jueves, 9 de noviembre de 2017

Manipuladores y manipulados

He leído esta mañana este artículo de David Bollero en el diario Público y  me ha apetecido romper mi silencio de varios años en este fracasado blog para comentar algunas cosas y entretenerme un rato en este día festivo que gozamos hoy en Madrid. Este es el artículo al que me refiero:

Un país de idiotas

Me agrada que el señor Boyero se atreva a decir en público que somos bastante idiotas (casi todos, que las generalizaciones absolutas en estos temas siempre son injustas y falsas). Estoy de acuerdo con él pero me gustaría decir que el tema que saca a colación para llegar a tal conclusión no me parece acertado. Yo diría que la mayoría de los debates sobre temas absurdos se comienzan entre los periodistas (comunicadores, políticos, tertulianos o cualquiera que hable o escriba en los medios de comunicación). La gente, el pueblo manipulable, el resto de los que no tenemos un púlpito desde el que "predicar", nos limitamos a escuchar las cosas que se nos cuentan desde esas atalayas tan poderosas.

Con ese machaconeo, es normal que luego, en nuestras charlas diarias, hablemos de esas mismas cosas y, en ocasiones, lo hagamos con la misma vehemencia con la que se expresan nuestros ídolos mediáticos.

En fin, señor Boyero, creo que la responsabilidad máxima sobre la estupidez que se difunde en el pueblo llano, es de los que difunden ideas necias desde los medios de comunicación (en connivencia con los políticos a los que cada cual apoye).  Lo de la camiseta es una memez, sin duda, pero no acarrea (creo yo) consecuencias terribles para nadie. Otros mensajes, como los de corte nacionalista, devenidos en independentistas en los últimos tiempos, sí que son peligrosos (además de carentes de fundamento y bastante estúpidos, según mi limitado criterio). Pero decir que la gente que abraza los mensajes independentistas es idiota no queda bien. Decir que los que votan a ese grupo de políticos ignorantes que predican el odio y la confrontación son bobos, no sería aplaudido. Y es que no son ellos los responsables únicos de su propia memez, habría que haber estado en su pellejo durante los últimos cuarenta años para ver si no seríamos nosotros iguales tras tanto tiempo de machaconeo con el tema identitario y todas esas paparruchas nada progresistas y muy retrógradas (siempre según mi criterio, claro).

Llamar idiota a quien debate sobre los colores de la camiseta de la selección o a quien es votante del PP, parece molón, pero hacer lo propio con quienes defienden tesis nacionalistas e independentistas en un país como España, puede servir para que a uno lo cataloguen como fascista, intolerante o no sé cuántas lindezas más.

Resumiendo: casi todos somos fácilmente manipulables y, en consecuencia, idiotas. Pero el máximo nivel de responsabilidad la tienen los manipuladores, aunque con cierta edad y formación no podemos liberarnos los demás de nuestra parte de responsabilidad.

sábado, 5 de marzo de 2016

El valor del ejemplo


Esta mañana, mientras trotaba por las calles de Madrid, enfilando los últimos kilómetros de mi ruta de hoy, renqueando cuesta arriba, he visto como un chaval de unos 14 o 16 años bajaba comiendo con deleite un bocadillo envuelto en papel. Al llegar a la zona en la que el envoltorio le ha resultado incómodo para seguir gozando de nuevos bocados de pan con panceta (o lo que fuese), ha cogido el papel y, estirando el brazo hacia arriba con gracilidad, lo ha dejado volar hacia donde la brisa quisiera llevarlo.
En ese momento se cruzaba el mozalbete con un hombre de provecta edad que se ha quedado paralizado ante tal espectáculo,  algo así como quien viese ante sí un burro volando. Se ha vuelto para comprobar si aquel ser que se había cruzado con él era humano o espectral. Ha visto que parecía de carne y hueso y se movía como un humano. Tras mirar el envoltorio arrugado y ver que había una papelera justo al lado de donde había caído, ha llegado a la conclusión de que el pizpireto chavalín era, simplemente, un maleducado y ha hecho algo que no todo el mundo haría: ha cogido el papel y lo ha depositado en la papelera.
Yo, al cruzarme con el lanzador de papeles, le he interpelado diciendo:
 -creo que se te ha caído un papel.

Él, sorprendido de que un desconocido se dirigiese él,  parecía no haberse dado cuenta de lo que había hecho. Supongo que el chavalín estará tan acostumbrado a hacerlo y ver cómo otros de su entorno lo hacen, que para él es algo tan normal como respirar, mear o cagar.
Ante su asombro le he dicho:
 -Ah, no se te ha caído, que lo has tirado. Eres un poco marrano, chaval.
Y ahí ha quedado la cosa. Yo he seguido mi ascenso por la cuesta y, al llegar a la altura del simpático caballero que ha corregido la mala acción del travieso chaval, he agradecido su detalle de limpiar la guarrería del otro. Él me ha saludado confirmando con su gesto que no entendía a personas como el joven tira-papeles.
Tras esto yo me he preguntado: ¿de verdad lo que necesitamos es modificar la Constitución para redefinir el modelo de estado? ¿Es tan importante hacer otra reforma laboral, de la educación, de la sanidad y de qué sé yo cuántas otras cosas?

Es posible que lo sea, pero me temo que, mientras los chavales no vean a los mayores comportarse con civismo en cosas tan sencillas y simples como tirar papeles a la papelera, todo lo demás no valdrá para nada y será muy secundario.
Al señor que ha recogido la basura del chavalín y la ha depositado en la papelera lo pondría yo de presidente del gobierno. Él ha sabido que una buena acción vale más que miles de debates estériles entre gente cerril que sólo busca su beneficio particular y el aplauso de sus millares de fans igualmente cerriles,  mientras predica lo contrario de lo que ejemplifica con sus actos.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Se acabó el rodillo

Ya tenemos encima los festejos navideños y, como estoy ocioso, aprovecharé para hacer una redacción y ejercitar el arte literario para no quedarme anquilosado intelectualmente.

En estos días se habla mucho de la fragmentaria situación en la que ha quedado el parlamento español y se hacen cábalas sobre qué pactos son posibles y cuáles son improbables. Yo, en mi grandiosa ignorancia, me pregunto por qué parece tan intolerable que forme gobierno el partido que más escaños ha conseguido y, una vez hecha tal cosa, con el parlamento tutti-frutti que tenemos, que cada grupo  haga sus propuestas y que, con las enmiendas de unos y otros, se consigan los apoyos suficientes para sacarlas adelante. Así todos podrán hacer cosas y no estarán sujetos a la voluntad omnímoda de un partido con mayoría absoluta.

Cuando un grupo tiene mayoría absoluta, la oposición tiende a acomodarse en la inoperancia porque, proponga lo que proponga, lo habitual será que se lo echen atrás, no porque sea malo en sí, sino porque lo ha propuesto quien no ostenta el poder (jamás entenderé semejante criterio de casi todos los partidos). Estando todos los grupos en minoría, no les queda más remedio que trabajar para intentar que sus propuestas salgan adelante y, además, tendrán que poner en práctica eso del diálogo, la tolerancia y la democracia. Palabras que, habitualmente, se desgastan durante las campañas electorales y luego no tienen ninguna aplicación real.

Si se hace un pacto de legislatura sumando parlamentarios hasta conseguir una mayoría absoluta, volvemos a tener el rodillo de siempre. No quiero que nadie venda su voto a cambio de concesiones a su partido o su territorio favorito, quiero que cada cual defienda aquello en lo que cree y que tenga que negociar y ceder para conseguir llegar a acuerdos que complazcan, ahora sí, a una mayoría más amplia y variopinta.

Me da igual quién gobierne, la verdad, pero no me apetece nada que se vuelvan a repetir las elecciones hasta que se consiga una mayoría absoluta. Lo mismo rige para Cataluña. Que invistan a Atur de una vez y luego, una vez formado el gobierno, que todos propongan cosas y vayan negociando y aprobando o rechazando lo que sea menester, pero que dejen de marear la perdiz para salir en la tele a todas horas.

Ningún presidente puede hacer lo que le dé la gana solo por ser presidente. Hasta los decretos ley necesitan ser aprobados en el parlamento, así que ¿qué problema hay en que gobierne quien no nos gusta? El presidente solo es la cabeza visible, pero las decisiones las toma el parlamento (o eso creo), y en este parlamento habrá que trabajar para conseguir sacar cosas adelante. ¿No es eso lo que siempre ha querido tanta gente? Ahora los parlamentarios, además de ir a votar, tendran que proponer, debatir,  negociar, revisar, ceder, etc. Nadie quedará excluido a no ser que se empeñen en hacer pactos para ningunear a algún partido.

Por fin tenemos un parlamento decente ¿y vamos a disolverlo hasta volverlo a convertir en una mierda con rodillo en mano? Me da la impresión de que es lo que se busca.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Culpar al inocente

Otra vez nos ha tocado de cerca la barbarie terrorista. No de lleno, porque no ha sido en España, pero sí con gran impacto porque les ha tocado a nuestros vecinos franceses, cuya tierra es de libre acceso para nosotros, así como la nuestra para ellos.

Se multiplican los comentarios que hablan del aparente absurdo de que apenas nos afecten las salvajadas que día a día se producen en Siria, Líbano, Irak o cualquier otro de los muchos países en los que no viven en paz desde hace tiempo, pero nos movilicemos (aunque sólo sea en Internet) por lo que pasa en el occidente. Yo, que no suelo tener casi nada claro, creo que esto es de lo más normal: siempre afecta más lo que le ocurre a tu familia, a tu vecino, a tu paisano, que lo que le ocurre a alguien más lejano. No sé si es bueno o malo, pero me parece totalmente comprensible.

También hay quien se empeña en, no diré justificar, pero sí intentar razonar esta salvajada (tan incomprensible como las de los países que nos quedan más lejos), diciendo que "nosotros" tenemos gran parte de culpa en ello. Que "nosotros" hemos creado a la bestia que ahora se revuelve y nos ataca.

Cuando leo y oigo estas cosas me pregunto con qué derecho me meten a mí o meten a todos los que han sido asesinados por estos salvajes, en el saco de los que supuestamente han creado esos grupos de degenerados. Yo no he creado a ISIS ni a Al Qaeda ni a ninguna de esas alimañas. No sé si la CIA, el CNI o cualquiera de esos organismos habrán puesto alguna semilla para ello, pero, aunque así hubiese sido ¿Qué mierda de culpa tienen los asesinados?

Estoy harto de ser culpable de la conquista de América, de las Cruzadas, de la Santa Inquisición, de la dictadura franquista y, ahora, del salvajismo de los terroristas yihadistas. Os aseguro que yo no he tenido nada que ver en ninguna de las burradas que se han hecho antes del año 1966 y, de momento, en ninguna de las que han acontecido tras esa fecha gozosa de mi nacimiento.

Como dijo una de las pocas personas sensatas que parece que ha habido en la historia (a la que, como suele gustarnos hacer, cada cual interpreta como le viene en gana), "demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Los que asesinan sin ton ni son a gente que no está haciendo mal a nadie son los únicos merecedores de nuestra ira. No sus parientes, ni los que visten como ellos ni los que nacieron en su país. Es contra ellos contra los que  hay que luchar, sobre todo contra los cabecillas que, como suele ocurrir, estarán muy cómodos guarecidos en magníficas mansiones o jaimas mientras mandan a morir, con el cerebro puesto patas arriba desde la infancia, a un montón de pobres diablos que les hacen de mano ejecutora.

La desgracia es que estas alimañas no son fácilmente identificables porque se entremezclan entre otros paisanos inocentes que, por cierto, les importan aún menos que los occidentales a los que tanto odio parecen tener, así que acabar con ellos no es tarea fácil.

La situación es complicada y no se resuelve con frases bonitas ni metiendo en el mismo saco a los salvajes y a los inocentes. Yo no tengo ni idea de cuál es la solución, así que dejaré a nuestros gobernantes que hagan lo que estimen oportuno para que, en la medida de lo posible, nadie me pegue un tiro al grito de "Alá es grande".

Todo mi afecto para los familiares y amigos de todas las víctimas de la ingente masa de inocentes asesinados en todo el  mundo sin razón alguna para ello.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Ideales molones

Últimamente, con el rollo de la independencia de Cataluña, parece que se ha vuelto molón, "cool", guay y chachipiruli hacerse los comprensivos con esa ocurrencia que unos pocos, como suele pasar siempre, han contagiado a demasiados. No paro de oír a gente que culpa al gobierno central o, más bien, a Rajoy, del aumento de los seguidores de las tesis independentistas. Critican, con la boca pequeña, sacar banderas esteladas y, con la boca mucho más grande, exhibir banderas españolas. Hablan de lo malos que son todos los nacionalismos pero culminan su discurso diciendo que el nacionalismo español es peor. El caso es que yo no he visto a nadie (los hay, pero casi no se les hace caso, gracias a Dios) en los medios de comunicación defendiendo que España tenga que salir de Europa para liberarse del yugo del euro y de las directivas del Eurogrupo. Pero si alguien como los de Junts Pel Si o la CUP defienden cosas similares, son estupendos y se merecen estar en la tele a todas horas. Rajoy es denostado como cabecilla de la extrema derecha, pero Artur Mas parece que fuese el paladín de un ideario progresista de lo más avanzado.

Se vende como estupenda esa idea tan repetida de que todos los pueblos tienen "derecho a decidir". Esa frasecita es una más de las que se ponen de moda y decimos sin ton ni son, sin pensar en qué significa. ¿Qué es eso que tenemos derecho a decidir? ¿Cualquier cosa? Supongo que no querrán eso los que cacarean ese supuesto derecho, porque lo mismo se le ocurre a alguien someter a votación si se quiere expulsar de España (o de las múltiples españas) a los políticos y, con gran probabilidad, como somos fácilmente manipulables y bastante idiotas, saldría que sí.

La masa se moviliza con consignas tontas como la del "derecho a decidir". Tanto es así que se olvidan de que el que los ha movilizado dirige un gobierno, el catalán en este caso, que lleva varios años derrochando dinero en memeces que favorecen a unos pocos y dejando de emplearlo en cosas que son necesarias para muchos. Pero mola mazo salir a la calle rodeados de centenares de miles de conciudadanos a dar apoyo a ese sinvergüenza cuya única tarea de estos años pasados ha sido la de sembrar la discordia entre personas que convivían felizmente. Mola mucho transportar una cabeza de flecha alrededor de montones de personas sonrientes que creen que sus problemas se resolverán levantando una frontera más.

Luego, como el ser humano es así de contradictorio (¿he dicho ya que somos tontos?), tras pedir la creación de esa nueva frontera, reclamamos que se abra, esa y las que ya existen, para acoger a la gente que huye de países en guerra. Esto último me parece bueno, pero no entiendo por qué hay que ayudar a unos, las víctimas de las guerras, y no a otros, la gente de otras provincias españolas con menos renta. Me temo que, por desgracia, también es cosa de modas más que de ideas propias y meditadas.

Otra cosa que es muy molona es hablar de los sentimientos de los pueblos. Yo me pregunto qué leches es eso. ¿Qué es un pueblo? Yo diría que no es nada sin la gente que lo compone y también supongo que cada persona sentirá lo que le dé la gana. Eso de sacar una "media" de los sentimientos de todos para decidir cuál es el "sentimiento del pueblo" me resulta una memez de calibre superlativo.

Me cansa la sacralización de la democracia por parte de la gente que dispone de un púlpito desde el que difundir falsedades y enardecer a la masa para que secunde cualquier idea que se les ocurra proponer, por absurda que sea. No tiene sentido someter todo a votación. No podemos saber de todo ni tenemos la capacidad de discernir la mentira de la verdad a partir de tantas cosas que nos cuentan. Yo voto a mis representantes, a los que creo menos fantasmas y menos "bienqueda",  para que tomen ellos las decisiones. Cuando me parezca que lo hacen mal, dejaré de votarlos, pero no quiero que me den el tostón para solicitar mi opinión sobre cada iniciativa que tengan porque no tengo esa capacidad de decisión. Además, no quiero darles la justificación para que, al cagarla, se refugien en el "lo decidieron los ciudadanos".


Es demasiado fácil unir a la gente cuando se inventa un enemigo contra el que ir, pero es mucho más difícil esgrimir argumentos sensatos que convenzan a la poca gente sensata que hay en el mundo. Somos idiotas y gregarios, sí, lo somos, y nos gusta sentirnos parte de un grupo grande. Preferimos la fuerza a la razón y, desgraciadamente, no siempre los más fuertes tienen la razón (yo tampoco suelo tenerla).

lunes, 27 de julio de 2015

Sobre el ERE de Indra (que no debería llevarse a cabo)

En la empresa para la que trabajo (cuando me dejan y se aclaran con lo que tengo que hacer), que se llama Indra, la dirección, que consta de unas cuantas personas muy preparadas con currículos impresionantes, se ha propuesto un ERE para "salvarla" del desastre.
El caso es que el año pasado hubo beneficios (o eso dijeron) y este año hay pérdidas (o eso dicen). ¿Quién es culpable de este cambio de tendencia? No lo sé, pero parece que los que regían los destinos de Indra hasta el desastre, no eran responsables, en otro caso no se les habría dado el premio  de varios millones que se les entregó al ser destituidos.

La nueva cúpula llegó con ganas de arreglar el desaguisado y, como habrán aprendido en alguna de las buenísimas universidades por las que han pasado y en las múltiples empresas en las que han dejado su brillante impronta de magnificencia gestora, han propuesto hacer un ERE para "limpiar" Indra de unas 1.850 personas que lastran (o lastramos) el crecimiento de la misma.

Dudo mucho que alguno de los que han propuesto este plan de "saneamiento" sepan qué se hace en el sector que quieren sanear (el de desarrollo y mantenimiento de sistemas de información). Me extrañaría que nuestro nuevo presidente, desde que llegó a Indra hace unos meses,  se haya preocupado de saber quién es el empleado más antiguo o qué personas destacan por los logros conseguidos en sus años como empleados de la empresa que ahora dirige. No entiendo que alguien que no sabe casi nada de la gente de la empresa que preside ni de cómo se hace eso a lo que se dedica la compañía, pueda idear un plan sensato para sacarla del atolladero.

Probablemente el sesudo estudio de viabilidad de la empresa (que, si no me equivoco, se ha encargado a otra empresa que habrá cobrado un buen dinerito) se ha basado únicamente en números: número de empleados, salarios, horas trabajadas, horas de baja, beneficios o pérdidas de los proyectos acometidos, etc.
La esencia de una empresa son las personas que la forman, pero para algunos la empresa es sólo un nombre, un logo y, sobre todo, una cifra que indica la cotización de sus acciones.

Dirán que la empresa es inviable si no se echa a los 1.850 que ellos han escogido (me encantaría saber cómo se llega a esa cifra), pero lo cierto es que durante este año ha habido nuevas contrataciones y se han subcontratado los servicios de personas de otras empresas.  Si sobraba gente ¿por qué se hizo eso?
Supongo que lo que quieren es echar a los que ganamos de 2.000 euros mensuales en adelante para contratar a gente a la que no pagarán mucho más de 1.200. Es cierto que así se ahorra dinero, pero no es menos cierto que la experiencia de muchos de los "vejetes" a los que echarán, también tiene su valor.

Para ser justos, no todos los de la capa mindundi son santos. Es probable que haya golfos y gandules que merecerían ser expulsados, pero me cuesta creer que haya 1.850 gandules en Indra.
Algún iluminado de los que ha ideado el plan de "saneamiento" dirá que las empresas no son ONG's, y lo dirá sin ruborizarse mientras cobra un sueldo de más de 100.000 euros anuales por no hacer mucho más que asentir a lo que le diga cualquiera que gane unas decenas de miles más que él y se sitúe por encima en el escalafón.

Más que una ONG, algunas empresas parecen un chiringuito en el que unos listillos se reparten sueldos salvajes para premiar la gran responsabilidad que asumen con su cargo. El caso es que, cuando la cagan, la asunción de responsabilidades consiste en que se van de la empresa con una "indemnización" millonaria. ¿Por qué se indemniza al responsable del daño en lugar de a la víctima?
Comprendería los sueldos elevados si, al demostrarse su responsabilidad en el deterioro de la empresa, se quedasen en la calle, sin más que lo que hubiesen ahorrado (que podría ser mucho si no lo gastasen en vivir a todo tren).

Todos los días veo que hay ofertas de trabajo de empresas que reclaman profesionales del perfil de los que quieren echar de Indra así que, trabajo hay. Siendo así las cosas, dado que estos ejecutivos que van "salvando" empresas son tan listos ¿no sería mejor que, en lugar de aplicar en todas las compañías la misma receta, pensasen un poco en cómo hacer bien lo que se ha hecho mal hasta ahora?

Tal vez organizando las cosas adecuadamente, Indra podría hacer ofertas para las centenas de proyectos informáticos que se demandan en España y en el mundo. Pero hacer eso sí que requiere gente preparada, conseguir reciclar a las personas para que hagan nuevas cosas y organizar los grupos de trabajo para que sean eficaces, precisa de gente que tenga conocimientos técnicos y de gestión, no basta con cuatro "diosecillos" que por tener un MBA por la Universidad de Wisconsin y estar certificados en ITIL y en metodologías ágiles, se creen que lo pueden todo.

Dirigir y gestionar empresas y proyectos es algo muy difícil, pero, por desgracia, hay demasiados listillos que acaban llegando a esos puestos y ponen en peligro empresas que podrían funcionar de maravilla de no ser por su absurda ambición y sus nulos conocimientos.
Esperemos que no prospere el ERE (rima y todo).

viernes, 15 de mayo de 2015

Mitin electoral


Estamos en plena campaña electoral y, como hay mucha gente diciendo bobadas, me animo a decirlas yo también.
Nos cuentan que estos días previos a las elecciones sirven para que los candidatos nos expliquen sus programas, sus propuestas, sus ideas y qué sé yo cuántas cosas más, pero lo que más se comenta en los medios de comunicación y en las maravillosas redes sociales (o eso me parece), son las cosas negativas que unos dicen de otros. Tanto es así parece que no hagan más que eso.
Oigo decir a muchos políticos que los ciudadanos no son tontos, pero luego dicen que hay que ser idiota para votar a cualquiera que no sea de su partido. Nos dicen que la ciudadanía es inteligente, pero luego nos convocan a mítines en los que se regalan banderitas y gorras, y en los que, se diga lo que se diga, cuando el ponente sube el tono, la gente aplaude. Eso sí, mejor no preguntar a los que aplauden sobre la razón por la que lo hacen, porque posiblemente nadie lo sabría.

En la web se ve a mucha gente activa resaltando lo malos que son algunos y, en algunos casos, insultando sin ton ni son a cualquiera que pudiera haber pensado en votar a un partido que no sea el que ellos han decidido apoyar, pero entre insulto que va e insulto que viene, todos son la mar de demócratas, tolerantes y amantes del diálogo.
También existen personas, políticos y no políticos, que, al hablar, parece que tienen la solución a todos los problemas del mundo (en este caso de España, de su comunidad autónoma o de su pueblo). Todo es muy fácil cuando es otro el que tiene que hacerlo. Estamos cansados de ver a los dos partidos que han ido turnándose en el poder, cómo desde la oposición critican al que lo ostenta por no hacer cosas que ellos tampoco hicieron cuando pudieron.

Muchos ya nos hemos cansado de esos dos partidos y sus tonterías, y ahora, como somos la pera, vamos a votar a otros partidos que "seguro" que van a comportarse decentemente y van a arreglarlo todo.
Otros, que son más tontos (bueno, no, tontos no, que los que somos demócratas de toda la vida tenemos que ser respetuosos con todas y todos las ideas y los ideos), seguirán votando a esos dos partidos plagados de corruptos.

En fin, creo que ya he dicho suficientes memeces, así que sólo me queda pedir el voto (es lo que se hace en las campañas). Yo no lo pediré, pero os diré a quién voy a votar y por qué, así veréis que soy tan tonto como casi todo el mundo.

Voy a votar a UPyD porque me fastidia que, sin haber hecho nada malo (o eso creo), hayan perdido a la mayoría de los votantes (que tampoco eran muchos). La verdad es que no he leído su programa para las autonómicas y para las municipales, y ni siquiera pongo cara a los candidatos, pero me apetece votarles porque me caen bien los seres marginales, y creo que este partido lo es ahora y lo va a ser aún más.
Estoy harto de los partidos famosos, que ahora son cuatro en lugar de dos. Me cansa oír tontunas de todos ellos y me encanta no oír nada de UPyD, así no pueden caerme mal.

Parece que los partidos famosos (los cuatro actuales), dicen lo que creen que les va a dar más votos, pero los que han quedado en UPyD dicen lo que estiman oportuno, aunque les vaya a conducir a la desaparición. Me fío más de quien dice lo que piensa que de quien dice lo que le conviene. Pero como tampoco he oído todo lo que dicen todos, estaré equivocado (de eso sí que estoy seguro).
Ya he terminado mi discurso, pero se me ha olvidado subir el tono para que me aplaudáis, así que os libráis de ello (tampoco os daré gorras ni banderitas ni bocatas).

Y ahora, id a meditar vuestro voto y, si queréis compartir los motivos que os impulsan a votar a quien votéis, hacedlo aquí o en una plaza de toros (lo segundo es bastante más caro).

domingo, 12 de abril de 2015

Redacción para el domingo

Ayer vi en la tele a Willy Toledo (¡quién iba a pensar que Willy sería mi musa!) hablando de lo terrible que es el sistema en el que vivimos y de la falta de democracia que padecemos, para luego decir que había estudios que decían que había ciudadanos de la parte oriental del antiguo "telón de acero" que echaban de menos la vida que tenían antes. Es posible que haya quien eche de menos aquello (para todo hay gustos), pero no entiendo que se hable de falta de democracia en nuestro sistema (tal vez la haya) y, a renglón seguido, se intente defender la bondad de sistemas en los que la democracia, sencillamente, no existía (o no existe, como es el caso de Cuba).

Lo que no puedo negar es que la aparición del señor Toledo, me hizo mantener la atención del debate entre políticos, periodistas, intelectuales  (a ver si alguien me explica lo que es un intelectual) y... Willy Toledo (creo que él va como miembro de eso que se llama "el mundo de la cultura"). Como suele pasar en casi todos estos debates, no se llegó a ninguna conclusión. Cada cual dice lo que quiere y no es capaz de cambiar su posición un ápice ni de responder claramente a lo que se le pregunta. Tanta palabrería me hace pensar en lo fácil que es "resolver" todo hablando y lo complicado que parece ser hacerlo con hechos.

Todos cargamos las tintas contra los políticos y su aparente o real inoperancia, pero si miramos en entornos más cercanos, el laboral, por ejemplo, vemos que la memez que observamos en el mundo político no le es ajena.
No sé lo que ocurrirá en las empresas pequeñitas, de tres o cuatro empleados, pero en las de cierto tamaño, el politiqueo y el exceso de burocracia lo copan todo. Cualquiera que sea un poco observador, se dará cuenta de que por encima de los que hacen algo productivo, se apila  una elevada columna de burócratas que no saben hacer la o con un canuto y cuya misión única parece ser la de pasear con su portátil abierto (no saben que se puede configurar para que, al cerrar la tapa todo siga igual que mientras está abierta) de un lado a otro preguntando a unos por el porcentaje de avance de sus tareas para decírselo a otros que, a su vez, se las cuentan a otros, y así sucesivamente hasta que la información, convenientemente  falseada, llega al líder supremo que no sabe a lo que se dedica la empresa pero tiene montones de informes llenos de gráficos coloristas muy bonitos cuya información es completamente falsa .

Lo que no entiendo es por qué hay tanta gente deseando dejar de hacer cosas útiles y con algo de sentido para dedicarse a trabajar como "correpasillos". Bueno, supongo que una de las razones es que esa absurda labor se paga mejor que la de producir cosas concretas y útiles (no es poco).
También es cierto que los que estamos en la capa mindundi (a pesar de nuestra provecta edad), acabamos un poco cansados de que nos lleven de un lado a otro pretendiendo que, sin que nadie nos dé una mínima formación, nos pongamos a hacer lo que sea con total maestría desde el primer instante en que nos sueltan en el nuevo entorno.

Tal vez deberíamos estar contentos de ver que alguien piensa que somos polivalentes y estamos preparados para todo, pero es algo que también genera cierta tensión porque, inicialmente, eres el más ignorante del grupo y, cuando ya te has puesto a tono con lo que allí se hace, como has sido el último en llegar, eres el primero en salir (como en Gran Hermano, igualito), y vuelta a empezar. Menos mal que, con la edad, uno aprende a tomarse las "directivas" de tanto lidercillo panoli a chufla y a expresar sin temor aquello que se piensa (procurando no dejar de lado la educación, aunque a veces cueste).
La pena es que, cuando uno intenta razonar con ciertos panolis, ellos, para mantener su postura, suelen utilizar la única herramienta que su escasa capacidad de raciocinio les permite, que no es otra que la de replicar esto:

 -Es cierto lo que dices, pero es que esto lo manda Don Perico de los Palotes, y no podemos hacer otra cosa.

A lo que algún listillo como yo, les responde:
-Ya que crees que esto no tiene sentido ¿no puedes tú comentar a Don Perico, del mismo modo que yo te lo he dicho a ti, que sería mejor hacer las cosas de otro modo?

A esta pregunta no suelen responder porque, como es bien sabido, si se quiere "progresar", hay que asentir a todo lo que diga tu superior, aunque te parezca una sandez o esté claramente equivocado. Se prefiere gente dócil que gente con criterio. Se valora más a quien dice que sabe que a quien sabe de verdad. Se cuenta más con el "paripeitor" que con el que procura hacer su trabajo lo mejor que puede sin protagonizar heroicidades de esas que consisten en poner el trabajo por delante de cualquier otra cosa en la vida (incluida la familia).
Y, tras este rollo, me pregunto: ¿a qué venía todo esto?

domingo, 1 de febrero de 2015

Simples verdades y absurdas mentiras


Ayer, como otros muchos días en Madrid, hubo una manifestación. Esta fue convocada, o eso creo, por Podemos, el partido de moda desde hace bastantes meses. Acudió mucha gente, incluso muchísima. Hay un magnífico blog llamado El manifestómetro en el que unas abnegadas personas se dedican a acudir a diversos eventos masivos para identificar los límites de la zona que se llena de gente y luego, con ayuda de Google Maps, hacer una medición del área de la zona "habitable" y calcular la cantidad de gente que cabe en ella a razón de una, dos, tres o cuatro por metro cuadrado. De este modo se obtiene un mínimo (una persona por metro cuadrado) y un máximo (cuatro por metro cuadrado) de asistentes en un momento dado. La cantidad real estará entre medias del mínimo y el máximo, pero nunca será menor de lo primero ni mayor de lo segundo, salvo que haya habido un gran flujo de gente llegando y marchándose, renovándose el grupo cada poco tiempo.
Es una medición sencilla pero bastante adecuada para dar una idea correcta del nivel de asistencia a este tipo de actos. Es algo tan fácil de hacer que uno se pregunta cómo es posible que las autoridades y los organizadores no sean capaces de llevarlo a cabo. Es más, ya que parecen incapaces de dar una cifra sensata, no entiendo por qué no se remiten a estos voluntariosos operarios de El manifestómetro para dar los datos que ellos, de modo totalmente gratuito, publican en su web.
¿Cómo es posible que en los noticieros se digan cosas como: "los datos de asistencia varían entre 50.000 y 200.000 asistentes según la fuente consultada"?
¿Pero qué mierda de fuentes son esas? o ambos mienten como bellacos, o hay uno que lo hace con descaro. Pero la realidad es que ahora el que crea a cualquiera de las fuentes cuyos datos se desvíen en exceso de los que nos da la gente de blogs como el que he mencionado antes, lo hará porque quiera engañarse a sí mismo.
Podría ser que ese blog también mienta, pero viendo los datos de decenas de manifestaciones de todo signo y tendencia que han publicado, dudo que tengan interés alguno en manipularlos. Lo que sí veo es que las autoridades y los organizadores siempre suelen pasarse al alza en sus estimaciones. Sí, incluso los que parecen interesados en hacer ver que fue poca gente, dan datos más abultados que los reales.
A poco que se piense y se hagan unos cálculos, se puede comprender que concentraciones de más de 200.000 personas son prácticamente imposibles de conseguir, por espacio en las zonas ocupadas y por capacidad en los transportes públicos. Pero a la gente le mola pensar que es posible y, no solo eso, que es absolutamente cierto.
Ayer, un comentarista de la entrada de la marcha del cambio, que, además, había estado en la manifestación, decía con total soltura que el que había hecho los cálculos indicando que el máximo por metro cuadrado era de cuatro personas, no sabía lo que decía, que él estuvo en Sol y allí había no menos de ocho personas por metro cuadrado. ¿Sabrá ese caballero lo que es un metro cuadrado? ¿o será una de esas personas que confunden la verdad con lo que ellos quieren que ocurra?
¿Acaso son pocas 113.000 personas? A mí me parece impresionante que se pueda reunir a tanta gente en el centro de Madrid. ¿Por qué hay quien necesita exagerar los datos reales de un modo tan absurdo?
Si alguien me miente en lo que es fácilmente comprobable ¿cómo pretende que le crea en cosas más discutibles?
¿Por qué nos empeñamos en llamar mentirosos a los demás (sobre todo políticos de tendencias ajenas a la nuestra, si nosotros mismos nos engañamos con chorradas de este estilo?
¿Cómo no nos van a engañar otros si somos los primeros en engañarnos a nosotros mismos?
Digan lo que digan (como canta Raphael), la manifa de ayer tuvo un éxito incontestable, me guste o no me guste lo que pregonen sus convocantes. Y no hacen falta millones de personas en la calle para verlo así. La verdad, aunque no sea tan impresionante, es más eficaz que la mentira desbocada y estúpida.
P.D.- No me gustan las manifestaciones porque, en la masa, se pierde un poco lar cordura y nos limitamos a repetir letanías más o menos tontas, pero no me parece mal que, quien así lo desee, lo haga. En cualquier caso, no entiendo que en una manifestación como la de ayer, que se supone que está llena de gente que quiere lo mejor para los españoles, hubiese más banderas griegas que españolas, y lo dice alguien que desprecia cualquier tipo de nacionalismo y que piensa que la nacionalidad de cada uno no es otra cosa que una lotería que nos ha tocado (unas veces buena y otras veces mala).

sábado, 10 de enero de 2015

¡Libertad Diodenal ha sido premiado!


La autora del blog Desde mi ventanilla, me ha galardonado con el premio "Best Blog". Como hay que mantener el anonimato de tan magnánima persona, me abstendré de mencionar ciertos detalles que podrían haceros pensar que este premio es un acto más de corrupción de los que tanta costumbre tenemos ya de escuchar día a día en la prensa. En cualquier caso esta sería una corrupcioncilla porque el premio no tiene dotación monetaria.
Aquí exhibo, para gloria mía y de los que colaboran en este reducto de libre y necio pensadores, el bonito sello de calidad bloguera que se nos ha otorgado (es de estilo "Hello Kitty" pero mi gran tolerancia acepta esa indignidad y muchas más).


La aceptación del premio implica responder unas preguntas que se me han lanzado, cosa que me ahorra pensar en algún discurso con el que extenderme en loas a mi benefactora, cuyo blog es, sin duda, mucho más interesante que el mío y, además, tiene la letra más grande, para que la gente con vista cansada pueda leerlo sin necesidad de hacer zum (acabo de comprobar que ya está aceptada esta hispanización de "zoom") en el texto de su navegador.
Vamos a las preguntas:
-¿Cuando empezaste el blog y por qué?
Fue allá por el año 2005. Recuerdo que trabajaba yo para una gran empresa que da servicios informáticos a un gran banco español. El caso es que atravesaba una de esas épocas en las que, dado lo complejo de la actividad de estas compañías, que van obteniendo proyectos según se va pudiendo, yo andaba bastante desocupado. Comenté mi situación con mi amigo Ricardín y me propuso escribir un blog. Yo le dije que para eso tendría que tener uno y, él, que tampoco debía tener mucho trabajo que hacer, me dio de alta LibertadDiodenal y, además eligió para mí el absurdo y original nombre de Meteorismo Galáctico.
Como ves, estimada Zarzamora, mi motivación es excesivamente prosaica. Habría sido más bonito decir que siempre tuve ganas de contar al mundo cosas con un estilo desenfadado y jocoso, pero lo cierto es que comencé gracias al ocio laboral del que he hablado alguna vez en alguno de mis escasos escritos.
-¿De qué entrada estás más orgulloso?
El orgullo y yo estamos peleados. Puedo estar más o menos contento con lo que he escrito y, sobre todo (se escribe separado, lo digo por la ingente cantidad de personas que usan el "sobretodo" que significa lo mismo que "guardapolvo"), con el debate que se haya suscitado a partir de ello, pero de eso a sentir orgullo, va un trecho largo.
Me reí mucho con la aventura, real, que narré en Tormenta en mi interior.
-¿Haces alguna publicidad del blog?
La verdad es que no, salvo que, en ocasiones, informo a algún que otro conocido de su existencia. Esto, unido a que, cada vez que publico algo, aparece en mi muro de Facebook, hace que el anonimato de Meteorismo Galáctico sea una filfa, pero así me obligo a ser más comedido en mis escritos, cosa que, lejos de suponer una cortapisa a mi libertad de expresión, contribuye a que piense las cosas un poco más de lo habitual antes de escribirlas.
-¿Crees que tu blog tendrá fecha de caducidad?
Yo diría que, desde que mi frecuencia de escritura se ha puesto en un artículo cada dos meses, podría decirse que Libertad Diodenal ya está bastante caduco, pero creo que, esporádicamente, cuando me apetezca, sin presiones ni sentimientos de obligación, seguiré escribiendo hasta que mi estulticia haya llegado al punto de dejar de saber escribir.
-Cuenta alguna anécdota relacionada con el blog
Supongo que, a lo largo de estos casi diez años, habrá habido más de una anécdota que contar, sobre todo en los primeros tiempos, en los que los debates (casi siempre absurdos) eran largos y divertidos, pero en mi memoria destaca la aventura de Kashuma, un pintoresco personaje que se aprovechó de mis ganas de hacer una buena acción y se quedó con el dinero que le presté tras tragarme toda la falsa historia que me contó.
Gracias a la publicación de tan rocambolesca aventura, descubrí que antes que a mí, había timado a más gente y que, después de mí, siguió timando a muchos más durante varios años. La cosa comenzó para este humilde narrador en mayo de 2006, y el año pasado aún recibí algún comentario de personas que habían vivido una aventura similar. En el año 2012, gracias a que la historia del timo del músico japonés ya tenía cierta notoriedad en la web, un bilbaíno consiguió que la policía detuviese al simpático timador. No obstante su detención no sirvió de nada y el año pasado (2014) volví a tener noticias de que seguía actuando en España.

Y con esto damos por terminado el cuestionario y yo, para demostrar mi falta de respeto a las normas, no otorgo el "Best Blog Award" a nadie, pero sé que hay miles de abnegados blogueros que lo merecen más que yo.
Ha sido grato hacer un poco de historia y darme cuenta de todo el tiempo que ha pasado desde que comencé con Libertad Diodenal.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Buena gente


Acabo de darme un magnífico homenaje gastronómico con un menú "Whopper" en Burger King y, al terminar, con las energías recobradas, he acudido a Ahorramás con mi bolsita de rafia (este detalle os lo cuento para que sepáis lo comprometido que estoy con la naturaleza) para comprar viandas con las que deleitar mi selecto paladar durante los días venideros.
En la puerta había un grupo de personas del banco de alimentos de Madrid. Uno estaba en la puerta y, tras saludar a todo el que entraba, le indicaba la posibilidad de ayudar comprando productos no perecederos para entregarlos a la salida a otras dos personas que estaban organizándolos en cajas.

Esto me ha hecho pensar en lo eficaces y útiles que son algunas personas que, para más mérito suyo, no cobran un duro por su trabajo, y lo gravosos, inútiles o, peor aún, contraproducentes, que son otros que, además, cobran sueldos bastante suculentos. Podría pensarse que en este último grupo sólo meto a algunos políticos (no todos son malvados e inútiles), pero no, también incluyo a montones de personas de grandes empresas y de algunas pequeñas.

Pero no quiero hablar de las tontunas que hacen unos sino de las buenas cosas que hacen otros. A hablar de los sinvergüenzas, para hundirlos o hacerles la pelota, ya dedicamos demasiado tiempo.
Hay por ahí gente magnífica que dedica su tiempo libre que, en ocasiones, es todo su tiempo, a intentar hacer la existencia de otros un poquito menos ingrata, y eso merece un aplauso y nuestro reconocimiento.

Casi todas esas personas permanecerán toda su vida en el anonimato y sin que algún rey campechano, algún periodista o algún renombrado artista o deportista se fotografíen con él. Creo que pequeño Nicolás tampoco se hará "selfies" con la gente de esos entornos. Pero supongo que eso importa poco a esas personas, porque lo que hacen, unos lo harán por convicciones religiosas, otros por el gusto de sentir que hacen algo verdaderamente útil y otros... ¡Qué sé yo! El caso es que lo hacen y es bueno, así que ¡qué más da su motivación para ello!
Si contásemos a todos los abuelos que cuidan a sus nietos; a todos los padres dispuestos a acoger a sus hijos de nuevo en casa si las cosas les van mal;  a todos los hijos y nietos que cuidan a sus mayores enfermos; a todos esos grupos de personas que visitan a enfermos solitarios o a chavalines que pasan en los hospitales demasiado tiempo;  a los médicos y enfermeros (estas palabras incluyen también a las mujeres, no me llaméis machista) que van durante sus vacaciones a países que los necesitan; a personas que acuden a ayudar allá donde haya una catástrofe; a la gente que, en el trabajo, ayuda a integrar a los que llegan nuevos a la oficina; a los que siempre tienen una palabra de ánimo o una tontuna en la boca para animar a quien está decaído; a los que saludan sonrientes aunque lo estén pasando mal y a los de devuelven el saludo aunque no conozcan al que, con tanta simpatía los saluda; a los que enseñan al que no sabe; a los que pasan papel higiénico por debajo de la puerta al que se ha quedado sin él; a los que avisan al que tiene la bragueta bajada; a los que son capaces de decir a su jefe de que su propuesta es absurda; a los jefes  capaces de corregir a los empleados indicándoles cómo hacer bien las cosas; a los que mean dentro de la taza y usan la escobilla o secan las gotas que caen fuera; a los que usan los intermitentes cuando conducen su coche y, además, saben cómo actuar en las rotondas; al chavo del ocho... Si contásemos a todos los mencionados, decía, serían tantos que todos los del caso Gürtel, los del caso Malaya, los de los eres, los del caso Bárcenas, los de la trama Púnica y tantos y tantos otros, serían cuatro gatos al lado de la masa de gente decente.

Pero eso sí, que nadie se duerma en los laureles, que todos somos capaces de hacer un favor con una mano y usar la otra para llevarnos lo que no es nuestro. Ni unos son unos demonios integrales ni otros unos santos canonizables en vida.
¡Vaya mierda de conclusión a la que he llegado! ¡Con lo navideño y bonito que me estaba quedando el texto!

sábado, 18 de octubre de 2014

Lo que interesa a la ciudadanía


Es sábado. El sol brilla y hace una grata temperatura. Si no fuese porque Estoy un poco acatarrado y no quiero agravar mi estado, me habría ido a trotar para broncear mi calva y quemar unas cuantas calorías de esas que ingiero a diario. El caso es que, en este estado en el que me encuentro, hacer de escribiente no puede hacerme ningún mal, así que me he puesto a ello y, mientras espero a que me llegue alguna idea sobre la que soltar un rollo, voy haciendo esta introducción.
Parece bastante claro que, cuanto más se habla de algo en los medios, más hablamos nosotros (la gente) de ello. Y, cuando el tema de moda (podría llamarlo "trending topic", pero no me da la gana) cambia, el foco de nuestra preocupación varía igualmente.
No sé si recordáis que, hace un par de meses, la preocupación mundial era todo lo relativo a las decapitaciones de esos salvajes del Estado Islámico. De vez en cuando se repatriaba a algún occidental aquejado de ébola a su país y el foco cambiaba momentáneamente.
Luego el enfermo moría y todo se calmaba hasta que llegaba alguna noticia sobre Pujol. Entonces pensábamos, una vez más, que todos los políticos, de antes y de ahora, son unos sinvergüenzas.

Pasaban unos días y el señor Mas nos contaba sus nuevos planes acerca de la "consulta". Se nos olvidaba lo de Pujol y unos pensábamos que los nacionalistas catalanes son muy pesados mientras otros decían que es muy democrático dejar votar a la gente (al grupo que uno quiera, no a todos) para preguntar cualquier cosa.
Después aparece alguien que estuvo atendiendo a un enfermo de ébola y se infectó. Se nos olvidan las bobadas de Mas, nos asustamos mucho y nos cuentan que lo que hace unas semanas nos dijeron que estaba perfectamente organizado y "protocolizado", resulta que era una chapuza. Nos asustamos aún más y pedimos dimisiones en nuestras reuniones de café diario. Algunos más comprometidos salen a la calle a insultar a la ministra de sanidad y a cualquiera que tenga pinta de ser su amigo.

A los que nos pareció bien repatriar a los españoles enfermos de ébola en su momento, ahora nos parece que fue una decisión inaceptable. Pedimos que no se sacrifique al perro de la enferma porque es una crueldad, pero, eso sí, nos olvidamos de que ese perro está en una vivienda con vecinos que, tal vez, no quieran arriesgarse a tener allí un posible foco de ébola.
Otros piden que se estudie al perro, así no estará suponiendo un peligro para los vecinos y se podrán sacar conclusiones interesantes sobre la enfermedad. Pero los que piden eso no se dan cuenta (o sí) de que el estudio lo tienen que hacer personas que correrán un riesgo y que, para hacer un estudio, antes hay que saber qué estudiar y cómo hacerlo.

Criticamos mucho a los políticos porque toman decisiones apresuradas y sin preparar nada, pero nosotros somos igual de idiotas (aunque nuestra responsabilidad es menor, eso sí) y pensamos que, efectivamente, se pueden poner en marcha cosas complejas  de un instante a otro.
Gracias a Dios, la auxiliar enferma está mejorando, así que lo que interesa hoy es la asamblea constituyente de Podemos.

¿Qué será lo que importe a la ciudadanía mañana? Entre los políticos y los periodistas, nos lo harán saber. Tened paciencia.
P.D.- No he hablado de Gran Hermano porque sé que no os interesa ese gran "estudio sociológico" a casi ninguno, pero, por si hay algún bicho raro leyendo, diré que Lucía fue expulsada y que todo puede pasar entre Paula y Omar. No me digáis que no es emocionante.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Se acaba el verano, pero no las tontunas

 

El verano va terminando y es hora de escribir algo para desentumecer mis dedos tecleando un rato. Yo no he hecho nada reseñable ni de interés, pero nos han contado que en el mundo han pasado cosas que, según parece, son importantes.
Hace unos días murió Emilio Botín, pero su sucesión se tramitó en un ratillo, así que ese tema podemos dejarlo estar porque no ha generado problemas. Eso sí, parece que lo del sistema dinástico no es algo privativo de las monarquías. De hecho ocurre en muchas partes. La frutería de abajo la regenta ahora el bisnieto del que la fundó. El bisabuelo se la legó a su hijo, éste al suyo y, finalmente, llegó al actual propietario.
¿Os lo habéis creído? Pues es mentira porque Valdebernardo no lleva tantos años existiendo, pero como lo he afirmado con rotundidad, la mayoría de vosotros no sabe nada de este bonito barrio y, además, yo os parezco digno de confianza (salvo a algún lector que, con bastante razón, me llamó parásito), os he engañado con gran facilidad.
Hablando de mentiras, de modo misteriosome ha venido a la cabeza la celebración de la Diada Catalana. ¿Qué tendrá que ver eso con las mentiras? -diréis algunos- pues yo diría que mucho, porque en cuestiones históricas es extremadamente fácil falsear las cosas. Hay documentación que avala unas cosas y documentos que demuestran las contrarias, y cada cual se aferra a aquello que le da la razón.
¡Nuevamente os he engañado! No tengo ni idea de historia y, mucho menos, de si existen documentos que dicen una cosa y documentos que cuentan la contraria, pero lo mejor es que en casi cualquier movimiento masivo basado en legitimidades históricas, la mayoría de los seguidores no tienen ni idea de cuál es la verdad sobre lo que se defiende. Se limitan a ser fans de sus carismáticos líderes y les parece bien cualquier cosa que digan, por muy absurda que sea. Da igual que hoy digan blanco y mañana negro, el apoyo se lo darán igual (o se lo daremos, que yo tampoco me escapo de esta actitud tan tontorrona).
Yo, como todos sabéis, soy fan de Belén Esteban, así que, cualquier cosa que ella diga, la defenderé hasta las últimas consecuencias. Lo mismo pasa con los fans de los líderes independentistas o de muchos otros. Les han contado que ahora está todo fatal por culpa del latrocinio del malvado estado español (no lo pongo en mayúscula para no ofender) y se lo han creído. Hay que reconocer que algo de latrocinio (tal vez demasiado) sí que ha habido, y sigue habiendo, por parte de ese estado maligno y opresor, pero me temo que tampoco se han quedado mancos en el "estadito" que algunos quieren crear como medio de llevar la felicidad a sus habitantes.
Hablan a todas horas de eso que se llama "identidad catalana", pero lo cierto es que, en caso de celebrarse la dichosa consulta, votarían los empadronados en Cataluña que, hasta donde yo sé, no tienen por qué ser catalanes. Pero muchos catalanes que no residen allí no podrán decir ni mu.  No sé si buscar un "piso patera" y empadronarme allí junto con doscientas personas más de fuera de Cataluña para poder votar en la famosa consulta. Lo malo es que creo que la mayoría de los que hiciesen eso, votarían sí a la independencia para que dejen de dar el tostón, cosa que no me gustaría porque haríamos un flaco favor a los muchos catalanes que quieren vivir tranquilos y con sus dirigentes dedicados a resolver problemas de verdad en lugar de a crear otros que no tienen sentido.
He llegado a ver algún debate, más bien intercambios orales de tontunas, en los que una gallega afincada en Barcelona defendía la independencia de Cataluña y un catalán de pura cepa reclamaba seguir siendo español. También vi uno de estos días alguna foto de una mujer ataviada con el sayal musulmán llevando de la mano a un niño con la bandera independentista. A la vista de esta pluralidad social me gustaría saber en qué consiste la identidad catalana.
No defenderé yo uniformidades culturales. Me encanta debatir con gente que piensa y hace cosas diferentes a mí. Incluso yo mismo, a veces, pienso cosas diferentes según pasan los días.
Me parece una tontería (perdón si alguien se ofende) buscar elementos de discordia para crear fronteras donde no las hay, pero me parece aún más tonto querer poner una frontera en España y seguir integrados en Europa. En fin, una contradicción de esas que confirman que los independentistas son tan humanos y tontos como lo somos el resto de los mortales.
Comprendo que un grupo de personas quiera dejar de pertenecer a un estado como ese que, desgraciadamente, se ha hecho famoso este verano: el estado islámico de Siria e Irak (aquí paso de poner mayúsculas por razones obvias), pero no veo la utilidad de dejar de estar unidos a España o, en el caso de Escocia, al Reino Unido. Bueno, tal vez sí haya alguien a quien le sea de utilidad: a los fabricantes de artículos comerciales de esas tontadas. He visto camisetas, zapatillas, relojes, calzoncillos, pantalones, etc., decorados con la bandera independentista catalana.
Lo que más me sorprende es que la gente compre esas cosas. Supongo que lo están pasando francamente mal por tener que arrastrar el yugo español sobre sus cervices, así que es admirable que, lo poco que no les roba España, lo usen para comprar esos artículos que, a falta de otra cosa más profunda, sean una muestra externa de su identidad, por eso visten con orgullo una camiseta y unos calzoncillos abanderados (no "Abanderado", que esos los llevo yo).
Si el problema es que se gestiona mal la riqueza de España, habrá que hacer algo (no sé qué) para gestionarla bien y sin saqueos, pero no veo que las secesiones solucionen nada. ¿Hasta qué nivel sería legítimo el "derecho a decidir"? ¿Hasta la comunidad de vecinos? ¿Hasta que cada persona fuese independiente de las demás? ¡Hay demasiadas cosas que no aclaran estos grandes intelectuales!
Se nos llena la boca de palabras bellas como solidaridad, redistribución de riqueza, progreso... Pero al final, somos todos una panda de egoístas que sólo miramos nuestro ombligo (el mío tiene pelotillas de algodón).

 

 

miércoles, 20 de agosto de 2014

Ocio pagado

Saludos a todos, queridos lectores:

Aquí me tenéis, escribiendo desde mi puesto de “trabajo” para entretener el ocio que me acucia desde principios del mes de julio. Menos mal que disfruté de mis vacaciones durante cuatro semanas que, de haber estado por aquí, hubiesen servido para acumular más ocio aún a mi currículum.

Sé que habrá mucha gente que no entienda que a uno le paguen por no hacer nada, pero también habrá otros que se alegren de saber que ellos no son los únicos que viven tan absurda situación. Sí, ya sé que es tonto alegrarse de cosas así, pero reconoced que uno se siente bien cuando sabe que no es el único que sufre.

Es probable que ahora haya quien se pregunte qué hay de malo en que a uno le paguen por no hacer nada, o cómo puede ser eso un sufrimiento.  La verdad es que, así, a bote pronto, reconozco que es mejor lo mío que no recibir sueldo alguno por estar ocioso.

Está claro que, para el que paga, sí debería ser algo malo porque gasta sin recibir nada a cambio, pero en estas grandes empresas, todo se diluye y, a pesar de que se generan todo tipo de informes para intentar saber qué hace cada cual y cómo de bien se cumplen las planificaciones de los distintos proyectos, la realidad es que, en general, hay bastante desbarajuste. Unos trabajan demasiado, otros no hacen (hacemos) nada y, para finalizar, también podemos hacer mención especial a aquellos que, sin hacer nada, no dejan de resoplar en su sitio para que los demás crean que no paran y que están liadísimos. Estos últimos forman parte de la gran masa de ases del paripé que pueblan las empresas (el de la foto que ilustra este artículo tiene un máster en paripé en el que Llongueras colaboró), pero este es otro tema que nos aleja del actual.

Podría pensarse que, si hay algún grupo que anda con ahogos y otro que está lleno de ociosos, podrían pasar éstos últimos a formar parte del primer grupo para darles un respiro, pero el caso es que cada proyecto es un mundo y, aunque todos somos capaces de hacer cualquier cosa, no lo somos de un día para otro. Además de eso, la burocracia requerida para hacer algo así, puede que sea más compleja que seguir con esta tonta situación.

Este tiempo de ocio podría dedicarlo a aprender nuevas cosas (a ratos me entretengo con ello), a leer novelas (es lo que me ocupa últimamente), a chatear con otros ociosos (una de mis actividades favoritas), a dormitar frente a mi pantalla (esto lo hago de modo involuntario y causa gran hilaridad a alguna compañera que me ha inmortalizado en varias fotos con los párpados cerrados y la baba cayendo por la comisura de los labios), etc.

Son, en fin, actividades que popularmente se conocen como “tocarse los huevos” o, en su versión más culta, “masajearse el escroto”. El caso es que tantas semanas haciendo eso me tienen con el saco escrotal en carne viva. ¿Alguien conoce alguna pomada para calmar mis dolores?

domingo, 15 de junio de 2014

Soluciones en 140 caracteres


No sé si antes del advenimiento de las redes sociales y de la posibilidad que ahora tenemos para opinar sobre cualquier cosa, éramos tan "listos" como somos ahora. En Twitter, además de decir tonterías, que es una cosa muy sana que a mí me encanta, hay gente a la que le gusta dar recetas para resolver los problemas del mundo en ciento cuarenta caracteres o, mejor aún, insultar con acritud a cualquiera cuyas ideas se crean inaceptables para el insultador que, por supuesto, es un ser tolerante, demócrata y dialogante.
En cuanto alguien difunde algo negativo de quien nos cae mal, lo publicamos en nuestro muro, "timeline" o comoquiera que se llame el artefacto de la aplicación correspondiente. Si es algo positivo para quien nos cae bien, también lo hacemos. Esto último, sea verdad o mentira, por lo menos no hace mal a nadie (o sí, dependerá del caso).
Muchas veces, con nuestra mejor intención, damos pábulo a cosas que son absolutamente falsas o cuya veracidad no hemos intentado comprobar de ningún modo. Es tan difícil confirmar la veracidad de las cosas que, particularmente, yo me niego a publicar nada que constituya una acusación directa a personas concretas, conocidas o no. ¿Cómo podemos saber que esa foto que nos llega de alguien a quien dicen que se busca por asesino, violador, corrupto, ladrón, etc. no es de una persona normal a la que alguien quiere jugar una mala pasada? ¿Cómo podemos estar seguros de que esa información que habla de la peligrosidad o bondad de cierto producto no es una campaña publicitaria cutre, a favor o en contra de ese producto?

Siguiendo con el tema de la banalización de la opinión, hay mucha gente que está segura de que España recuperaría el bienestar total simplemente con sustituir la monarquía por una república. Particularmente la monarquía me parece una sandez, pero dudo que por poner a un jefe de estado democráticamente elegido de entre los tres o cuatro que dispongan como elegibles, las cosas vayan a cambiar mucho.
Otros piensan que sería magnífico acabar con el modelo democrático actual, en el que sólo votamos para elegir representantes, para sustituirla por la democracia directa, en la que todos (y todas, claro) decidiríamos sobre todo (¿hay que decir aquí también "y toda"?). Lo que nadie dice es quién decidiría qué cosas habría que preguntarnos y qué cosas no. Tal vez tendrían que ser esos representantes que elegiríamos del modo habitual o, como dicen algunos: los más preparados (no sé cómo se identifica a los mejor preparados porque conozco a gente con título bastante necia y a intitulados la mar de avispados).

¿De verdad pensamos que se puede someter todo a referéndum? ¿Con qué criterio podríamos opinar sobre tantas y tantas cosas que hay que decidir en un gobierno?
No digo que los que gobiernan lo hagan bien, pero si todo lo decidiésemos entre todos, me temo que nunca se decidiría nada o, los más listos y poderosos, haciendo uso de los medios de comunicación, convencerían a la mayoría para apoyar lo que ellos decidiesen. ¿Habríamos ganado algo, o seguiríamos igual pero gastando mucho más dinero en tanta consulta?

Muchas cosas están mal y que hay que resolverlas, lo mismo que ha ocurrido en otras épocas. Hay mucha gentuza en muchas partes, pero no todo el mundo es gentuza todo el rato y todos lo somos de vez en cuando. Las cosas son más complejas de lo que parecen y las soluciones de ciento cuarenta caracteres no suelen ser muy eficaces, sobre todo cuando casi todos esos caracteres sirven para insultar. Opinemos, debatamos, y discrepemos, pero con cabeza y sin dar por hecho que los que piensan diferente son una panda de cernícalos (a veces lo serán, pero no siempre) o que todo es muy sencillo de resolver.

sábado, 24 de mayo de 2014

Hablemos de fútbol


En este sábado 24 de mayo, en el que tantos españoles están viendo un partido de fútbol apasionante, yo he decidido ponerme a escribir algo.
De fondo oigo el ruido de la lavadora en lugar de los comentarios de los locutores de radio y televisión narrando las jugadas de los ídolos de tantas y tantas personas. Nunca he sido amante del fútbol y, en general, de ningún deporte como espectáculo. Sí que me gusta practicar algunos, pero no me parece entretenido verlos en la tele o en directo. Reconozco que algunos deportes sí son espectaculares, por ejemplo, el descenso en bicicleta por rampas imposibles, me parece absolutamente impresionante, eso sí, también creo que es una locura hacer lo que hacen. Los vídeos de los hombres pájaro, esos que se lanzan con un traje pintoresco con una especie de alas entre los brazos y el tronco, también me resultan muy entretenidos, pero, nuevamente, pienso que el riesgo es excesivo.

No dudo que el fútbol tiene su arte, su dificultad y, en ocasiones, su belleza, pero nunca he sentido la más mínima atracción por todo lo que lo rodea. Supongo que esta falta de afición es heredada de mis padres. Ni a ellos ni a mis familiares más cercanos los vi jamás enfervorizados con el tema futbolero, y yo diría que la pasión por cosas tan aparentemente tontas como esta, es más fácil heredarla que adquirirla por cuenta propia.
Acaba de marcar un gol el "Atleti". Con esto me doy cuenta de que os he engañado un poco. Dije que no estaba escuchando la radio ni la tele, pero lo cierto es que tengo el "transistor" a mi lado y, de vez en cuando lo enciendo para ver cómo va la cosa. ¿Será que me estoy aficionando al deporte rey?

La verdad es que, con toda la atención mediática que se le da al tema, no parece raro que cada vez haya más futboleros. Soy de los que piensa que con una intensa campaña publicitaria se puede convencer a la gente de consumir o hacer casi cualquier cosa, por absurda que parezca, y el fútbol lo tenemos metido hasta en la sopa, con lo que no es raro que incluso alguien tan lejano a esa afición, pueda acabar enganchado.
Llevamos unos días en los que no dejan de hablar del "trascendental" partido de hoy y yo me pregunto ¿dónde está esa trascendencia? ¿En qué cambiarán nuestras vidas tras este encuentro?

Habrá personas que, cuando su equipo haya ganado, serán felices durante unas horas, a lo sumo hasta mañana cuando, al llegar a Madrid su maravilloso equipo, se integren en la masa de contentos simpatizantes para corear vítores y compartir la alegría con la muchedumbre. A algunos les durará el gozo un poco más, hasta que el lunes, al encontrarse con sus compañeros de trabajo, amigos, familiares, vecinos y cualquier otro conocido cuya adscripción futbolera, contraria a ellos, conozcan.  Les mirarán con una sonrisa maliciosa y les dirán algo así como: "vaya paliza os dimos ayer". Parece una tontuna, pero yo creo que algo tan simple como eso puede hacer que la grisácea jornada de mucha gente se transforme en un día magnífico, así que, si algo tan simple es tan importante para tanta gente, será que no es malo.
Sé que hay unos cuantos, quizá no pocos, que, en lugar de usar estas cosas como medio para alegrarse un par de días, las toman como justificación para cometer tropelías indecentes contra otras personas, pero supongo que el problema no será del fútbol sino de esas personas que siempre encuentran una excusa absurda para comportarse como animales.

Estoy anonadado. Comencé a escribir pensando en hacer una crítica al fútbol como espectáculo absurdo y, al final, he acabado diciendo que es una buena cosa. No me entiendo ni yo mismo, así que creo que ya estoy preparado para fundar un partido político.

Sigue ganando el "Atleti" y me agrada ese resultado. Creo que algo está cambiando en mí.

sábado, 12 de abril de 2014

¿Cómo dar sustancia a lo insustancial?


Muchas veces, mientras voy en el coche oyendo la radio,  o corriendo con la música puesta, cuando charlo con algún compañero de trabajo, o cuando estoy en alguna absurda reunión laboral, se me ocurren cosas sobre las que sería interesante escribir. Pero cuando llego a casa, me pongo a hacer el tonto o a ver el resumen de "Supervivientes", y se me pasa el tiempo sin dar rienda suelta a mi capacidad literaria.
Tengo que reconocer que las reuniones con jefes son las situaciones más fecundas para generar ideas de debate sobre la estupidez humana disfrazada de solemnidad. Recuerdo que cierto político llamó a otro "bobo solemne", creo que no le faltaba razón, aunque no es menos cierto que, actualmente, aquel calificativo se le podría asignar al que lo inventó. Además, pienso que ese apelativo tan simpático sería aplicable a montones de nosotros cuando estamos representando nuestro papel, más bien "papelón", en nuestros pintorescos puestos de trabajo.
No sé cuántas veces habré visto a gente afirmando con rotundidad aquello de desconoce (regla número uno del decálogo del paripé), o comprometiéndose a que otros hagan algo que ellos saben que es imposible, o planificando unas tareas que ignoran en qué consisten, para ser realizadas por personas que no conocen y cuyos conocimientos desconocen (esto lo viví hace un par de días). ¿Cabe mayor cúmulo de despropósitos? La respuesta es sí, absolutamente sí.
Nunca acabaré de sorprenderme de la cantidad de memeces por segundo que pueden acontecer en el mundo laboral, sobre todo en la nebulosa de los "gestores". Pongo entre comillas la palabra porque dudo mucho que muchos de quienes se catalogan como tales, sepan en qué consiste esa actividad.
Mi empresa es una de tantas en las que las labores burocráticas, a pesar de su falta de eficacia y, en muchas ocasiones, su total inutilidad, están mejor vistas que las técnicas (no en vano se paga más a los burócratas que a los técnicos). Últimamente se ha puesto en marcha un concurso en el que se insta a los empleados a que pidan a sus hijos que hagan dibujos relativos al trabajo de sus padres. Ante semejante reto yo me pregunto cómo podrán explicar muchos de mis colegas a sus hijos en qué consiste su labor profesional.

Me voy a atrever a enumerar algunas de las cosas que veo que hacen los "gestores" para explicarme mejor:
-Pasear de una sala de reunión a otra con el portátil bajo el brazo y con cara de ir a resolver algo trascendental.
-Hablar por teléfono con "obreros" rebeldes que se empeñan en no cumplir los plazos que ellos han puesto al tuntún o que sus respectivos jefes (la pila de gestores que soportan los técnicos suele tender al infinito) le han pedido que exija a "su equipo".

-Contar a sus colegas lo tarde que se fueron a casa el día anterior o todo lo que trabajaron en su hogar reenviando correos del cliente a sus pupilos e ignorando los correos de respuesta de sus pupilos pidiendo aclaraciones sobre las peticiones extremadamente abstractas o contradictorias que les han pasado.
-Evaluar la labor de sus subordinados a pesar de que, en ocasiones, no saben ni cómo se llaman. Cuando sí saben ese dato, suelen desconocer qué hacen. Cuando el gestor es bueno y sabe esas dos cosas, es raro que sepa cómo hacen sus tareas. No se puede pedir tanto, lo sé.
-Ir a las empresas de los clientes para mantener reuniones en las que nadie entiende lo que dicen los demás pero todos asienten con cara de intelectuales y utilizan expresiones como "poner en valor", "hoja de ruta", "inteligencia apreciativa", "fechas agresivas" y muchas otras dichas en inglés con acento de "Madriz".
A la vista de estos cometidos, me parece que a los niños que tengan que plasmar en un dibujo tan abstractas, difusas y necias actividades, les espera una compleja labor. Menos mal que los chavales son muy imaginativos y algo se les ocurrirá. Estoy deseando ver esas obras de arte. Nada me emocionaría más que ver cómo alguien es capaz de dar sustancia a tanta insustancialidad. Si no, siempre se puede dibujar algo del estilo de la imagen que ilustra esta parrafada que, sin simbolizar nada, también puede simbolizarlo todo.

viernes, 14 de febrero de 2014

Modas lingüísticas


Sé que soy un pedante y un plomazo con las cuestiones gramaticales, pero es que hace tiempo que detecté algo que ya es una invasión mayor aún que el queísmo, y es el uso erróneo del pronombre le en singular cuando debería ir en plural o, mucho más fácil, sencillamente eliminarse.
Me refiero a frases del tipo de "le he trasladado a los ciudadanos mi agradecimiento por los esfuerzos realizados" (poner tono de Rajoy), en lugar de la forma correcta "les he trasladado a los ciudadanos...".

En esta excelente web de la Fundéu BBVAse indica que eso es incorrecto y se dan explicaciones al respecto, así os ahorro un poco de mi densa prosa.

He aprovechado para deslizar en la frase de Rajoy, además del error de poner le en lugar de les, la memez de usar el verbo trasladar en lugar de otros más apropiados como comunicar, dar, decir, contar, etc.
Como originalidad no está mal, pero cuando todo el mundo usa la misma "originalidad", la cosa deja de serlo para convertirse en paletada flagrante. Y, encadenando con otra paletez, ¿qué me decís del "sí o sí"? Es otra expresión simpática que a alguien se le ocurrió en su día y ahora hay gente que parece no saber que esa tontuna se puede sustituir por expresiones decentes como, por ejemplo, necesariamente, sin remisión, obligatoriamente, sin excusas, ineludiblemente. Hasta soy capaz de aceptar como más elegante la popular expresión de "por narices" (o por cualquier otro atributo colgandero o saliente de nuestra anatomía).

Ya metidos en harina, me atrevo a hablar también de otra cosa que, aunque no tengo claro que sea errónea, cuando la oigo, me desespero. Me refiero a eso de comenzar una frase con un infinitivo. Aquí tenéis un ejemplo:
-"Deciros que, según las cifras que nos ha trasladado la gerencia de la empresa, este año, sí o sí, tendremos que cumplir con los retos  que se nos han planteado. Para ello tendremos que crear un clima de compromiso y proactividad, así como de trabajo en grupo, de lo que es la plantilla en su conjunto."

¿Qué es eso de "deciros que"? Particularmente me siento como si fuera Tarzán el que habla conmigo.
Yo propongo comenzar la frase de alguna de las maneras que se ven a continuación:

-Quiero deciros que...
-Me muero por deciros que...
-Soy feliz al deciros que...
-He decidido deciros que...
O, si lo que se quiere es ahorrar palabras, sobra el "deciros que", la frase queda perfecta sin esa bobada precediéndola.

En la frase ejemplo de arriba he incluido otra expresión de las favoritas de todos los que hablan en la radio y en la tele. Me refiero al famoso "lo que es". Yo diría que esto se popularizó, en su formato de "lo que viene siendo", por Fiti (1), el novio de la Juani, esos dos personajes de la serie Médico de familia y ahora lo dice todo el mundo sin venir a cuento y pensando que es algo elegante.
Creo que ya es suficiente por hoy. Deciros que me ha encantado trasladaros mis inquietudes en el terreno gramatical y esperar que estas enseñanzas os sirvan para que, sí o sí, consigáis expresaros de un modo apropiado en lo que es la vida diaria.

(1)- Me acabo de dar cuenta de que he confundido "al Poli" de "Médico de Familia" con "el Fiti" de "Los Serrano", pero creo que ambos usaban esa expresión tan popular que ahora usa la gente que se cree importante.