domingo, 22 de abril de 2007

De todo un poco

Últimamente tengo muy abandonado Libertad Diodenal. Debe ser que mi intensa dedicación al trabajo (curiosamente es una dedicación voluntaria y no fundamentada en hacer el paripé como lo llevaba siendo desde hace algunos años) hace que llegue a casa con la cabeza llena de rollos computacionales que, a buen seguro, no serían del interés de casi nadie. De todos modos no quiero que nadie piense que me he vuelto un psicópata laboral que centra su vida en su “carrera profesional”. Nada más lejos de la realidad, mi trabajo me sigue pareciendo un tanto petardo y, además, hay que desarrollarlo en un entorno bastante caótico que no contribuye a llevarme por el camino del éxito profesional.

Pero todo eso son temas personales sin importancia. Lo que de verdad interesa a la “ciudadanía” no es otra cosa que las comparecencias de nuestros grandes líderes políticos ante esos cien “ciudadanos y ciudadanas” que, ante la simpática presencia de Lorenzo Milá, hacen preguntas a nuestros líderes políticos (de momento sólo a ZP y a Rajoy).

Las preguntas que he podido escuchar son las típicas (quiero un piso, mi pensión es una birria, hay mucha crispación, el planeta se calienta…) pero, a pesar de no ser preguntas excesivamente originales, los pobres inquiridores se trabucan al leerlas y yo me pongo muy nervioso pensando en lo mal que lo están pasando (reconozco que yo también me he trabucado alguna vez que he salido a leer en misa ¡Qué mal rato se pasa!). En cuanto a las respuestas del invitado especial (el afamado político de turno), tampoco tienen mayor trascendencia, así que no le veo mucho interés al programa pero, en los intermedios de Héroes (mi serie favorita de Telemadrid), lo veo.

Por ahí ya se habla de que si ganó Rajoy o si ganó ZP. Lo mismo pasa con algunos debates del Congreso de los Diputados, siempre hay alguien empeñado en hacer de cualquier cosa una competición. Hay actividades como, por ejemplo, correr, tirarse pedos, soltar eructos, jugar al tenis, etc., que se prestan perfectamente a la competición, pero esto de hablar diciendo vaguedades, no veo cómo medirlo de modo que pueda decidirse quién ha ganado. Hay quien utiliza las cifras de audiencia, cosa muy tonta porque yo (y supongo que más gente) veo muchas veces la tele cuando hay programas que me parecen absolutamente cutres (soy así, me gusta la telebasura).

Y, cambiando de tema, ayer se entregaron los Micrófonos de Oro en Ponferrada y, finalmente, Luis del Olmo estuvo presente cuando se lo entregaron al simpático Federico Jiménez-Losantos (¡qué alto es uno y qué bajito el otro!). Lo que no tengo claro es si, finalmente, Buenafuente acudió a recibir el suyo o cumplió su palabra de no ir para no tener que compartir estrado con el “Talibán de las ondas”. Podría haber acudido y decir las simpáticas cosas que nuestro ídolo Hugo Chávez dijo cuando estuvo en el estrado en el que “olía a azufre porque el día anterior había estado el diablo, Mr. Danger”.

Pues nada, ya he soltado un rollo que sólo tiene la utilidad de renovar el blog para que los incondicionales del mismo tengan unos instantes de emoción pensando que, tal vez, vayan a leer algo apasionante.

18 comentarios:

Carlos García dijo...

Brillante, amigo Galáctico. Como siempre brillante.
Cierto es que te haces de rogar demasiado y últimamente por estos andurriales de la blogosfera.
A ver si te centras (mira quien fua a hablar...)

Un fan.

Jump&Benchi dijo...

Enhorabuena por tu "ésito" en la Marathon... aunque por la cara de esfuerzo con la que entrabas, es harto probable que llevaras un zurullo cerca del esfínter.
Del reportaje gráfico, ya tendrás buena cuenta de él... ahora es momento de hablar de otros temas como la ley de identidad de género. ¿Por qué no hablamos de ella com una de los maravillosos logros del señor ZP ?
Ahora que ya se puede ser mujer por voluntad propia, y sin necesidad siquiera de hacerse una operación de cambio de sexo; ahora que los curas pueden dar rosquillas en vez de la Sagrada Forma; ahora que dos personas de distinto sexo pueden contraer matrimonio; ahora, en fin, que los derechos más elementales de todo ser humano, de toda minoría, están garantizados; ahora...

... he decidido que voy a ser abisinio.

Sí, nací con cuerpo de varón caucásico, pero ¿y si quiero ser esquimal, bosquimano o jíbaro? ¿Quién es el sistema para negarme mi derecho a ser lo que yo quiera?

Y he decidido ser abisinio. Pero sin necesidad de irme a vivir a Eritrea, Somalia o Etiopía, vivir allí durante años y pedir el cambio de nacionalidad. Yo quiero ser abisinio ya, y exijo al presidente Zapatero que dicte una ley que me permita serlo. Lo contrario sería una discriminación inadmisible, y ya sabemos que ZP, Zerolo y Caldera se preocupan mucho por estos asuntos tan importantes para toda la sociedad.

Así que puedo dormir tranquilo. No será mañana ni pasado, pero dentro de unos meses podré ser abisinio.

Y aquí no acaba todo. Ya tengo mis planes para el próximo decenio bien construidos, y son los siguientes:

2007-2008 Abisinio
2009 Monosabio
2010 Eunuco
2011 Rociero
2012 Leproso
2013 Sacristán
2014 Lapón
2015 Gaucho
2016 Enano

Profeta dijo...

Muy agudo tu comentario Jump&Benchi.

ZP sí que ha entendido el concepto de libertad, y gracias a él ahora somos más libres, ¿quien lo duda?.

Ahora puedo matar a mis hijos en el vientre de su madre, y nadie me puede decir que soy un asesino, ahora que puedo estar hecho un lío porque no sé quien soy, si soy hombre, mujer o ambos, ahora que puedo dejar que mi gobierno le trasmita los valores morales a mi hijo, ahora que puedo sospechar de mi pareja, ya que no tengo porqué donarme plenamente para toda la vida cuando me caso, porque eso me han explicado es absurdo, con lo que sé que en cualquier momento mi pareja se “desenamorará” de mi porque ahora me tiro pedos que antes me los guardaba, y me puede dejar tirado (igual que yo a ella), eso sí que es un matrimonio feliz, y no el de los curas... que dicen que la Felicidad consiste en amar al otro más que a uno mismo.

¡Qué tontería!, ¡eso es de fachas!, lo progre es que cuando te guste más una nueva compañera de trabajo que además está mucho mas buena, le digas a tu pareja: “rompo el contrato”, así los nuevos “matrimonios” son más felices, uno puede decidir por uno mismo... lo malo es que mi pareja piensa como yo, y sé que mi compañera puede encontrar a otro que se aguante los pedos y se vaya con un nuevo compañero de trabajo...a todo esto me pregunto ¿dónde vamos a vivir?, ¿cómo vamos a distribuir las ganancias de nuestro sueldos?... está claro que todo tiene que quedar bien hablado antes de comprometernos, ya que con muchas posibilidades nuestro idilio no va a durar toda la vida, lo ha dicho ZP. Entonces antes de que haya más problemas en el futuro empezamos a romper nuestra historia de amor antes de que haya empezado, escribiendo en un papel a qué nos comprometemos y cuales son las retribuciones por nuestro compromiso, con cláusulas que dejen todo bien atado, así si que soy más feliz, no como dicen los curas.

Pues nada, que gracias a esta nueva ola de “libertad” podemos matarnos unos a otros más libremente, eso sí que tiene razón ZP. ¿quién lo dudaba?.

PDT: ZP no tiene la culpa, simplemente está engañado, no ha conocido la Verdad del amor incondicional en su vida, y cada uno habla de lo que conoce.

Jajaja dijo...

La única forma en que podremos conocer quien es el ganador de los programitas de las preguntas entre ZP y Rajoy es...

¡¡¡DUELO DE BAILES!!!

Ful el Blogcazas dijo...

Brillante

nati dijo...

Pués sí , no lo dudes galáctico , leyendo tu blog se tienen instantes de emoción o sorpresa . Como no tenerlos , cuando alguien aspira a ser eunuco en el 2010 y otro nos indica, que no te puedes separar de tu pareja porque rompes un contrato. Será algún papel firmado por Dios?
En fín ... que ZP y Rajoy también deberían leer tu blog, a ver si se relajan de los sustos de la televisión .
un saludo

Meteorismo galáctico dijo...

¡Qué gran éxito de participación! Me siento anonadado por la buena acogida que ha tenido mi comentario. Lo que más me gusta, como siempre, es que cada cuál ha dicho lo que le ha dado la gana, sin tener que ceñirse al tema de cabecera que, dicho sea de paso, ignoro cuál era.

Amigo Carlos, me alegra volver a saber de ti. Tus blogs duran menos que las flatulencias en mis entrañas, pero me agrada ver que has creado uno nuevo en el que poder extender la obra que comenzó en este blog: La difusión de la necedad.

Jump&Benchi (¿Son esos los sucesores de Oliver y Benji?), ardo en deseos de contemplar esas fotos que tomaste de mi esbelta y deteriorada persona poco antes de cruzar la meta tras ir regando de sudor (y cuescos) los 42 kilómetros de la maratón. Por lo que pude comprobar al despojarme de mis vestiduras deportivas, nada escapó de mi interior sin mi permiso, además, en caso de haber ocurrido algo así, con los tonos oscuros de mis prendas, no se hubiese notado nada (cuando uno ha pasado por ciertos trances, se vuelve precavido).

Tu plan de identidad a nueve años me parece muy ambicioso, pero seguro que encuentra eco en este gobierno que tan bien sabe escuchar a quien pide cosas sensatas, y nada hay más sensato que ser en cada momento lo que a uno le pida el corazón.

En cuanto, gracias a tu iniciativa, se ponga en marcha la ley de identidad global (me gusta ese nombre), yo solicitaré ser Devon Miles (líder indiscutible de la Fundación para la Ley y el Orden) y, cuando me canse de tanta responsabilidad, solicitaré compartir hecho identitario con Chiquito de la Calzada.

Querido Profeta, tu positiva experiencia religiosa te mueve a pensar que todo el mundo podría encontrar la paz y el sosiego que tú has encontrado en ella. Eso mismo pensaba yo hace no mucho tiempo, pero lo cierto es que, en mi caso, ni siquiera yo había encontrado ahí esa paz y equilibrio. Pensaba que por ahí debía de estar la respuesta a mis incógnitas vitales (y tal vez lo esté), pero me siento incapaz de decir a nadie que debería comprometerse de por vida a vivir con alguien cuando yo mismo no me siento capaz de hacer tal cosa. Cierto es que con la filosofía imperante tendemos a tomar decisiones apresuradas por eso de saber que, en cuanto queramos, echamos un borrón y hacemos una cuenta nueva. Habrá casos en los que probablemente sea un error la ruptura matrimonial, pero también los habrá justificados (al menos para los implicados), por lo que me temo que no tendría mucho sentido que desde el Estado se dictasen leyes penando esas rupturas (regularlas para que nadie quede en la indigencia no me parece mal, pero nada más). Cada cual deberá hacer lo que su conciencia le dicte y, quitando unos mínimos básicos (no robar, no matar, etc.) los Gobiernos no deben meterse en más o, por lo menos, eso creo yo.

Estimada Nati, haré llegar a ZP y a Rajoy algunos corteses mensajes solicitando su presencia entre nosotros. Seguro que, dado su afán de acercarse al pueblo, aceptarán de buen grado mi propuesta y, en breve plazo, los tendremos por aquí charlando amigablemente con nosotros. Les haremos propuestas y les permitiremos que nos pregunten cosas para saber qué se cuece entre el pueblo llano (y necio).

Y ahora propongo que lancemos unos vítores por la nueva infanta que, si Dios quiere, nacerá en breve plazo:

Ful el Blogcazas dijo...

Dé la cara Sr.Galáctico y responda a tus lectores sin ambajes, le voy a hacer las dos preguntas que han cambiado el pensamiento moderno y sobre las que no paran los debates académicos:
-¿Cuánto gana Sr. Galáctico?
-¿Sabría decirme lo que vale un café en la calle?

El censor dijo...

Sr. Galáctico podria decirme cuanto cuesta un café?

Muchas Gracias

Profeta dijo...

Gracias por leer mis intervenciones, entiendo que puedan ser bastante tostón, eso dice mucho de ti.

Coincido contigo en lo que has dicho, el tema no es de obligación sino de Buena Noticia...

Yo le diría a todo el mundo, que ¡SE PUEDE SER COMPLETAMENTE FELIZ!, esto es así, y no me cansaré de repetirlo.

Alguien podrá pensar, Profeta eres un exagerado, ya que lo que es bueno para ti, puede que no sea bueno para otro, etc.

Creo que no, que TODOS SOMOS IGUALES, porque todos aspiramos a ser felices, todos experimentamos la misma angustia ante lo desconocido, todos experimentamos la mima amargura del rencor, de la envidia, de la ira, del orgullo, de la soberbia, etc.

Todos experimentamos el mismo vacío al darnos gusto en todo, nada nos satisface... y si no que me diga alguien que no es así, que es completamente feliz, que es completamente libre.

Lo que os quiero decir porque OS VA LA VIDA EN ELLO, es que estamos esclavos... ¿y de qué?, ... pues del pecado, del egoísmo, de la codicia, de la soberbia, del orgullo, de la lujuria.

¿no os dais cuenta de que es esto y no otra cosa lo que os hace desgraciados?.

Lo que os intento decir es que no tenemos porqué conformarnos con la vida que tenemos, que podemos aspirar a otra mejor, y creo que es de estúpidos quedarse sufriendo si alguien te dice que pruebes otra cosa.

Lo más importante es... ¿cómo puedo dejar de ser egoísta, lujurioso, orgulloso?... esto es imposible, tu no puedes, igual que yo no puedo. Esto es gratis, Dios te da esto gratis, sin que tengas que hacer esfuerzos, no es cuestión de proponérselo, así fracasarás seguro.

Es Dios quien va a hacer el milagro el que se compromete, tu sólo tienes que creértelo, hacer como la Virgen María... María escuchó una noticia, que iba a ser madre sin conocer varón, eso humanamente era imposible, pero se fió, y Dios cumplió la promesa,

Dios está enamorado de ti, te quiere hacer feliz, no le importan tus pecados, ya los conoce, pero no puede obligarte a ser feliz, tienes que ser tu el que diga como la Virgen María, “no sé como lo vas a hacer pero necesito cambiar, quiero ser feliz”.

Acudid a la Iglesia, id a las catequesis de adultos, yo he conocido los del Camino Neocatecumenal. Leed el Evangelio, meditadlo, pedir ayuda a Dios, que te explique el Evangelio, que eres un bruto y no lo entiendes, si se lo dices de corazón, te prometo que lo entenderás y tu mismo serás Evangelio.

Repito OS VA LA VIDA EN ELLO.

Ful el Blogcazas dijo...

Vamos a ver Profeta, alguien debería de expicártelo, verás:

Hipótesis posibles:

Que Dios exista y sea como tú dices
Que Dios no exista
Que Dios haya existido
Que Dios exista y no sea como tú dices
Que Dios exista y no sepa que existes tú
Que Dios haya creado al hombre a su imagen y semejanza
Que el hombre haya creado a Dios a su imagen y semejanza
Que Dios sea verdadero y la Iglesia una farsante

....

Como verás te dejo material para que lo contrastes con tu sólidad verdad

Profeta dijo...

Hola Ful,

gracias por contestar...

te estoy diciendo que pienses:

- ¿porqué hay gente que deja su trabajo, sus amistades, su familia, sus seguridades y se van a un país pobre a pasar calamidades?.

- ¿Porqué hay gente que se encierra en un monasterio para el resto de su vida?.

- ¿Porqué hay gente que pierde su vida por otras personas?

- etc.

¿SE HABRAN VUELTO LOCOS?... ¿LES HABRAN COMIDO EL COCO, Y NO PIENSAN POR SI MISMOS?
¿SE ESTÁN ENGAÑANDO Y SONRIEN COMO IDIOTAS PERO EN EL FONDO ESTAN AMARGADOS?.

...

Te estoy diciendo que te preguntes ¿qué han visto par hacer todo esto?

pues yo te digo que esa gente no es una farsante, no viven en el esfuerzo, viven en la gratuidad, en el agradecimiento, en la felicidad.

¿vives tu así?.

esa es la cuestión.

Si ellos no están locos y dicen que han encontrado Algo que les ha hecho felices y quieren trasmitir esa felicidad a los demás...¿habrá que escucharles qué es lo que tienen que decirnos?.

Si te quedas en las preguntas que me hacías al principio y no das un paso más, estás condenado a ser un desgraciado toda tu vida, porque siempre estarás esclavo de tu pecado.

esto es una realidad, porque yo soy como tu, y nos pasa lo mismo.

sólo pido que des un paso más, que pienses un poco más...

te estoy dando una buena noticia, la mejor.

Anónimo dijo...

Ante todo un saludo para todos.

quiero reflejar un artículo que escribió Groucho Marx y si teneis un momento(10 min) lo leais. Va relaccionado con la bolsa, con la construcción y en definitiva, con lo que parece ser el comienzo de una crisis económica en España.

El artículo que escribió Groucho Marx dice así:

"...Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor.

Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street. Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días.

Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo: - Hace un ratito han subido dos individuoss, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation" […]

Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batín. -En el vestíbulo de este hotel están las ooficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia. -Harpo -dije-, ¿estás loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros! De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batín, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento. Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no estén familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.

El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitual de Wall Street, quien le dijo en un susurro: -Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que del Cobre Anaconda. Se vende a ciento treinta y ocho dólares la acción y se rumorea que llegará hasta los quinientos. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo sé de muy buena tinta. Chico corrió inmediatamente hacia el teatro, con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos el alzamiento del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir seiscientas acciones. ¡Estábamos entusiasmados! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietarios de doscientas acciones de estos valores que rezumaban oro. El agente incluso nos felicitó. Dijo: - No ocurre a menudo que alguien entre conn tan buen pie en una Compañía como la Anaconda.

El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día. Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran "arriba, arriba, arriba". Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar. Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente. -Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegaará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió: -¿Por qué no abandonas el teatro y olvidass esos miserables dos mil semanales que ganas? Son calderilla. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway. -Max -contesté-, no hay duda de que tu connsejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Los que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.

Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon […] El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije: -Max, ¿cuanto tiempo durará esto? Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson. -Hermano, ¡todavía no has visto nada!

Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar. Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo. - No sé gran cosa sobre Wall Street - empeecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones? Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo: - Señor Marx, tiene mucho que aprender aceerca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro. - Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo? Adecuadamente castigado y amansado, respondió: - Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, perro éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane. Con cierto cansancio pregunté: -¿Cree que es una buena compra? -No hay otra mejor -me contestó-. Si hay aalgo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.) -Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amiggos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías. -Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí-. ¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas

Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses.

En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (1) (Personalmente opino que vale esos dólares.) Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace […] Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fue a verle en su camerino. […] Encanto -prosiguió Cantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo? Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mí. Eddie, cariño - contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio! Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo: -Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs? -Dulzura -respondí (a este juego pueden juugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas? Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia mí. Por un momento pensé que iba a besarme. -¡No me digas que nunca has oído hablar dee las Goldman Sachs! -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores . Luego consultó su reloj y dijo: -Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156… ¡y a 156 es un robo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos. ¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figurese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia. A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Aflojé el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América

Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street. Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión.

De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser así: "Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse."

Yo no estaba presente cuando la Fiebre del Oro del cuarenta y nueve. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba al todo el país. El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro de que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición.

Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente.

Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. [...] Todo lo que dijo fue: "¡la broma ha terminado!" Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo...se suicidó.

En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo. Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías. Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creas que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? Cuando la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción.

El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación..."


Brave

Meteorismo galáctico dijo...

Veo que esto está dando mucho de sí, pero como ahora me tengo que ir, me limitaré a responder a las impertinentes preguntas sobre el precio del café:

El café de máquina, ese que a nadie gusta y todo el mundo toma a raudales, cuesta entre 30 35 céntimos, así que yo diría que ZP aún indicó un precio exagerado y no escueto para tan preciado líquido.

En cuanto a mi asueto, diré que gano mucho más de lo que necesito dado lo frugal de mis necesidades y lo sobrio de mi estilo de vida. Quiero hacer constar, no obstante, que las riquezas es estoy acumulando están destinadas a ser gozadas por otras personas. De momento una parte sustanciosa de mis ahorros se la cedí a la pobre gente de AFINSA para que no pasase penurias. Veremos si las demás entidades financieras a las que he repartido mi dinero (ganado a lo largo de muchos años de hacer el paripé con maestría) son capaces de apropiarse de él para siempre o me dejan utilizarlo para comprar alguna cosilla en Alcampo o Carrefour.

De temas religioso-esotéricos hablaré más adelante.

¡VIVA EL PROFETA!

Ful el Blogcazas dijo...

Yo era católico hasta los 18 años, después descubrí el agnosticismo*, y mi vida cambió, la amé con todas mis fuerzas porque era irrepetible y no disponía de otra. Esa fue mi buena noticia, la que te estoy dando.

*Los agnósticos no cuestionamos que haya o no Dios sino que afirmamos que es un problema que se escapa a nuestras dimensiones de entendimiento, de la misma manera que mi hija de 2 años no puede entender un análisis del Wall Street Journal y eso no significa que no exista.

No quiero polemizar, cada uno tiene sus creencias, yo tengo estas. Lo único que nos diferencia es que los religiosos creen en alguien y nosotros creemos en algo.

Jajaja dijo...

"La ignorancia es la madre de la felicidad y de la bienaventuranza sexual" (Giordano Bruno).

Profeta dijo...

Estimado flug y resto de contertulios de este maravilloso blog:

"Si quitas a Dios de tu vida, tu te volverás tu propio dios, y querrás someter a la gente que rodea para que te adore...

el problema es que ellos piensan como tu, y estaréis compitiendo continuamente para ganaros un poco de afecto".

...

mi camino fue parecido al tuyo, yo nací en una familia católica, iba a misa pero no entendía nada la verdad, cuando hice la primera comunión deje de ir a misa, porque no me decía nada, no me aportaba nada,

Luego llegó la adolescencia, y pensaba como tu, que la Verdad no existía, cada uno tenía su verdad, esto parecía razonable, y seguí por ese camino, el mismo que estas llevando tu y mucha gente como tu; Dios no se podía "demostrar" luego no existía... (qué estupidez)

Mi Verdad era yo... yo era mi Dios, me quería sobre todas las cosas y a todos obligaba a dar culto a Mi, si no experimentaba una frustración terrible.... estaba deseando que llegara el fin de semana para ir por las discotecas y bares, para mendiga un poco de cariño, que me miraran, que me quisieran un poquito.

Te voy a decir algo que puede que no hayas pensado:

Aunque digas que no crees en ningún dios, te aseguro que tienes muchos, empezando por el dios Dinero.

Si te paras un poco a pensar verás que le das culto noche y día, tu corazón va detrás de El, y toda tu vida la has basado en este mandamiento: "amaras al dinero y a ti sobre todas las cosas".

Sé que es así aunque no te conozco porque soy igual que tu.

Me estás diciendo que como ya tienes comida no quieres la comida que te ofrezco, y te digo que tu comida comparada con la mía, es basura, lo sé porque yo también he comido donde está comiendo tu.

No voy a seguir porque ya he dicho suficiente, el que tenga oídos para oír que oiga

Ful el Blogcazas dijo...

Yo he quitado a Dios de mi vida y hasta ahora no someto a nadie (teléfono de ayuda a las víctimas de mi sometimiento:902 555 444). Yo pienso que la Verdad existe, aunque en mi humildad crea que nunca la voy a alcanzar. Los que me dicen que ya la han alcanzado no saben explicarme exactamente lo que han alcanzado. Afortunadamente tampoco creo en el Dios Dinero, porque tal como están las cosas tampoco lo podría alcanzar. Si usted disfruta creyendo en cosas que no se pueden demostrar le propongo que crea en los dromedarios lilas que dominan el mundo con su aliento a ajo, vamos, que por cosas indemostrables no sea. En fin, como buen agnóstico sigo haciéndome preguntas que nadie puede contestar. Yo les admiro a ustedes los religiosos: alcanzan las respuestas sin hacerse ninguna pregunta.

P.D. Si nuestra comida fuera alguna vez basura, yo, con mi vicio de razonar, tendría la sospecha, usted se la comería a ciegas, pero eso sí,usted sería más feliz.