martes, 15 de diciembre de 2009

Menos humos para el 2010

Parece ser que a partir del año que viene dejará de permitirse fumar en los locales públicos en los que aún se fuma. Me alegro de ello aunque algunos fumadores (no todos) estén ya haciéndose las víctimas por esa supuesta persecución a la que se les somete. También se unen a las críticas personas que, sin ser fumadoras, se sienten solidarias con aquellos que no pueden prescindir del cigarro en la sobremesa o mientras están apostados en la barra de un bar. Me encanta que la gente sea solidaria con causas nobles, pero esta me temo que no lo es. ¿Por qué no se solidarizan con el camarero que tiene que aguantar los humos de sus educadísimos clientes durante su larga jornada laboral? ¿Por qué no se unen al padecimiento de quien no tiene más remedio que comer en un restaurante en el que, a pesar de la normativa actual, nadie respeta la zona libre de humos?

Hace unas semanas estuve dando un paseo por la sierra madrileña y, al terminar, nos metimos en un bar del puerto de Navacerrada. Es un bar grande que tiene un recinto cerrado (aunque su puerta estaba abierta) para que el que quiera fumar lo haga con gozo y, además, tragándose el humo de los demás que allí se congregan (creo que eso les encanta a algunos). Pues bien, en la zona libre de humos, señalizada con carteles bastante visibles, había tres o cuatro personas fumando con total libertad a pesar de lo “perseguidos” que están por los malvados gobernantes y, por supuesto, por esos cavernícolas que somos los que no fumamos y detestamos el humo tabaquil (y muchos otros humos que, de momento, no podemos evitar).

El viernes pasado quedamos a cenar un grupo de diez personas (y “personos”) de los cuales sólo había un fumador. El restaurante era de tipo árabe y el suelo estaba cubierto por alfombras, lo que parecía sugerir que no era un lugar apto para fumar. Estábamos todos muy contentos hablando unos con otros hasta que la fumadora decidió que quería encender un cigarro. ¿Creéis que preguntó si a alguno de los nueve que no fumábamos le importaba que comenzase a echar humo? Pues no, lo que hizo fue preguntar al camarero si allí se podía fumar. A pesar de mis señas para que dijese que no se podía (es probable que con la ley en la mano no se pudiese fumar), él asintió y ella comenzó a fumar.

Está claro que no me enfadé por eso ni me enfadaría por cosas aún peores y, además, la fumadora en cuestión me cae bien, pero su detalle sirve para ilustrar que en muchas ocasiones (no en todas, claro) lo que se hace es acatar normas en lugar de intentar actuar del modo que más grato sea a quienes nos rodean. Por eso me hace reír la pretensión de algunos bienpensantes de que es mejor dejar que las personas se comporten según su “civilizado” criterio y no coartados por las “duras” leyes.

Sería muy bonito un mundo de personas autogestionadas (como dicen los anarquistas), pero teniendo en cuenta que nos preocupamos mucho más de nosotros mismos que de los demás (yo también lo hago), no parece quedar más remedio que imponer normas que regulen lo que se puede y lo que no se puede hacer en cada momento para evitar que andemos por ahí avasallando unos a otros haciendo lo que nos place con la única justificación de que no está prohibido.

Está claro que los gobernantes nunca legislan a gusto de todos y que, además, son tan falibles (cuando no más) que la mayoría de sus gobernados, pero alguna que otra cosa hacen bien, incluso aunque sea con fines electoralistas (¿hacen algo sin esa finalidad? Tal vez sí).

A cuenta de lo de la nueva restricción tabaquil vuelven a oírse las mismas voces que se oyeron cuando se puso en vigor la ley que prohibía fumar en los lugares de trabajo (salvo en los bares, que, hasta donde yo sé, también son lugares de trabajo para algunos). Los hosteleros se iban a arruinar, las tabaqueras iban a quebrar y, básicamente, todo iba a ser terrible. Creo que ninguno de esos augurios se ha cumplido y, en cambio, algunos empezamos a trabajar en un entorno mucho más agradable y sin necesidad de echar la ropa a lavar cada día (eso también contribuye a la famosa “sostenibilidad” que tanto gusta a casi todo el mundo, incluidos muchos fumadores) para quitarle la peste tabaquil.

Sin duda hay muchas cosas más importantes que hacer que restringir aún más los espacios para fumar pero, en vista de que otras cosas no saben hacer nuestros líderes, bienvenida sea ésta.

Una vez más tengo que lanzar un vítor a ZP y a su ministra de Sanidad:

¡VIVA ZP!
¡VIVA TRINI!

6 comentarios:

Dr. Flatulencias dijo...

Estimado y estulto Meteorismo, he de decir que estoy de acuerdo contigo. A los no fumadores nos vendría muy bien, claro que para eso hace falta que se cumpliese esa futura ley, cosa que creo que va a ser bastante difícil. Entre otras cosas dará gusto entrar a un local y que se pueda ver nítidamente a más de dos metros y que no te duela la garganta de todo el humo que los fumadores han sido tan generosos de compartir contigo.
De todas formas tu defensa de la nueva ley ¿no tendrá nada que ver con que la Trini sea tu ministra preferida?, creo que incluso si sacase una ley prohibiendo peerse en locales públicos estarías de acuerdo con ella.

Anónimo dijo...

Estimado amigo Meteorismo,

No quepo en mí de gozo al ver como tu conversión al progresismo es total.Trini es muy simpática y pizpireta y ZP es uno de los más grandes estadistas que ha habido, junto a Churchill, Bismarck o Perogrullo..
¡VIVA EL PROGRESISMO!,
¡VIVA CHÁVEZ!,
¡QUE PONGAN "ALÓ PRESIDENTE" EN TV!

jfreyba dijo...

Te has vuelto bolivariano, amigo Meteorismo, como bien insinúa Antares. Dentro de poco, ZP nos dirá cuánto tiempo tenemos que permanecer bajo la ducha, como hizo Chávez el otro día, y nos prohibirá cantar durante el aseo. Tú sigue aplaudiendo, y ya verás.

Zarzamora dijo...

Como se nota que jfreyba debe de ser un fumador empedernido.¡Que aliento asqueroso debe de tener!¡Mira que mezclar a Chaves en esto!.La ley protege a los no fumadores. Es una ley de protección y no de ataque.

Y así, sin poder fumar en ningún sitio, todos los hosteleros llorones estarán en igualdad de oportunidades. ¡Tienen una cara! No hacen más que decir que hacer esta nueva ley después de lo que se han gastado en acondicionar los locales para separar zonas es una barbaridad ¡Mentirosos! Si no han puesto ni una miserable mampara separadora, si se han saltado a la torera todas las normativas de metros cuadrados, si en Madrid, con Espe la fumadora de puros, han hecho lo que les ha dado la gana. Aquí en España todos lloran. Siempre va a venir un cataclismo para algún sector concreto y luego, afortunadamente, no pasa nada.

Me alegro de que se acaben las medias tintas. El que quiera fumar, en su casita, amigo jfreiba. Ya es hora de que se os bajen los humos a ti y a tanto "respetuoso" de pacotilla.

Meteorismo galáctico dijo...

Estimados Antares y Doctor Flatulencias:

Tenéis razón en que siento una admiración especial por Trinidad Jiménez. Me parece una mujer de gran atractivo físico, intelectual y político (me encanta decir este tipo de sandeces). La buscaré en Face book para ver si me admite como amigo.

Amigo Jfreyba:

A la mayoría de las personas nos gusta dar consejos o comentar con otros aquello que nos parece bien y lo que nos parece mal. En el seno de las familias se suele vivir con unas normas determinadas (cada familia tiene las suyas) para evitar que unos incordien en exceso a otros. Cada empresa suele también su normativa en forma de códigos de comportamiento y vestimenta que, aunque no sean una ley sujeta al código penal, sirve para llamar la atención a quien hace de su capa un sayo. Las distintas iglesias también tienen normas que comunican a sus feligreses para que lleven una vida lo más grata posible a ellos mismos, a su prójimo y, por extensión, a Dios. Las normas están en todas partes y su cumplimiento se vigila en mayor o menor medida. Todos somos libres de acatar o ignorar las normas que queramos, pero sabemos las consecuencias que eso puede tener para nosotros. Cada cual tiene que valorar si le compensa más el gozo de no seguir la norma que la pena por infringirla y, por supuesto, siempre tenemos la posibilidad (por lo menos en España) de intentar crear nuevas normas o abolir otras que nos parezcan absurdas o perjudiciales.

La norma antitabaco, lejos de ser un ataque a la libertad de los que fuman, es una defensa a los que no lo hacemos. Lo de permitir que bajo el mismo techo haya quien fume y quien no fume, por mi experiencia, es tremendamente difícil. No sé cómo lo hago, pero casi siempre que he estado cerca de un fumador en un lugar en el que se permite fumar, el fumador ha fumado y, por supuesto, yo me he aguantado. Cierto es que si hemos estado en un lugar en el que no se puede fumar, el fumador se ha aguantado. El fumador puede hacer lo que quiera con el aire que respira, pero si hay gente cerca que no quiere tragar sus humos, no tienen por qué tragárselo también.

Ayer entré en un bar en el que habíamos quedado unos amigos y, nada más atravesar la puerta, tragué varios litros de humo de tabaco. Era un bar pequeño en el que se permitía fumar y, como consecuencia, no se permitía no fumar. Como allí no podía estar, salí a la calle a esperar a quienes faltaban por llegar y me quedé tan pancho, pero el hostelero perdió a un cliente y, probablemente, los camareros perderán su salud irremediablemente por pasar demasiadas horas diarias en semejante entorno.

Es posible que abrir las puertas de un restaurante a los fumadores sea más eficaz de abrirla a los no fumadores (a pesar de que somos más) pero podemos dar ejemplos de restaurantes en los que no se fuma que llevan mucho tiempo sin quebrar e incluso con mucho éxito (Burger King y McDonald’s son ejemplos claros de éxito apartado del tabaco). Si no fuese porque los camareros también tienen derecho a trabajar en un ambiente sin humo, me parecería perfecto que fuese el dueño de los restaurantes el que decidiese si quiere humos o no, pero como allí trabajan personas, me temo que esa libertad ya no se le puede dar al hostelero.

Zarzamora lo dice muy bien, la ley no va contra los fumadores, protege a los que no fumamos. Los fumadores pueden seguir humeando, pero sólo cuando no haya nadie cerca que tenga que fumar el humo que ellos compartan.

Y ahora tomémonos las manos todos juntos, fumadores y no fumadores, para recitar unidos esa gran frase que ZP pronunció ayer:

“La Tierra no es de nadie, la Tierra es del viento”.

Zarzamora dijo...

¿Mi mano con la de un fumador? ¡Nunca! Luego me tengo que echar, como mínimo, el gel ese de la gripe A.
Tengo en mi poder el Lecturas de Belén Esteban. Mi duda es si le han hecho también algo en la boca o si ya la tenía así.