiesen podido recuperarse (esto lo supongo, porque realmente no lo sé). La pérdida fue dolorosa y la acumulación de trocitos del cadáver en una caja no parece ser nada reconfortante o, por lo menos a mí no me lo parece.

Algunos de los familiares de las víctimas probablemente estarán indignados con la tardanza en la identificación de los cadáveres. Es cierto que el Gobierno se precipitó al dar fechas excesivamente cortas y que debería dejar tanto optimismo de lado para bajar al terreno del realismo algún día, pero ya sabemos que ZP y su gente son así, así que no sé de qué hay que sorprenderse.

Terminaré volviendo a decir que comprendo el dolor de los familiares y amigos de las víctimas, pero seguiré pensando que tanto esfuerzo y dinero gastado en poner trozos de carbón humano en cajas separadas y perfectamente identificadas es una tarea inútil.

Si nos ocupásemos de los vivos una centésima parte de lo bien que tratamos los cadáveres de los muertos, este mundo sería el Paraíso.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Holganza veraniega

Mis vacaciones terminaron hace casi dos semanas y, como siempre me pasa, paso revista a lo que he hecho durante ellas y la actividad que más tiempo me ha ocupado, con diferencia, es la de perderlo (el tiempo).

He pedaleado bastante, he ido al monte a pasear más de lo habitual, he nadado en la piscina, he corrido poco, he leído menos y no he viajado nada, bueno, casi nada. Durante el resto del año suelo pensar que, cuando llegue el verano, quedaré con algún amigo de esos a los que veo de higos a brevas pero, salvo raras excepciones, acabo sin cumplir con las expectativas. Al final la pereza suele salir vencedora.

Tengo que reconocer que la reincorporación a mis labores profesionales me ha resultado grata. No sé si será porque en agosto está todo muy relajado, tanto que alguno de estos días he vuelto a tener uno de esos ataques de sueño que en otras épocas tenía a diario a causa de lo poco que tenía que hacer o de lo muy inútil que era mi trabajo. El hecho de que haya un montón de gente de vacaciones, incluida la compañera con la que más cotorreo, también influye en que la somnolencia haga acto de presencia. Tendré que tener cuidado porque ahora estoy a escasos metros del despacho de “Don Antonio”, que cada mañana pasa a mi lado, y al de unas cuantas personas más, sin dar el habitual (para otros) saludo matutino.

¡Pobre Don Antonio! Sigue sin sonreír. Si se sentase a mi lado no sé si acabaría riéndose, pero es probable que hubiese muerto de asfixia, pero no por mi culpa como estaréis pensando casi todos (ya sabemos el famoso refrán: “Cría fama y échate a dormir”). Según mis suposiciones el generador de las letales y silenciosas flatulencias que han estado a punto de hacer que estallase de risa en un par de ocasiones, es un compañero que se sienta junto a mí.

El otro día estaba tratando temas laborales con otra persona y, de repente, comenzó a oler fatal, pero mal, mal. Era un olor totalmente cuesquil, de pedo pútrido. Yo traté de mantener el tipo evitando reírme (estas cosas me provocan risa en lugar de ahogo ¡qué le vamos a hacer!). No sé lo que pensaría mi interlocutor (me conoce poco y mi fama de ventoseador le es ajena), pero estoy convencido de que también tubo que detectar la pestilencia. En aquel momento éramos cuatro los sujetos sospechosos, pero teniendo en cuenta que al día siguiente volvió a hacer acto de presencia el mismo hedor y que, al instante, mi sospechoso número uno, se ausentó al servicio, yo diría que la cosa está bastante clara. No he hablado casi nada con mi nuevo vecino de mesa, pero ahora siento una amistad casi fraternal hacia él. ¡Hay que ver lo que une un sencillo y pestilente pedo!

Pues así, como quien no quiere la cosa, ya he escrito un buen lote de líneas, todas insulsas, pero servirán para que os entretengáis un rato en vuestro destino vacacional o en vuestro puesto de trabajo.

miércoles, 30 de julio de 2008

Ideas luminosas


Regalar un par de bombillas de bajo consumo y reducir la velocidad máxima en los accesos a las grandes ciudades. Estas son las medidas del plan de ahorro energético que los medios de comunicación (los que he leído y oído yo, claro) se han encargado de airear con intensidad. Supongo que su plan no se reducirá a esas dos cosillas, pero como esas son las que conozco, me dispongo a opinar sobre ellas.

Lo de regalar dos bombillas de bajo consumo me parece tan estúpido como esas propuestas que hace alguien cada cierto tiempo (probablemente con la mejor de las intenciones) para que todo el mundo apague la luz a la misma hora del mismo día durante cinco minutos. Eso, básicamente, lo único que consigue es que ahorremos cinco minutos de energía porque, tras ese apagón, la gente sigue dejando encendidas todas las lámparas de la casa, subiendo en ascensor al primer piso (o al bajo, que hay gente para todo), encendiendo el aire acondicionado porque es verano en lugar de porque hace calor o poniendo en marcha la calefacción a partir de la entrada oficial del invierno aunque no haga frío.

Con lo de las bombillas se ahorraría algo si la gente las pusiera para sustituir los halógenos que a casi todo el mundo le gusta usar y que, a pesar de su alta potencia (supongo que también los habrá de baja potencia, pero me apetece suponer que la gente es derrochadora), iluminan sólo una pequeña zona circular bajo ellos porque, por alguna razón que se me escapa, casi siempre están incrustados en el techo en lugar de estar colgando de él para que los rayos de luz fluyan esféricamente en lugar de en un miserable cono luminoso.

La reducción de la velocidad en las entradas a las ciudades es probable que sirva para ahorrar algo, pero me temo que eso sólo sería durante los fines de semana y las horas en las que entran cuatro gatos, porque el resto del tiempo se circula a velocidades tan lentas que es difícil reducirlas más.

No sé cómo hacen los cálculos de ahorro, pero me temo que, como pasará casi siempre, viajan a los Mundos de Yupi y allí, que es un lugar en el que todo es maravilloso y donde la realidad es la que cada cual quiere que sea, es donde hacen sus estudios. Lo malo es que los resultados obtenidos en esa bellísima realidad ficticia, se empeñan en extrapolarlos a este mundo en el que las cosas no son tan simples como las mentes de nuestros queridos “expertos”.

Para comenzar a ahorrar se me ocurre que nuestros altos cargos públicos dejen de hacer tantos viajes de aquí para allá, en coche o en avión y que utilicen eso tan maravilloso y tan barato que es la vídeo-conferencia. No tengo ni idea de lo que se ahorraría con eso, pero teniendo en cuenta que, de hacerse las cosas así, podría prescindirse de casi todo el parque de coches oficiales (que además son de alta cilindrada y consumen una barbaridad) y de multitud de desplazamientos en avión y de las respectivas estancias en hoteles caros, seguro que se ahorraría un buen montón. Si por mí fuera, se acabarían los viajes oficiales y todas esas reuniones inútiles que se mantienen en cualquier país a cuento de cualquier memez o cosa seria. Que comiencen por dar ejemplo nuestros queridos líderes y tal vez así nos convenzan para que seamos más ahorrativos, no en vano los hechos convencen mucho más que las palabras.

lunes, 21 de julio de 2008

¡Qué bello es el monte!

Este fin de semana lo he pasado en el monte junto con otros siete amigos. Éramos tres hombres y cinco mujeres, así que no tengo claro si cumplíamos con la ley de paridad con la que nuestro gran gobierno revolucionó hace poco nuestro arcaico ordenamiento jurídico. El caso es que, estuviéramos dentro o fuera de la ley, lo hemos pasado bien, o incluso muy bien, y hemos disfrutado de un par de días merodeando por la paradisiaca Sierra de Neila, ubicada en Burgos, en la Sierra de la Demanda.

Era un lugar boscoso de acceso sencillo y apropiado para domingueros. Con el coche se puede llegar a una distancia de menos de 2 Km. de unas lagunas en las que da gusto bañarse (¡Qué pena me da no poder pegarme hoy otro bañito por allí!). Hay árboles por todos lados y, si se quiere, también se puede subir a zonas tan peladas como mi cabezota para absorber con más rapidez los intensos rayos solares veraniegos.

Nos resultó curioso que, a pesar de lo fácil que era llegar allí, no hubiese casi nadie andando por aquellos bucólicos parajes. Si en la Sierra de Guadarrama existiese algo así, estaría atestado de gente tomando el sol y dejando basura por todos lados, pero parece que allí, en Burgos, poca gente se ha enterado de la existencia de tan bello lugar ¡Mejor!

A pesar de la belleza del entorno y el gozo de los baños en aquellas aguas, lo mejor no ha sido eso, no señor, lo mejor ha sido la posibilidad de ir caminando de aquí para allá charlando ahora con uno y después con otro, parando aquí para comer cualquier cosa mientras seguíamos charlando de cualquier tema (trascendental o “diodenal”), o deteniéndonos para ver por dónde seguir en los momentos en los que no sabíamos hacia dónde debíamos dirigir nuestros pasos (alguno de esos momentos fue propiciado por mi gran capacidad para perder la senda apropiada). Incluso fue agradable dormir los ocho juntos, pero no revueltos, en la misma habitación con literas del refugio (hasta los ronquidos suenan mejor en el monte).

Una de las cosas más agradables de ir a pasear por el monte con un grupo de gente es la posibilidad de ir charlando (aunque sólo fuese para decir "pues sí, pues sí" o "parece que hace calor"), de bromear o trascender, de hacer el tonto o ponerse serio, de necesitar ayuda o de dársela al que la requiere (esto último ha quedado precioso). Como diría mi gran ídolo Camilo Sesto (siempre tengo que apuntar que el apellido artístico de Camilo Blanes no lleva equis, para que no llegue algún listillo a decirme que he metido la pata): mola mazo.
Otra cosa también moló mazo fue la tromba de agua y granizo que nos cayó encima el sábado por la tarde. ¡Qué gozo se siente cuando el pedrisco te cae encima y te hace pupita! ¡Qué indescriptible placer produce notar que todo tu cuerpo está empapado y que ni siquiera ese recóndito y escondido lugar de la entrenalga se ha salvado de la inundación! Calarse en verano es, como diría el difunto Joaquín Luqui, total, alucinante, lo más.

Tampoco voy a decir aquí que este tipo de reuniones campestres sean siempre una maravilla (a veces son un tostón), pero sí tengo que decir que en este caso la cosa ha salido muy bien a pesar de alguna rebelión protagonizada por mí para regresar por el camino conocido en lugar de aventurarnos descubriendo nuevas sendas (aún tengo algún poso de mi talante crispador de antes). Finalmente mi cabezonería rebelde fue vencida por mi nuevo talante dialogante y conciliador (desde que salí de la “caverna” y me convertí al progresismo, soy otro) y, sobre todo, porque no es recomendable quedarse solo en medio del monte (nunca se sabe qué peligros le acechan a uno).

Y tras estas divagaciones que no tienen interés alguno para quienes no han vivido este bello fin de semana campestre, corto el rollo y os insto a hablar de lo que os plazca para que esto se anime y se crispe un poco, que parece que en vacaciones andamos todos un tanto perezosos para el debate (sobre todo yo).

jueves, 10 de julio de 2008

Aído y el velo

Para salir un poco de la pereza intelectual en la que ando sumido desde que comenzaron mis vacaciones el lunes pasado, he decidido atender una exigencia de nuestro colaborador Brave, y me dispongo a escribir alguna que otra consideración acerca de lo que la Ministra de Igualdad ha dicho sobre el uso del velo islámico (más bien de lo que dicen que ha dicho, porque yo no he podido oír su discurso). Parece que el señor Valenzuela (Javier, para más señas), ha puesto a nuestra joven Ministra a caer de un burro dedicándole una larga ristra de improperios. Tal vez doña Bibiana sea tonta o incluso muy tonta. Eso para mí, que sé que todo el mundo es tonto (incluidos los lectores de este blog y yo mismo, por supuesto), no es nada que me llame la atención. De todos modos, al señor Valenzuela le diría que, a pesar de no saber nada de él, salvo que escribió un libro sobre ZP, él también es tonto. ¡Parece mentira que aún haya gente que no sepa que la necedad es el atributo que iguala a todos los seres humanos!

Según leo en El Correo Digital, Aído dijo que las prácticas culturales que vulneran los derechos humanos o que discriminen a las mujeres no tienen por qué ser protegidas. Yo estoy de acuerdo con semejante afirmación. Creo que también dijo que la ley debería impedir el uso del velo islámico, cosa que ya es más complicada de concretar. Es una faena que algunas mujeres lleven el velo, o lo que sea, porque sus maridos les imponen tal cosa. La ley española ampara a esas mujeres (y a todo el mundo) para que hagan lo que les venga en gana en ese aspecto y no tienen por qué someterse al imperio de sus necios maridos. En España nadie tiene por qué vestir de un modo que no sea el que uno mismo decida y si alguien le obliga a ponerse prendas que no le molan, supongo que tiene derecho a demandar a quién le imponga tal cosa. Querellas más tontas habrá interpuesto Anita Obregón o Belén Esteban y han sido atendidas, así que no veo por qué razón no pudieran llegar a buen puerto las justas demandas de las mujeres musulmanas que no quieren llevar velo y son obligadas a ello por sus devotos maridos (devotos al Profeta, no a sus esposas).

En fin, que no sé si hace falta una ley específica que prohíba ponerse pañoletas en la cabeza. Sería muy complejo definir cuál es el tipo de tocado prohibido ¿Afectaría esa ley a los vejetes que se ponen un pañuelo con cuatro nudos para evitar una insolación mientras pasean por el parque? ¿Quedarían proscritas también las pañoletas de los raperos? ¿Serían consideradas delictivas las bolsas de Ahorramás que nos ponemos en la cabeza cuando nos sorprende un chaparrón?

Puestos a defender derechos de la gente, a ver si Bibiana se anima a defender el derecho a estudiar en la lengua materna en cualquier comunidad autónoma española ¿O eso tiene menos importancia que el uso del velo islámico?

¡VIVA BIBIANA AÍDO!
¡VIVA JAVIER VALENZUELA!
¡VIVA LA NECEDAD!

viernes, 27 de junio de 2008

Debates de ascensor

¿A qué piso va?... Pues sí, pues sí… Parece que hace calor.

Como no sabía sobre qué hablar, he decidido transcribir una de esas conversaciones de ascensor tan socorridas para estas situaciones de vacío intelectual. Hablando de vacíos intelectuales, no sé por qué razón, me viene a la mente Bibiana Aído ¿será que soy un machista, fascista, leninista? La dejaremos tranquila, que a la pobre ya se encargan otros de echarle broncas por hacer su trabajo. Después de todo ¿qué se espera que haga al frente de un ministerio tan tonto como el que le han dado?

Y ahora cambiaré de tema para hablar del bello deporte del balompié, deporte por el que jamás he sentido el más mínimo interés pero que, dado el éxito que la selección española está teniendo en la Eurocopa, está suscitando en mí cierto gozo por ver cómo meten goles nuestros aguerridos jugadores. Lo de aguerridos lo he escrito porque quedaba bien, pero la verdad es que con esos peinados estilo Príncipe de Beukelaer que llevan algunos, se parecen más a Ken (el novio de Barbie) que a otra cosa.

Pese a mi ligera afición futbolera de estos días, no llego al extremo de ir a trabajar con la camiseta de la selección como hicieron unos compañeros míos. Cierto es que son bastante jóvenes (no obstante alguno pasa ya de los treinta y tantos) y que han formado una pandilla bien cohesionada, y ya se sabe que donde se juntan más de tres para hacer el bobo, el pudor queda condenado al ostracismo.

Vi ayer que sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias asistieron al partido de las semifinales con ropas discretas y sin haberse enfundado una camiseta roja o un chándal como el de Luis Aragonés ¿Querrá eso decir que no apoyan a nuestra selección con la intesidad debida? Espero que no. También andaba por allí la Vicepresidenta de la Vega que, para celebrar los goles, se levantaba alegre e iba a dar besos a todos los grandes personajes que estaban en el palco, incluidos los príncipes. ¡Qué bonita es la amistad que fomenta el deporte de élite!

Lo que no es tan bonito es ver cómo algunas pandas de energúmenos se dedican a celebrar la victoria de su equipo lanzando sillas, o lo que encuentran al alcance de sus putrefactas manos, a cualquiera que se encuentre frente a ellos. Yo diría que les daría igual que al otro lado estuviesen sus padres, ellos lanzarían sus proyectiles igualmente ¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN!

Pues nada, a ver si gana España y así, durante un par de días, tenemos algo diferente que decir a los vecinos en el ascensor.

sábado, 14 de junio de 2008

¿Madurez democrática? ¡Ja, ja, ja!

Esta semana que finaliza ha estado protagonizada por la huelga de los camioneros (también por la introducción del nuevo vocablo “miembra” en el repertorio de palabras populares, pero eso lo dejo para otra ocasión). Yo pude “disfrutar” del taponamiento de la A-1 el lunes. Tenía que ir a un curso en Alcobendas y, tras dar unas cuantas vueltas buscando un sitio por el que poder meter mi coche en esa carretera, una serie de afortunados errores me permitieron llegar a la estación de Metro de Las Tablas. Allí aparqué mi bólido y conseguí llegar a mi destino con eficacia.

Al salir del suburbano vi que las calles estaban tomadas por agentes de la Policía Local y Nacional. Yo aún no sabía cuál era el motivo de los atascos y, al ver tantos defensores de la ley por la calle, pensé que habría alguna personalidad por los alrededores. Cuando llegué a mi destino e intenté acceder a los dominios de la empresa en la que se impartía el curso, Indra, vi con asombro que Su Majestad Don Juan Carlos I estaba saludando al regio modo a los empleados de tan magna empresa, que se agolpaban en las ventanas, para despedirse tras la visita que, para celebrar los 15 años de existencia de la multinacional española.

Despidiendo al Rey había también una melé de gente conocida (políticos y empresarios) entre los que acerté a identificar a Miguel Sebastián (ministro de no-sé-qué) y a Florentino Pérez (empresario de no-sé-cuántos).

Al ver ese despliegue de necios de alto rango por allí, pensé que ellos eran los culpables del tremendo tapón de la carretera, así que mi mente comenzó a cagarse en toda esa patulea de señoritos por hacernos la vida más difícil con sus tontos actos sociales.

Cuando pude acceder al aula (tras un rato deambulando de puerta en puerta), me enteré por mis compañeros de que había un montón de camiones que, en lugar de quedarse en casa sin trabajar para ejercer su derecho a la huelga, habían decidido salir a aparcar sus monstruos de acero en medio de la autovía, consiguiendo que miles de personas no pudiesen llegar a sus puestos de trabajo o, lo que es peor, a sus casas, en un tiempo razonable.

A esa gentuza que piensa que sus problemas son los más graves del mundo y que no hay nadie que sufra más que ellos, desde este humilde blog les digo que se vayan a la mierda, que les den morcilla y que son unos delincuentes de alto nivel.

No se puede tener a media España en jaque porque el gasóleo haya subido una barbaridad. ¿Es que no ha subido para todos? ¿Acaso yo no gasto combustible para ir a trabajar? ¿No se elevan los precios de las cosas a causa de esa subida? ¿No nos afectan esos precios a todos? ¿Sólo los camioneros, pescadores y agricultores merecen ayudas? ¿Es que el resto de la gente no tiene problemas?

Sé que los seres humanos somos especialistas en mirarnos el ombligo (yo soy un claro ejemplo de ello), pero no estaría mal que, de vez en cuando, levantásemos la cabeza un poco y echásemos un vistazo a nuestro alrededor para ver que siempre hay quien está peor (bueno, casi siempre).

Cuando los huelguistas salvajes se ensañan con quienes, ejerciendo su derecho, no secundan la huelga, me pregunto dónde está esa madurez democrática de la que tanto se habla y que tanto cacarean políticos y periodistas para adular a la necia masa popular (no me refiero en este caso a la del partido con ese nombre). Aquí nos mola la democracia y la libertad cuando la mayoría está con nosotros, si no, nos pasamos ambas cosas por ciertas partes de nuestro cuerpo que, a pesar de ser consideradas innobles, tienen mucha más nobleza que los corazones de algunos de esos “demócratas” huelguistas.

viernes, 6 de junio de 2008

Televendedores

Esta tarde me disponía a salir de casa para hacer un recado cuando he recibido una llamada del número 4408. Al verlo he sospechado que, al descolgar, alguien me intentaría convencer para contratar algún producto telefónico. He estado tentado de ignorar la llamada, pero mi naturaleza cotilla ha podido más que mi razón (la poca que tengo), así que he pulsado el botón verde y he puesto el teléfono en mi oreja derecha.

Tras mi saludo inicial no he oído a nadie responder, lo que me ha confirmado que era una de esas llamadas que se hacen automáticamente y, si el tonto de turno descuelga (en este caso, yo), el televendedor acude presuroso, pero nunca a tiempo, a atender el segundo o tercer saludo del incauto cliente potencial.

En cuanto la vendedora ha comenzado a hablar, he podido oír una retahíla incomprensible en la que me ha dicho algo así como que llamaba de Movistar y ha leído las cifras de mi teléfono, de una en una, para confirmar si era el mío. No sé si os pasa a vosotros, pero yo tengo la costumbre de decir mi teléfono agrupando cifras, de modo que cuando me lo recitan de un modo diferente a como yo me lo he aprendido, me cuesta identificarlo. El caso es que me ha parecido que la ristra numérica que ha pronunciado a toda velocidad, era el mío. He dicho que, en efecto, era mi teléfono, y acto seguido, siguiendo con el mismo ímpetu, me ha preguntado algo de lo que sólo he entendido las palabras “identificar”, “nombre” y “por favor”. He supuesto que quería que le dijese mi nombre completo (con apellidos y todo) para identificarme, a lo que he argumentado que no sabía por qué razón tenía que dar esos datos a alguien cuya verdadera identidad desconocía. Ella me ha dicho, con un tono un tanto crispado, que sólo quería era mi nombre (sin apellidos) para poder dirigirse a mí utilizándolo. Le he pedido disculpas diciéndole que le había entendido mal, y ella ha comenzado con el rollo comercial pero, eso sí, insertando al principio un elegante “Don Pablo” (me ha dado vergüenza decir que me llamo Meteorismo).

Entre la nueva avalancha de palabras he conseguido entender “contrato” y, con la máxima cortesía de la que he sido capaz, he interrumpido su “speech” para decirle que, no me interesa tener contrato alguno de telefonía móvil y que, para no hacerle perder el tiempo, podíamos dejar ahí la conversación. Ella me ha dicho, nuevamente con cierto tono arisco, que cómo podía saber que no me interesaba una oferta que aún no había escuchado. Yo le he respondido que, sencillamente, prefiero seguir con mi tarjeta prepago que no me obliga a nada y que recargo cuando quiero y utilizo cuando me place. Le he dicho que me da igual el hecho de que, probablemente, esté perdiendo dinero con esta modalidad telefónica, pero que no quiero atarme a ningún contrato. Creo que he sido bastante claro y, sobre todo, correcto en mi exposición (también rápida). Pero la pertinaz operaria seguía en sus trece intentando hacerme ver, cada vez más enfadada, que era absurdo tomar esa decisión sin saber lo que iba a ofrecerme. Básicamente me ha llamado tonto en mis narices, cosa que no me importaría si me lo dijese alguien simpático, pero no tolero que alguien que aún no sabe lo memo que soy, se atreva a aventurar tal cosa.

Le he hecho saber que detectaba enfado en su forma de hablar y, para zanjar tan tonta conversación, le he dicho algo parecido a esto:

- Se está poniendo usted bastante farruquita conmigo, así que creo que es el momento de terminar esta conversación. Muchas gracias y buenas tardes.

Ella se ha despedido con corrección y con la crispación a niveles parecidos a los que el PP introdujo (según muchos) en la vida política durante la pasada legislatura.

Tengo que reconocer que esta absurda pelea me ha hecho sentirme mal. ¿Acaso flagelan a los televendedores cuando no consiguen que su interlocutor escuche sus ofertas? ¿Es que les pagan un millón de euros por cada persona que escucha todo el acelerado rollo que tienen que soltar? ¿No se dan cuenta de que para ser buen vendedor hay que ser extremadamente amable? ¿Nadie les ha dicho que si sueltan veinte palabras por segundo no hay quien entienda nada?

Lo peor de todo esto es que, con alta probabilidad, el modo de trabajo de la locutora que me ha llamado, sigue unas pautas “científicamente” obtenidas y con las que está “demostrada” una máxima eficacia de ventas.

¡VIVA LA TELEVENTA!
¡VIVA LA TELEBASURA!

¿Alguien sabe si, finalmente, los Miami, pegaron a Cantizano?

sábado, 24 de mayo de 2008

Follón en el PP

Desde las últimas elecciones generales no deja de hablarse del PP, de Rajoy, de los cambios en el partido, del congreso de Junio, de traiciones, de principios…

En fin, que el PP está en el candelero (o en el candelabro, según se quiera) y al final uno no sabe qué es lo que realmente pasa, pero pasar, pasa algo. No sé si Rajoy y quienes le apoyan, han diseñado un nuevo discurso político (sea eso lo que sea) o si han pensado en modificar sus principios (tampoco tengo muy claro lo que tan solemne palabra significa). María San Gil deja sus cargos actuales porque no se fía de Rajoy, pero yo no sé cuál es la razón por la que ya no se fía de él. A lo mejor lo ha dicho y los medios de comunicación, tan interesados y tendenciosos como los propios políticos y como casi todo hijo de vecino, no nos lo han contado.

Ruiz-Gallardón parecía triste porque Rajoy no satisfizo sus deseos de ir en las listas al Congreso de los Diputados, pero ahora está contento porque Mariano cuenta con él para no sé qué. Jiménez-Losantos apoyó la candidatura del PP en las pasadas elecciones, pero ahora ataca sin piedad al líder de la oposición y a su nuevo equipo (con Soraya tiene cierta fijación).

Sin decirse claramente, da la impresión de que el problema con el PP es que quiere ser más dialogante (un concepto más cuyo significado real no comprendo) y esto acaba entendiéndose como que quiere estar más abierto a los nacionalistas. Parece que nadie ha dicho eso concretamente, pero es lo que algunos acabamos deduciendo.

Al final me quedo con la idea de que algo pasa pero nadie sabe qué es o, mejor dicho, cada cuál está seguro de lo que ocurre y, curiosamente, lo que unos piensan no coincide con lo que pasa por la cabeza de los otros. Ante tal panorama yo me pregunto si no sería más sencillo que Don Mariano explicase por qué ha decidido poner a Soraya Saénz de Santamaría en el puesto de Zaplana, si Acebes nos contase los motivos reales para retirarse, si María San Gil contase por qué no se fía de Rajoy, si Ortega Lara explicase los motivos para devolver el bonito carnet del PP, etc. Zaplana no hace falta que cuente nada, su nuevo sueldo es bastante explicativo de las razones de su abandono.

Me doy cuenta de que pedir sinceridad y transparencia a los políticos y a los periodistas es una completa sandez, pero por pedir que no quede. Yo, como respuesta a estos estímulos negativos que me provoca el ver estas riñas entre unos y otros dentro del PP y fuera de él, he decidido que no volveré a votarles hasta que no me convenzan de que no son tan memos como el resto. De momento, como el partido de Rosa Díez no tiene ninguna posibilidad de gobernar, es un partido en el que se dice lo que se piensa, y eso me gusta y, como me gusta, les daré mi voto a ellos. Ya veremos qué pasa si acaban, dentro de muchos años, siendo un partido grande y con posibilidades de llegar a la bancada azul (probablemente también enloquezcan).

martes, 20 de mayo de 2008

Ceremonias y paripé


El viernes me tomé el día libre porque se casaba uno de mis hermanos. La boda fue civil porque ni él ni mi cuñada querían hacer el paripé con una celebración religiosa que a ellos no les aportaba nada, cosa que me parece excelente. Yo, que provengo, como mi hermano, de una familia católica, aún conservo ciertas creencias pero, cada vez en mayor medida, las dudas rigen mi pensamiento y me parece excelente que la gente se aleje del paripé y actúe según sus criterios en lugar de dejarse llevar por lo que, supuestamente, se espera de ellos en su entorno familiar y/o social.

La boda fue rápida (en diez minutos estuvo la cosa ventilada) y la comida, a pesar de no ser una vikingada, fue más que suficiente para que el cardias (válvula que une el esófago y el estómago) no pudiese cerrarse por abarrotamiento estomacal. No hubo baile, ni barra libre, ni puros, ni exceso de invitados (hermanos, padres y algunos primos y tíos).

No digo que sea estúpido casarse por la Iglesia, de hecho me parece excelente que quien tenga fe y crea en la bondad del sacramento del matrimonio, lo aproveche. Lo que me parece una necedad suma es montar todo el tinglado que se monta habitualmente para una boda, incluyendo un rito religioso en el que ninguno de los contrayentes cree y que aburre a casi todos los invitados. Comprendo que en muchas ocasiones se hará para evitar que los padres se lleven un disgusto, pero eso no le quita ni un ápice de necedad al hecho.

Y puestos a hablar de bodas, teniendo en cuenta que estamos en mayo y es época de comuniones, podemos extender el debate a este otro rito tan popular y que cada vez se asemeja más, en los excesos cometidos, a las bodas. Ya hay listas de comunión para hacer regalos ostentosos a los niños (o a sus padres), los restaurantes organizan banquetes de comunión que pueden llegar a congregar tantos invitados, y tan ridículamente vestidos, como los que asisten a una boda.

¡Qué espectáculos se presencian en las iglesias los días de celebración de comuniones! Familias enteras de cháchara mientras el cura intenta celebrar una misa como Dios manda. Gente correteando por aquí y por allá con sus cámaras. Teléfonos móviles sonando más de lo habitual (hasta en las celebraciones más solemnes y serias suena alguno ¡qué le vamos a hacer!).

Nuevamente llego a la conclusión de que el paripé rige nuestra sociedad. Hacemos cosas sin pensar en su sentido. Si las hacen otros, nosotros también las hacemos ¡Qué más da si tienen sentido o no! Es típico oír frases como estas:
-Mi niño no se quedará sin su celebración y sin su lista de comunión.
-No creo en la Iglesia ni en los curas, pero mi boda se celebrará en la catedral con una ceremonia solemne y con un coro de monjes cantando gregoriano.

Podríamos suponer que con el afán laicista de nuestros actuales gobernantes, el paripé religioso tenderá a remitir, pero yo creo que, en lugar de eso, proliferará el paripé laicista. Como seguramente sabréis, ya existen bautizos laicos en los que se da la bienvenida a los recién nacidos en un acto tan palurdo como podáis imaginar.

No sé si se habrá inventado ya pero, si no es así, alguno de nuestros grandes próceres inventará en breve la comunión laica que, probablemente, será un acto en el que el alcalde o concejal de turno entregue al adolescente un certificado de ciudadanía o cualquier bobada similar. La imaginación de nuestros necios gobernantes no conoce límites, y el apoyo incondicional de la estulta masa (a la que pertenecemos) a semejantes memeces está garantizado.

¡VIVA LA NECEDAD!

jueves, 8 de mayo de 2008

Don Antonio no sonríe

Don Antonio es un jefe al que no he visto nunca sonreír, aunque tengo que reconocer que tampoco lo veo mucho. Hace un año era menos jefe, pero tampoco sonreía y, además, se quejaba de todo y traía por la calle de la amargura a sus pupilos. Era especialista en despreciar el esfuerzo de los demás, sólo le importaba que el trabajo saliese a tiempo para evitar que su capacidad cómo líder se viese puesta en entredicho. Si alguien se dejaba la vida en el intento de sacar algo adelante y no lo conseguía, su esfuerzo no valía un pimiento, y el esforzado menos aún.

No sé si sería esa actitud la que le valió a Don Antonio para progresar en el escalafón, probablemente sí. Ahora no subyuga a cinco o seis personas, ya se alza orgulloso sobre varias decenas de pobres diablos. Nuestro protagonista debe de ser muy listo y no deja de dar órdenes y contraórdenes, de organizar y reorganizar… Es un trabajador incansable. Pero sigue sin sonreír.

Esta mañana ha descendido del “Olimpo” sigilosamente y, cuando ha entrado en el mundo de los mortales, que comienza en la planta baja, se ha encontrado con algo que le ha causado gran desasosiego: Uno de sus súbditos estaba entretenido con un vídeo de Youtube en su puesto de trabajo.

Don Antonio no ha dicho ni media palabra, ha ido a donde tenía previsto ir, ha hecho lo que iba a hacer y, cuando ha terminado con la tarea programada, ha regresado a su puesto, ha descolgado el teléfono y ha llamado al jefe de ese pobre infeliz al que ha pillado tomándose un respiro. No sé cómo habrá sido la conversación con su proveedor de carne de alquiler, pero me imagino que algo parecida a ésta:

Don Antonio- He visto que el recurso que se sienta en el puesto 123-A estaba solazándose visionando vídeos en horario laboral, así que no quiero que vuelva a aparecer por aquí nunca más.

Jefe de recursos cárnicos- Cómo lo siento, Don Antonio ¿No podemos hacer algo para remediar esta situación de un modo menos drástico?

Don Antonio- Te he dicho lo que tienes que hacer, así que ¡Hazlo!

Jefe de recursos cárnicos
- Como usted diga, Don Antonio.

La verdad es que no sé si el nuevo proscrito, y van tres en lo que va de año (por motivos diversos), es un jeta o, sencillamente, estaba esperando a que algún proceso se ejecutase o a que otro grupo le comunicase los datos con los que proceder a hacer unas pruebas, o que alguien le dijese lo que tenía que hacer. Las posibilidades son múltiples y ninguna sorprendente, pero Don Antonio tiene claro que quien ve vídeos o fotos, o lee correos personales o el periódico, o charla con los compañeros o, sencillamente, se ríe un poco en su puesto de trabajo, es reo de destierro.

Don Antonio no debe de ser consciente de la cantidad de tiempos muertos que, gracias al desbarajuste reinante en su gran empresa (a pesar de sus esfuerzos por dotarla de perfección divina), hay que afrontar con gran frecuencia.

No negaré que hay mucho caradura entre los súbditos de nuestro gran jefe, pero para acabar con esa lacra habrá que identificar a quienes, teniendo cosas que hacer y habiendo sido aleccionados para ello, se dedican a perder el tiempo con alegría y gozo o a hacérselo perder a los demás. La tarea no es fácil, pero hacer que paguen justos por pecadores no me parece una decisión adecuada para un habitante del Olimpo.

Supongo que el problema más grande con el que se encuentra Don Antonio es que no tiene amigos y que los que revolotean constantemente a su alrededor se empeñan en describirle una falsa realidad para que crea que sus tácticas surten maravillosos efectos, en lugar de decirle con total sinceridad que, de seguir por este camino de imposiciones absurdas basadas en el axioma de que el que más manda es el más listo, acabaremos dándonos un gran trompazo.

Don Antonio, si se digna usted a bajar al sótano en el que habitamos los desheredados de este mundo, podrá gozar del olor a humanidad con el que creamos hogar en esa zona desconocida por vuecencia. Sólo tiene que avanzar hasta el fondo del pasillo y, cuando vea una calva brillante, saludarme. Entonces yo le tenderé mi mano amiga y le contaré cómo son las cosas realmente. Tal vez entonces, a la luz de la verdad, vea las cosas de otra manera y deje de hacer las tonterías con que nos deleita últimamente y decida dedicarse a hacer otras más divertidas y que, por fin, le hagan reír.

viernes, 2 de mayo de 2008

El ingenio de Andrés Pajares



En menos de una semana el gran artista español Andrés Pajares, ha montado dos espectáculos de lo más originales. Podrían ser catalogados como “reality shows” porque no ha actuado en un escenario. La pena es que todo ha ocurrido sin cámaras de por medio, así que no podemos disfrutar con las grandiosas dotes interpretativas del protagonista de “La hoz y el Martínez” o “Cristóbal Colón, de oficio descubridor”.

Primero se fue a un bufete de abogados con una pistola de pega y con un bigote postizo y una gorra para amenazarlos. La razón de las amenazas la desconozco, confío en que esta noche nos las desvelen en el programa de Cantizano.

El show fue tan real que incluso tuvo que intervenir la policía ¡Si es que Andrés Pajares es un genio de la interpretación! El caso es que, enardecido por el éxito mediático de su ocurrencia, hoy ha vuelto a deleitarnos con un nuevo espectáculo en el hotel en el que reside y, supongo yo, se dedica a su más habitual actividad: follar (podéis ver este resumen de la entrevista que le hicieron en Antena 3 para constatar que esta es la actividad básica de nuestro gran actor).

No sé si la intensa actividad artística desplegada por nuestro adorado artista será una manera de llamar la atención de su querido compañero de fatigas, Fernando Esteso, para que salga de su escondrijo porque ¿sabe alguien dónde anda el otro miembro de aquella exitosa pareja cómica?

Desde este humilde blog, lanzo un llamamiento a Fernando Esteso para que se haga visible y tienda su mano amiga a Andrés Pajares. ¡Fernando, Andrés te necesita!

Aquí dejo un enlace de un vídeo de Andrés Pajares entreteniéndose antes de su entrevista con Cantizano y durante el intermedio.

domingo, 27 de abril de 2008

Otra maratón más para mi "palmarés"

Hoy he corrido mi decimoquinta Maratón Popular de Madrid y, como soy un presuntuoso, os lo cuento para que me digáis que soy un tío duro y, si os place, también podréis decir que mi estulticia llega a límites difícilmente superables.

Como es habitual en estas carreras en las que yo no tengo ni la más remota posibilidad de ganar, uno se limita a correr lo más rápido que pueda para llegar lo antes posible, pero hay que tener en cuenta que si uno va más veloz de lo debido, al final sufrirá también más de la cuenta y, claro, a nadie le gusta sufrir pudiendo evitarlo (a casi nadie, que la necedad es libre).

Esta mañana me he levantado a las 6:15 para desayunar Nocilla porque es una sustancia maravillosa. Aporta gran energía y, como es pegajosa, no se queda flotando por el tubo digestivo y así me ahorro las vomitonas que estas largas carreras suelen acarrearme (salvo hoy, que me he librado). Tras el desayuno tocaba sentarse en el excusado para aligerar todo el lastre innecesario. Esta tarea he tenido que llevarla a cabo un par de veces pero, a pesar de todo, cuando estaba en el Paseo de Recoletos (zona de salida del evento deportivo) he sentido nuevamente la llamada de la naturaleza y, gracias a que mi amigo Javi (otro corredor) ha sido previsor y llevaba Kleenex, he podido utilizar uno de los retretes portátiles de la organización para liberarme de los últimos residuos que amenazaban con escaparse sin permiso en el primer repecho de la carrera que me hubiese obligado a emplear mis fuerzas en el ascenso en lugar de en la contracción del esfínter anal (soy un marrano, lo sé).

La carrera ha comenzado puntual tras el ya habitual espectáculo de la llegada de los paracaidistas del Ejército de España (o del Estado Español o como quiera llamársele) con sus parapentes a la línea de salida. Hemos comenzado los tres amigos juntos manteniendo un paso tranquilito (hay que reservar fuerzas porque, al final, siempre faltan) y, poco a poco nos hemos ido separando (es mejor que cada cual vaya a su ritmo). Los kilómetros iniciales han ido pasando con rapidez porque hacía muy buen tiempo y, además, había mucha cuesta abajo (suavecita), pero al final han llegado los kilómetros malos. Además de ser los últimos, eran cuesta arriba en su gran mayoría. Las fuerzas flaqueaban y las ganas de parar aumentaban. Menos mal que, en esta ocasión, mi cansancio y mi hartazgo no han sido tan inmensos como en otras ocasiones, y he podido culminar la cuesta arriba que desembocaba en el Parque del Retiro con bastante dignidad y sin parar de trotar.

La entrada al Retiro ha sido, como siempre y, como diría el difunto Joaquín Luqui, ¡Total, alucinante, lo más! La gente aplaudía y gritaba. No sé lo que decían ni si alguien se dirigía a este calvo corredor que llevaba la cabeza y la cara cubiertas del salitre del sudor reseco que las tres horas y quince minutos de carrera habían generado, pero la cercanía de la meta y el bullicio del gentío, han conseguido insuflarme las fuerzas que necesitaba para poder acelerar el paso (Fernando Alonso se reiría de mi aceleración, pero no me importa porque llevo torta) y llegar a la meta para poder hacer lo que más deseaba: Pararme y tumbarme en cualquier sitio para descansar.

Cuando he recogido las diversas vituallas que nos han dado y he recuperado mi bolsa del ropero (una tienda de campaña militar), me he tirado en el primer sitio que he visto libre: En medio de un camino asfaltado. Más de uno se ha acercado a mí para preguntarme si estaba bien. Supongo que mi estética cadavérica y mi inmovilidad total habrán hecho pensar a esos buenos samaritanos que mi salud estaba muy deteriorada o, sencillamente, que ya no tenía ni salud ni vida. Yo, cortésmente les he respondido que estaba bien, que no había nada de lo que preocuparse.

Finalmente me he reunido con uno de mis amigos corredores (al otro le hemos perdido la pista) y su simpática esposa nos ha llevado a casita donde ahora estoy contando mis peripecias para pasar el rato.

domingo, 20 de abril de 2008

La Ministra y su séquito

Probablemente el título de mi aportación de hoy a la difusión de la necedad, sea suficiente para que más de uno piense que voy a criticar a la Ministra por ser mujer y por estar embarazada ¡Pues no pienso criticar a Doña Carmen Chacón! Sólo quiero hacer notar que este gesto que nuestro amado Presidente ha querido hacer para mostrar que las mujeres, embarazadas o no, pueden desarrollar la labor que se les encomiende, es tan bonito como irreal, pero no porque las mujeres, por el hecho de serlo, estén menos capacitadas que los hombres, sino porque, como parece quedar patente al ver el séquito de médicos que la Ministra ha llevado en su viaje a Afganistán, no todas las mujeres tienen al alcance de su bolsillo reclutar a un grupo semejante de sanitarios para poder desempeñar sus labores sin temor de que al bebé en ciernes pueda pasarle algo.

No sé si al grupo de médicos que han acompañado a Doña Carmen les paga el Estado o si sus minutas son abonadas por la propia Ministra, pero sea cual sea el caso, no me imagino a ninguna compañera mía que, estando embarazada de cinco o seis mese, sea enviada en misión de trabajo, no ya a Afganistán, sino simplemente a La Coruña, y reclute a un ginecólogo, un anestesista y un pediatra para acompañarla. Yo diría que la gran mayoría de las mujeres optarían por no hacer ese viaje y enviar a un sustituto (hombre o mujer). También doy por hecho que a pocas empresas se les ocurriría poner a disposición de sus empleadas a ese séquito sanitario para que sus últimos meses de embarazo pudiesen ser afrontados sin que sus tareas habituales se viesen afectadas por las restricciones en cuanto a movilidad que el especial cuidado de la salud de la madre y el niño aún no nacido suelen implicar.

Me alegro mucho de que Carmen Chacón lleve de maravilla el embarazo y que pueda desplazarse de aquí para allá dando ejemplo de que una embarazada no es una inválida, pero no me parecería bien que, a causa de ese ejemplo, las mujeres que no disponen de los medios de los que una ministra dispone, y que deciden limitar su actividad a causa de su embarazo, sean consideradas poco profesionales o caraduras.

Tal vez aquí debería actuar el Ministerio de Igualdad para poner a disposición de todas las embarazadas que lo soliciten, un equipo de médicos que las atiendan durante el tiempo en que el embarazo y su actividad profesional coincidan. Lo malo de esto es que cuesta dinero que, por desgracia, no saldrá del bolsillo de ZP, el Presidente feminista, sino del de todos los españoles, con lo que no sé si la opción será muy bien recibida por nuestra tolerante, democrática y solidaria “ciudadanía”.

Y ahora, como propondría nuestra Ministra de Defensa, gritemos todos:

¡VIVA ESPAÑA!
¡VIVA EL REY!
¡VIVA RODOLFO CHIQUILICUATRE!
(Este último vítor es de mi cosecha)

miércoles, 9 de abril de 2008

La importancia de las heces


Es maravilloso ver cómo, de vez en cuando, el titular de una noticia acaba siendo contradicho en el cuerpo del artículo periodístico.

Nuestro ocasional colaborador Olov Lejanov, me pasó esta noticia aparecida en El Mundo el día 3 de Abril. El titular es este:

Descubren en EEUU excrementos humanos fosilizados de 12.300 años de antigüedad.

Al ver en título habréis comprendido rápidamente por qué mi simpático amigo me pasó el enlace. Mi afición por lo escatológico es mundialmente conocida.

El caso es que, al final del artículo podemos leer esto otro:

Sin embargo, no todos los expertos comparten sus conclusiones. Algunos todavía creen que puede haber contaminación moderna de ADN y otros apuntan que pueden ser heces de caninos en los que orinaron humanos. En todo caso, ello no pondría en duda la presencia de nuestra especie en el lugar de los hechos.

En fin, que, al final, resulta que no está claro que la caca sea humana.

Reconozco que me da igual que sea humana o que no lo sea, lo que realmente me importa es que la foto de una mierda aparezca en un periódico. No sé si fue portada, pero aunque no fuese así, la sociedad da muestras de ir avanzando por el camino del destierro de los tabúes relacionados con las heces, y eso me llena de esperanza.

Siguiendo con el tema caguetoso, el simpático Olov Lejanov, con el que compartí grandes experiencias flatulentas en su día, también me hizo partícipe de otro gran descubrimiento, la web del Dr. Stool. Un gran hombre que ha creado una web en la que se tratan temas relativos al aparato excretor desde un punto de vista científico.

El Dr. Stool habla de fenómenos como el de la poo-phoria (el estado de euforia y gozo que se genera tras algunas gozosas deposiciones) o el de la performance-enhancing poo (ese fenómeno que incita a los deportistas a poner un "huevo", o dos, antes de llevar a cabo su actividad deportiva). Pero lo más simpático que he visto en esta interesante web es lo que el Dr. Stool denomina Déjà poo, nombre hilarante donde los haya y preciso como ninguno para describir esas cacas llenas de tropezones no digeridos que, al verlas, nos hacen pensar que eso, los tropezones, lo hemos visto antes (precisamente en nuestra comida).

Dejaremos ya de destipar la web de nuestro simpático doctor, ahora es el momento de acudir a su web para disfrutar de sus ocurrencias.

domingo, 30 de marzo de 2008

Un día sufrido

Hoy ha sido un día para meditar sobre el sufrimiento. Por la mañana he salido a correr y me he encontrado con los esforzados corredores de una carrera pedestre de 100 Km (¡qué burrada!). Tenían que dar diez vueltas a un circuito de 10 Km. Y, como yo no tenía una ruta prevista, me he puesto a correr con ellos (que llevaban trotando dos horas y media cuando yo he comenzado). Sólo he dado dos vueltas (más o menos) y he acabado un tanto cansado de tanta subida y bajada, así que no quiero ni pensar el sufrimiento que habrán tenido que afrontar los que hayan culminado las 10 vueltas.

Ese es el primer sufrimiento del día, el sufrimiento voluntario.

Pasemos al segundo. He ido a comer a casa de mis padres (soy un gorrón impenitente, como ya sabéis los que me conocéis) y, cuando aún no estaba la mesa puesta, ha llamado un amigo de mi hermano (de uno de ellos) para comunicarnos que se había caído de la bicicleta y se lo había llevado el SAMUR a La Paz (un hospital madrileño, para el que no sea de aquí).

Aquí tenemos dos tipos de sufrimiento, el del amigo que, sabiendo que mi hermano estaba bastante mal, ha tenido que pasar el trago de decírselo a mis padres y el de mi hermano que, a causa de su caída estaba, y está, bastante dolorido.

Cuando el amigo de mi hermano ha llamado, como se ha puesto mi madre, no se ha atrevido a contar cómo estaba la cosa (cómo había visto él a mi hermano) y le ha dicho que no se preocupase, que no estaba muy mal. Con esa información esperanzadora he comido yo a toda velocidad (creo que en diez minutos he comido sopa, albóndigas y fresas) y me he ido al hospital. Allí, mientras buscaba quien me informase del estado de mi hermano, providencialmente me ha escuchado el enfermero del SAMUR que lo había atendido y me ha dicho que le estaban haciendo un escáner para ver si tenía algún problema en la espalda, porque mi hermano se quejaba de tener fuertes dolores en ella, pero no me ha dado más información. De hecho yo he pensado que la cosa no debía de ser muy seria, porque no me ha dicho que se hubiese roto piernas, brazos o cualquier otra cosa.

He ido de ventanilla a ventanilla para saber si podía ver al enfermo pero lo único que he conseguido ha sido la indicación de que esperase en una sala de espera atestada de gente esperando a ser atendida y los familiares de esa gente (¡algunos iban acompañados de nada menos que cinco personas!). Allí he estado unas cuatro horas esperando a que me llamasen. Sólo me he ausentado de la sala un par de minutos, uno para sacar un bote de agua de la máquina y otro para coger un Phoskito (hacía mucho que no comía uno) para merendar. El caso es que, finalmente la que me ha llamado ha sido mi madre. Me ha comunicado que habían recibido una llamada del hospital preguntando si no había nadie por allí para acompañar al accidentado. ¡En fin! Con tanta gente en la sala de espera, no me extrañaría que me hubiesen llamado y no les hubiera oído, pero tampoco me resultaría raro que me hubiesen estado llamando en otro lugar distinto del que me dijeron o que, sencillamente, nadie me hubiese llamado. ¡Un desastre! Desastre comprensible porque lo cierto es que había mucha gente.

Nuevo sufrimiento, el mío esperando durante cuatro horas a que alguien me dijese algo de mi hermano.

Finalmente he conseguido llegar a donde estaba el accidentado, la sala de reanimación de traumatología, y me he llevado una ingrata sorpresa, estaba tumbado en la camilla, inmóvil y con la cara bastante raspada. La cosa parecía bastante peor de lo que yo había pensado. Pensé encontrar a mi hermano con ese típico camisón hospitalario con el que se te ve la espalda y el culo si te pones de pie, pero no ha sido así. Otro tipo de sufrimiento más, el de la decepción de encontrarte una realidad peor de la que te esperas.

Luego han llegado unos amigos de mi hermano para visitarle: Su acompañante de peripecias bicicleteras y, hoy por hoy, su salvador, junto con otros cuantos buenos amigos. He subido con uno de ellos a la sala de reanimación y allí hemos estado diciendo algunas tonterías con el encamillado hasta que ha salido la doctora a contarnos la situación del paciente.

Al saber que tenía unas cuantas vértebras machacadas, el hueso del pómulo con fractura y algo de sangre en los pulmones no he podido evitar sentir un mareo que me ha obligado a sentarme. Es de agradecer que la doctora fuera simpática y animosa y haya restado importancia a esta situación al contarnos que el gran Jesulín de Ubrique, cuando tuvo aquel accidente de coche hace unos años, estuvo muchísimo peor que mi hermano y ahora está como una rosa. Gracias a eso ya no sufro tanto.