Esto de la economía (la nacional e internacional, no la hogareña) no hay quien lo entienda. Cada “experto” suelta su rollo acerca de lo que debería haberse hecho y de lo que podría hacerse ahora para resolver el problemón en el que estamos metidos, pero como hay teorías para todos los gustos, al final, nadie sabe realmente lo que se puede hacer para salir del atolladero.
Unos dicen que hay que ahorrar, otros que hay que consumir. Hay quien dice que tenemos que ser más productivos, quien opina que hay que subir los impuestos y quien piensa que hay que bajarlos. Todos están igualmente convencidos de que lo que dicen es lo correcto, a pesar de que unas cosas contradicen a otras.
¿A qué conclusión me lleva todo esto? A la de siempre: Somos una pandilla de ignorantes empeñados en hacer creer a los demás que somos muy listos.
Ahora se recortan los sueldos de los funcionarios y las pensiones, y parece que eso tranquiliza a “los mercados” ¿Pero qué es eso de los mercados? A mí me parece una especie de juego de azar disfrazado de cosa seria. No entiendo que una empresa que cotiza en bolsa pueda incrementar o disminuir su valor de un modo salvaje sólo por rumores o por errores de un “broker” al teclear una cifra en su ordenador. Me parecería más sensato que una compañía fuese más valiosa si vende mucho (su producto interesa a la gente) y perdiese valor cuando lo que vende dejase de interesar. Pero esas cosas no ocurren de la noche a la mañana (no habitualmente), con lo que no podría haber esos vaivenes bursátiles tan exagerados.
Vivimos en un sistema fundamentado en camelos pero, eso sí, con un montón de gente empeñada en convencernos de que todo es robusto, serio y totalmente fiable.
Cuando toda esa robustez se tambalea, crean una nueva institución salvadora que acuda al rescate de las economías zozobrantes con miles de millones de euros (¿de dónde sacan ese dinero?) y “los mercados”, llenos de alegría por la nueva sensación de confianza, crecen a lo loco durante unos días. Pero esa confianza se desvanece rápidamente y todo vuelve a desplomarse.
Todo es tan etéreo... ¿Acaso en esos tres o cuatro días en que las bolsas suben a lo loco y bajan de nuevo a tumba abierta, la producción de las empresas cotizantes ha cambiado en algo?
Lo único que sé sobre la economía es que yo, para poder adquirir las cosas que necesito, tengo que hacer algo que otros también necesiten o, por lo menos, estén dispuestos a comprar. Es el fundamento del trueque que, al final, es en lo que se basa todo este complejo montaje monetario.
El caso es que, cuando veo lo que hacemos en nuestro entorno laboral (de modo general), compruebo como cada día se hacen más cosas que van en detrimento de la productividad y que sólo sirven para encarecer de modo totalmente absurdo los productos que se venden (en mi caso los servicios informáticos). Llevamos años haciendo que el precio de todo crezca sin sentido. Cada vez se implica a más personas en la realización de una tarea de lo más simplón. ¿Cómo se hace esto? Añadiendo burocracia a raudales. El mundo occidental está lleno de burócratas ignorantes que no saben hacer la o con un canuto y cuya única misión es conseguir que ciertos gráficos aparezcan cada día con la forma rectilínea o de campana de Gauss que tanto les gusta. El trabajo real y productivo tendrá que adaptarse para que sus informes no tengan borrones.
Y ahora quieren acabar con la crisis reduciendo sueldos de modo generalizado. Señores, miren a las esferas altas y medias de las empresas (públicas y privadas) y peguen ahí el tijeretazo. Se puede vivir muy bien, pero que muy bien, con sueldos menores de 3.000 euros al mes, que es lo menos que cobran casi todos esos memos cuya labor sólo contribuye a inflar artificialmente los precios y a generar ambientes laborales de lo más desagradable por estar fundamentados en la falsedad y en el absurdo. Den una patada en el culo a toda esa panda de memos y verán ustedes cómo esto comienza a funcionar un poco mejor.
Es posible que mi solución no se pueda llevar a cabo por decreto, y que, si se realizase, se verían menos coches de altísima gama por la calle, las mansiones de la Moraleja quedarían vacías, los aviones tendrían que reconvertir la Business Class en turista, los hoteles de cinco estrellas tendrían que cambiar la grifería de oro por otra de cobre, la casa Rolex sería comprada por la Casio… Pero, finalmente, no se viviría tan mal, o sí ¡Quién sabe!
El blog en el que la sandez y la pedantería se dan la mano, donde la bizarría y erudición discurren parejas. El rincón en el que ZP y Rajoy comparten protagonismo con Pajares y Esteso. Esto es Libertad Diodenal. Pasen y comenten lo que les plazca, que nadie censurará sus aportaciones.
sábado, 15 de mayo de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
Kashuma, te tenemos acorralado
Kashuma sigue actuando en España. La semana pasada timó, por lo menos, a un pamplonés y a un bilbaíno llamado Agustín. Este último ha decidido crear un blog dedicado a dar a conocer a nuestro intrépido timador. A ver si conseguimos acorralarlo y podemos quedar con él para saludarle (¡Hace tantos años que no lo veo!). En pocos días se cumplirán cuatro años de aquel día en que fui timado y conté la épica historia en mi blog. Por allí suele aparecer de vez en cuando el comentario de alguna nueva víctima del timo. Gracias a eso, sabemos que el japonés de la gorra lleva ya bastantes meses en la cornisa cantábrica (le habrá recomendado el médico el clima húmedo). Cada vez estamos más cerca de acabar con el chollo de nuestro músico de la coleta. No podemos tolerar que, con el paro que hay, Kashuma siga teniendo “trabajo”.
Hoy no me enrollo más porque esta entrada es sólo para publicitar el blog de Agustín. Mis rollos los dejo para otro momento.
Un saludo a Agustín. Cuentas con todo mi apoyo y, por supuesto, con el de los lectores de Libertad Diodenal (me encanta erigirme en representante de quienes no me han votado).
ACTUALIZACIÓN 13-05-2010
¡Kashuma ha sido atrapado!
Nuestro intrépido amigo Agustín, ayudado de un confidente que localizó al japonés de los dientes amarillos, pudo dar caza al músico timador y ponerlo en manos de la policía. Podéis leer la historia aquí.
¡VIVA LA ACCIÓN CIUDADANA!
Hoy no me enrollo más porque esta entrada es sólo para publicitar el blog de Agustín. Mis rollos los dejo para otro momento.
Un saludo a Agustín. Cuentas con todo mi apoyo y, por supuesto, con el de los lectores de Libertad Diodenal (me encanta erigirme en representante de quienes no me han votado).
ACTUALIZACIÓN 13-05-2010
¡Kashuma ha sido atrapado!
Nuestro intrépido amigo Agustín, ayudado de un confidente que localizó al japonés de los dientes amarillos, pudo dar caza al músico timador y ponerlo en manos de la policía. Podéis leer la historia aquí.
¡VIVA LA ACCIÓN CIUDADANA!
domingo, 25 de abril de 2010
¿Es usted puta, o no es puta?
Hace unos días, en “La Noria”, ese gran programa de Tele5, entrevistaron a Pedro Ruiz que, por si no lo sabéis acaba de publicar un libro.Los entrevistadores eran: Terelu Campos, Jimmy Jiménez y María Antonia Iglesias. Esta última, que, como sabréis, tiene más mala leche que un yogur caducado hace un año, comenzó su intervención recordando que Pedro Ruiz defraudó a Hacienda hace años. No dijo, por supuesto, que aquella demanda, o lo que fuese, fue archivada en su momento. Yo no sé si realmente hubo fraude o no lo hubo, pero el caso es que aquello se archivó, con lo que, tras tantos años, sacar eso a relucir, de la forma en que lo hizo nuestra musa de la crispación, creo que no es de recibo (aunque sí muy entretenido). Pedro Ruiz, con calma, le respondió, pero ella siguió en sus trece.
A pesar de que Ruiz dijo que su causa había sido archivada, le pidió que dijese claramente si había sido un defraudador o si no lo había sido. Mencionó que ella usa un latiguillo para solicitar a sus entrevistados que se decanten. Ella les dice: ¿Es puta o no es puta? Refiriéndose a que la respuesta a su pregunta tiene que ser sí o no.
Más tarde hizo referencia a la supuesta táctica del señor Ruiz de hacerse la víctima (tener en cuenta este detalle para cuando describa cómo terminó la señora Iglesias su entrevista) y de llevarse muy bien con las señoras de la derecha. Nuestra amiguita María Antonia aprendió muy bien en el cole la lección de derecha e izquierda y todo lo clasifica en alguna de esas dos categorías, no hay nada ajeno a esa taxonomía (me apetecía escribir una palabra pedante) para ella.
Como Pedro Ruiz dejó claro que, si tuviese un nuevo programa, no entrevistaría a ningún político (también dijo que no votaba), nuestra querida M.A. saltó con que esa era la actitud de los “falsos independientes de derechas, que son fascistas que añoran el franquismo”. Y se quedó tan pancha (también muy divertido).
En cierto momento, habiendo sido M.A. tan insistente con la suposición de que el humorista (poco gracioso, por cierto) se había beneficiado mucho gracias a “la derecha”, él le solicitó con insistencia que dijese qué partido le había “untado”. Ella se iba por peteneras y seguía diciendo sandeces. Pedro, cansado de sus divagaciones, para que contestase con claridad le soltó ese latiguillo que ella había mencionado antes: “María Antonia ¿pero es usted puta o no es puta?”.
Ella se quedó en silencio unos instantes (¡milagro!) y habló para decir que no pensaba quedarse allí, sentada frente a un hombre capaz de insultar a una mujer (tal vez no le parece mal insultar a un hombre). ¡Pero María Antonia! Si llevabas tú más de diez minutos insultándole a él! En fin, que la pobrecita M.A. decidió hacerse la víctima (lo mismo de lo que acusó a Pedro Ruiz al principio).
Esta mujer es insoportable, pero está claro que sirve para montar espectáculos. Por eso está en Tele5, aunque probablemente no le guste Gran Hermano por considerarlo telebasura. Esto no lo he contrastado, pero da igual ¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN! Podemos insultar sin pruebas a quien nos plazca.
El vídeo completo lo podéis ver aquí (con publicidad), porque en el resto de lugares en los que he buscado, sólo aparece un pequeño fragmento en el que, sin que M.A. quede muy bien parada, parece que Pedro Ruiz es una especie de degenerado que no respeta a las "dulces" ancianitas.
sábado, 10 de abril de 2010
Los peligros del correo electrónico
Ayer fui partícipe de una simpática historia que quiero compartir con vosotros para haceros perder el tiempo.El marco en el que tuvo lugar la aventura fue el centro laboral al que acudo cada día para desarrollarme como persona humana y, sobre todo, como necio. Como ocurre en casi todos los entornos de oficina, el correo electrónico se usa con profusión para intercambiar información de todo tipo pero, mayoritariamente, confusa, mal redactada e inútil.
Sirva ese rollo como introducción para que vayáis poniéndoos nerviosos esperando ver a dónde llega todo esto.
Nuestro trabajo de informáticos consiste en hacer cosas que otros nos mandan, pero como cada vez hay más personas que mandan y más cosas que hacer, todo se lía mucho. Gente a la que no conocemos hace cosas que ignoramos en qué consisten. Nosotros hacemos otras cosas que los otros ignoran también. Y, para que todo adquiera sentido, alguna persona que tiene visión global (eso es lo que creen algunos) de lo que unos y otros hacemos, decide que las cosas se interconecten. El caso es que lo que, en principio es sencillo, acaba siendo un infierno porque los que hacemos esas conexiones, seguimos nadando en la ignorancia de aquello que conectamos.
Otras personas se dedican a probar esa cosa rara que ha aparecido como resultado de la conexión entre programas y, obviamente, aparecen errores. Esos errores acaban transmitiéndomelos a mí (podrían transmitírselos, por lo menos, a otras dos o tres personas, pero mi calva debe de ser más brillante y se ve desde más lejos). Yo reviso la cosa y, si veo que el problema radica en lo que yo he hecho, comunico mi metedura de pata, arreglo la cosa y todo queda solucionado. Si, por el contrario, detecto problemas en otros puntos, comunico de qué se trata y, con el problema identificado (tras varias horas de compleja y profesional investigación) transmito a la persona responsable el resultado de mis pesquisas para que se arregle el problema (a veces incluso agradecen mi labor, otras se limitan a arreglarlo y pasan de mí).
El caso es que ayer no supe resolver la incidencia que me comunicaron. Redacté un documento en el que explicaba por qué no podía ni sabía resolver aquello y se lo envié a la persona de la que dependo (mi jefa, para entendernos). Lo que decía en el correo no tiene mayor trascendencia, pero lo que se desencadenó a partir de ahí fue muy divertido.
Aquí van los correos (he cambiado los nombres para preservar la intimidad de los protagonistas).
Todo comienza con algo parecido a esto:
De: Meteorismo Galáctico
Enviado el: viernes, 09 de abril de 2010 8:55
Para: Belén Esteban
CC: Kiko Hernández; Carmen Lomana
Asunto: RE: Incidencia ESP:59941
Buenos días Belén:
No he conseguido reproducir la incidencia que me habéis enviado. Necesito más información para saber cómo llegar a los puntos en los que se dice que se produce ese error. Accediendo por donde yo sé hacerlo, no ocurre lo que se dice.
Belén quiere compartir con Kiko sus sentimientos de impotencia por la ineptitud de Meteorismo pero, al recolocar los destinatarios, se equivoca y me pone a mí en lugar de a Kiko.
De: Belén Esteban
Enviado el: viernes, 09 de abril de 2010 8:59
Para: Meteorismo Galáctico
Asunto: RV: Incidencia ESP:59941
Joder, el figura nunca resuelve nada
Un saludo,
Yo, al ver el correo, me quedé un tanto perplejo porque nunca había visto a Belén escribir un mensaje en ese tono. Compartí la misiva con mis dos compañeras, amigas y confidentes para ver qué opinaban ellas y, riéndose, me señalaron diciendo: ¡Eres el figura!
Pensé ir a hablar con Belén para aclarar el tema y, de paso, reírme un rato de la situación al verla azorada, pero llegó otro mensaje que me instaba a resolver otros problemas detectados en el mismo programa basuril, así que antepuse mi deber de profesional a mi deseo de reírme y pospuse la visita.
Pasado un rato, cuando ya había descubierto alguna cosilla que podía resolver del nuevo problema planteado, decidí escribir el mensaje siguiente:
De: Meteorismo Galáctico
Enviado el: viernes, 09 de abril de 2010 10:11
Para: Belén Esteban
Asunto: RE: Incidencia ESP:59941
Hola Belén:
(Leer con tono simpático).
Esto del correo tiene mucho peligro pero a la vez es la mar de divertido. Creo que el destinatario que has puesto en este mensaje no tenía que ser yo ¡Maldición! Pero reconozco que me divierte pensar que soy “el figura” que no resuelve nunca nada.
A ver si consigo limpiar mi honor resolviendo algo de la nueva incidencia que han enviado.
Un saludo.
Me encantaría haber visto la cara de Belén al leer mi correo, pero hay gozos que nos están vedados. El caso es que ella fue elegante y supo reconocer que había metido la pata. Mantuvo el tono simpático y esto es lo que me envió:
De: Belén Esteban
Enviado el: viernes, 09 de abril de 2010 10:16
Para: Meteorismo Galáctico
Asunto: RE: Incidencia ESP:59941
Efectivamente, leer en tono simpático.
Yo sí que soy una figura que no resuelve nada, y encima esto que lo llevaba Lydia Lozano que está de baja ahora y me lo han endosado a mí, ni p. idea… En fin, que me perdones y que me puedes llamar lo que quieras.
Me cuesta no ser el último en hablar durante un debate, así que seguí adelante:
De: Meteorismo Galáctico
Enviado el: viernes, 09 de abril de 2010 10:21
Para: Belén Esteban
Asunto: RE: Incidencia ESP:59941
No te preocupes ni un poco, Belén. No sabes lo divertidas que me parecen estas confusiones generadas por correos enviados a la persona equivocada (yo he metido la pata más de una vez). Además, esta mierda de evolutivo puede sacar de sus casillas a cualquiera (Lydia no lo habría aguantado y se habría ido a buscar a la hija de Al Bano y Romina Power).
Lo de “figura” supongo que lo habrás dicho por mi envidiable tipín, así que, en el fondo, me he sentido halagado.
Ni se te ocurra sentirte mal por esta tontería. A mí me ha encantado.
Parece que a Belén tampoco le gusta que sea otro el que termine las conversaciones. Me venció y fue ella la que terminó el debate.
De: Belén Esteban
Enviado el: viernes, 09 de abril de 2010 10:26
Para: Meteorismo Galáctico
Asunto: RE: Incidencia ESP:59941
Jaja, eres un figura, sin duda.
Gracias
Pasado un rato me acerqué a su despacho para comentarle unas cosas relativas al trabajo (o lo que sea eso que hacemos) y, al verme, escondió la cara entre sus manos mientras decía “¡qué vergüenza! Perdóname”. Yo, con esas cualidades que mi nuevo talante progresista me ha dado, sonreí, le di una palmadita en la espalda y le dije “tranquila Belén, no pasa nada, ha sido todo muy simpático”. Seguimos hablando de lo que me había llevado a su despacho y allí terminó la cosa.
Reconozco que, a pesar de lo gracioso de la situación, estoy dolido por haberse puesto en duda mi profesionalidad, sobre todo porque yo pensaba que, tras varios años deambulando por otras empresas en las que mi trabajo consistía en no hacer nada o en hacer cosas evidentemente inútiles, ahora llevaba un tiempo pensando que, de entre las decenas de memeces que tengo que hacer diariamente, a veces sacaba adelante alguna cosa útil o resolvía algún que otro problema con cierta eficacia.
Saber que soy considerado “el figura que nunca resuelve nada” me ha abierto los ojos. Tendré que cambiar mi táctica y aplicar esas técnicas de paripé que Viajero Estelar (antes conocido como Antares) y yo hemos aprendido de los grandes maestros que hemos tenido como jefes en nuestra dilatada andadura profesional. Desde el lunes comenzaré a aplicar estas excelentes normas para alcanzar el éxito:
1-Afirmar con rotundidad aquello que se desconoce.
2-Confirmar la corrección de lo que se sabe que está mal.
3-Decir que la absurda burocracia que se nos impone es valiosísima para alcanzar altas cotas de calidad en los “deliverables”.
4-Planificar el trabajo con “plazos agresivos”.
Seguro que vosotros podréis aportar más puntos a esta lista hasta convertirla en un decálogo (por razones que desconozco, ninguna lista que tenga menos de diez puntos es tenida en cuenta para nada).
P.D.- El problema que no supe resolver, finalmente fue asumido por otro grupo, con lo que quedó acreditado que “el figura”, ciertamente, no era responsable de aquello.
domingo, 21 de marzo de 2010
Contradicciones

Acabo de leer una noticia en Libertad Digital cuyo titular reza así: “El editor de manuales anticapitalistas de EpC vive en un chalet de 400 metros”.
Lo de “EpC”, para quien no lo sepa, significa “educación para la ciudadanía”. En el mundo de los negocios supongo que lo que importa es vender y, si lo que se vende entra en conflicto con las ideas de uno, en muchas ocasiones se da prioridad al beneficio antes que a la coherencia. No juzgaré la actitud del editor porque probablemente no habrá leído casi ninguno de los libros que publica, le bastará con saber que se venden y que contribuyen a incrementar los beneficios que saca su empresa.
Lo que me parece absurdo, tanto en este tema como en otros, es la facilidad que tenemos para defender de boquilla principios grandiosos que, en cuanto bajamos del púlpito, contravenimos con total alegría. Es muy bonito utilizar el libre mercado para vender libros que lo atacan. Mola mazo volar de un lado a otro en un jet particular para pregonar que estamos calentando el planeta por ir en coche a trabajar. Es estupendo “okupar” edificios ajenos mientras nadie toque las propiedades de “papá”, que es el que nos paga la factura de las birras con las que atraemos a la ciudadanía a las “actividades kulturales” que organizamos en esas “kasas okupadas”. Queremos tener todo tipo de beneficios sociales y facilidades laborales para nosotros pero, cuidado, a la señora que viene a limpiar a casa, mejor no le hacemos contrato y, si tiene que alargar su jornada porque nos interesa, debería hacerlo sin rechistar. Lo que haga nuestro partido político favorito es bueno, pero si el opuesto propone lo mismo, es una indecencia y un indicio de su falta de talante democrático.
Lo de “EpC”, para quien no lo sepa, significa “educación para la ciudadanía”. En el mundo de los negocios supongo que lo que importa es vender y, si lo que se vende entra en conflicto con las ideas de uno, en muchas ocasiones se da prioridad al beneficio antes que a la coherencia. No juzgaré la actitud del editor porque probablemente no habrá leído casi ninguno de los libros que publica, le bastará con saber que se venden y que contribuyen a incrementar los beneficios que saca su empresa.
Lo que me parece absurdo, tanto en este tema como en otros, es la facilidad que tenemos para defender de boquilla principios grandiosos que, en cuanto bajamos del púlpito, contravenimos con total alegría. Es muy bonito utilizar el libre mercado para vender libros que lo atacan. Mola mazo volar de un lado a otro en un jet particular para pregonar que estamos calentando el planeta por ir en coche a trabajar. Es estupendo “okupar” edificios ajenos mientras nadie toque las propiedades de “papá”, que es el que nos paga la factura de las birras con las que atraemos a la ciudadanía a las “actividades kulturales” que organizamos en esas “kasas okupadas”. Queremos tener todo tipo de beneficios sociales y facilidades laborales para nosotros pero, cuidado, a la señora que viene a limpiar a casa, mejor no le hacemos contrato y, si tiene que alargar su jornada porque nos interesa, debería hacerlo sin rechistar. Lo que haga nuestro partido político favorito es bueno, pero si el opuesto propone lo mismo, es una indecencia y un indicio de su falta de talante democrático.
Obviamente no todo el mundo hace esas cosas que he relatado. Hay personas que intentan ser coherentes con sus ideas y justas con los demás (tal vez sean mayoría). Probablemente podamos encontrar entre los más reivindicativos de nuestros conciudadanos (esos que no paran de quejarse de todo) a los que más ejercitan la contradicción en sus vidas.
Estamos acostumbrados a vivir en un estado de contradicción constante pero, a pesar de ello, defendemos a ultranza nuestra gran coherencia y la firmeza de nuestros principios. Y yo me pregunto ¿Qué principios son esos que nos permiten defender una cosa y la contraria, dependiendo de la ventolera que nos dé?
Por mi parte hace tiempo que decidí que no tengo principios. En cada momento pienso lo que estimo oportuno. Más habitualmente no pienso nada o, para no tener la mente en blanco, divago sobre sandeces varias. A lo mejor sería más interesante dejar la mente en blanco, creo que en eso consiste el “nirvana”. Esta actitud, lejos de librarme de las contradicciones, probablemente las agudice pero, por lo menos, no las niego y me doy cuenta de su existencia.
Me cansa tanta seguridad ficticia, tanto “salva patrias” que se gana el aplauso de su ganado subiendo el tono de la voz en lugar de diciendo cosas sensatas (suponiendo que alguien sepa lo que es una cosa sensata. Yo no).
Y tras esta perorata, iré a gozar de un rato de telebasura, nuevo producto de la contradicción humana. Casi todo el mundo que la critica suele ser público activo de ese gran invento del entretenimiento televisivo (a mí me encanta).
Estamos acostumbrados a vivir en un estado de contradicción constante pero, a pesar de ello, defendemos a ultranza nuestra gran coherencia y la firmeza de nuestros principios. Y yo me pregunto ¿Qué principios son esos que nos permiten defender una cosa y la contraria, dependiendo de la ventolera que nos dé?
Por mi parte hace tiempo que decidí que no tengo principios. En cada momento pienso lo que estimo oportuno. Más habitualmente no pienso nada o, para no tener la mente en blanco, divago sobre sandeces varias. A lo mejor sería más interesante dejar la mente en blanco, creo que en eso consiste el “nirvana”. Esta actitud, lejos de librarme de las contradicciones, probablemente las agudice pero, por lo menos, no las niego y me doy cuenta de su existencia.
Me cansa tanta seguridad ficticia, tanto “salva patrias” que se gana el aplauso de su ganado subiendo el tono de la voz en lugar de diciendo cosas sensatas (suponiendo que alguien sepa lo que es una cosa sensata. Yo no).
Y tras esta perorata, iré a gozar de un rato de telebasura, nuevo producto de la contradicción humana. Casi todo el mundo que la critica suele ser público activo de ese gran invento del entretenimiento televisivo (a mí me encanta).
domingo, 7 de marzo de 2010
Un perro fiel (y paciente)

Acabo de ver una película que, según creo, no ha tenido éxito alguno (yo la he “comprado” en Internet). Se trata de “hachiko: a dog's story” o, en su traducción española, “Siempre a tu lado, Hachiko”. La película es muy sencilla y puede resultar un poco pesada, pero a mí me ha gustado. Trata de un perro que adora a su amo. Lo acompaña cada mañana hasta la estación de tren y, a su regreso por la tarde, está allí, esperándolo para ir a casa con él. Lo interesante de la historia (o no, según para quién) es que, una vez muerto su dueño, el perro siguió acudiendo cada tarde a esperar al amo fallecido durante nada menos que diez años, hasta que el propio animal murió.
Según aparece en la Wikipedia, la historia es real (en lo esencial). En lugar de ocurrir en Norte América ocurrió en Japón y, en lugar de Richard Gere, el dueño era un japonés nada famoso, pero la idea es la misma.
¡Qué bella entrega la de este animal! Reconozco que me he emocionado más que con los reencuentros de antiguos concursantes en Gran Hermano. Me ha parecido mucho más creíble el amor de ese perro (a pesar de ser también un actor) que esa amistad de sainete que se profesan los concursantes de mi programa favorito.
En un mundo en el que enseguida nos aburrimos de los demás, hubo un perro que, a pesar del tedio que supone esperar a alguien, estuvo diez años aguardando a que llegase quien no llegaría jamás. A lo mejor hay que ser perro para poder aguantar tanto porque, lo que es yo, en cuanto alguien me cuenta el mismo chiste por segunda vez, ya lo borro de mi lista de amigos, y si, además me hacen esperar más de cinco minutos en caso de quedar con ellos, mi previa amistad se troca en furibundo odio. Menos mal que mi memoria es tan mala que olvido estas cosas rápidamente y nunca sé dónde he puesto la lista de amigos, así que, al final, no puedo borrar a nadie de ella.
Con los ojos aún húmedos por la emocionante escena de la tranquila muerte de Hachiko, termino esta insulsa aportación.
Según aparece en la Wikipedia, la historia es real (en lo esencial). En lugar de ocurrir en Norte América ocurrió en Japón y, en lugar de Richard Gere, el dueño era un japonés nada famoso, pero la idea es la misma.
¡Qué bella entrega la de este animal! Reconozco que me he emocionado más que con los reencuentros de antiguos concursantes en Gran Hermano. Me ha parecido mucho más creíble el amor de ese perro (a pesar de ser también un actor) que esa amistad de sainete que se profesan los concursantes de mi programa favorito.
En un mundo en el que enseguida nos aburrimos de los demás, hubo un perro que, a pesar del tedio que supone esperar a alguien, estuvo diez años aguardando a que llegase quien no llegaría jamás. A lo mejor hay que ser perro para poder aguantar tanto porque, lo que es yo, en cuanto alguien me cuenta el mismo chiste por segunda vez, ya lo borro de mi lista de amigos, y si, además me hacen esperar más de cinco minutos en caso de quedar con ellos, mi previa amistad se troca en furibundo odio. Menos mal que mi memoria es tan mala que olvido estas cosas rápidamente y nunca sé dónde he puesto la lista de amigos, así que, al final, no puedo borrar a nadie de ella.
Con los ojos aún húmedos por la emocionante escena de la tranquila muerte de Hachiko, termino esta insulsa aportación.
sábado, 27 de febrero de 2010
Esto lo arreglamos sin algunos
Supongo que, a estas alturas, casi todos habréis oído hablar de estosololoarreglamosentretodos.org, una simpática iniciativa de la Fundación Confianza, una organización bienintencionada que pretende “poner en marcha un proyecto que impulse en la sociedad unos valores, que actúen de palanca para la recuperación de la confianza desaparecida con la crisis”.
Es cierto, o eso me parece a mí, que cuando uno está animado para hacer algo, es mucho más probable que consiga su meta que si emprende la tarea con desánimo, pero hay que reconocer que es muy complicado animarse cuando uno está completamente hundido (aunque no es imposible).
En el mensaje de presentación de estoslololoarreglamosentretodos.org aparece gente famosa, gente no tan famosa y gente desconocida (por lo menos para mí), pero cuya situación personal dudo que sea mala (por lo menos en lo tocante a cuestiones económicas). Aparecen, entre otros, los hermanos Gasol, Buenafuente, Ferrán Adriá… No creo que estas personas estén atenazadas por los rigores de la crisis, la verdad. En cualquier caso tampoco niego que sus mensajes animosos puedan servir de acicate a quienes lo están pasando mal.
Se habla mucho de unirnos para “tirar del carro” todos juntos, de hacer pactos de estado, de trabajar más, de apretarnos el cinturón y qué sé yo cuántas otras cosas, todas ellas tan poco concretas que uno no sabe si eso va con él o va con otros. Esto me recuerda a algunos jefes de mi entorno laboral que, tal vez por no dar una imagen despótica, cuando hay alguna tarea que realizar, en lugar de asignársela a una persona concreta, convocan una reunión en la que se dirigen al tendido y dicen : “tenemos que hacer esto” o “hay que resolver aquello”. Todo el mundo asiente y, al disolverse la reunión, cada cual vuelve a su sitio convencido de que aquella petición no iba con él, con lo que la importante tarea queda sin hacerse.
Es verdad que si cada uno de nosotros se hiciese cargo de llevar a cabo sus tareas diarias de la forma más eficiente posible (suponiendo que en nuestras tareas se pueda ser eficiente, cosa que, en mi caso es imposible), si no derrochásemos recursos innecesariamente, si fuésemos previsores en lugar de derrochadores e inconscientes, si procurásemos colaborar con los demás en lugar de comportarnos como jetas o negreros (espero que nadie se enfade por utilizar esa palabra) endosando nuestras tareas a algún pobre pringado que trabaje por dos… En fin, si nos comportásemos mirando más por el bien común que por el propio, tal vez las cosas podrían mejorar sustancialmente.
Lo malo es que hay demasiado pintamonas en puestos de responsabilidad políticos, empresariales y de todo tipo que no tienen ni idea de cómo dirigir aquello para lo que han sido nombrados (yo tampoco sabría, pero no ostento esos cargos). Es posible que entre todos podamos resolver este lío en el que estamos, pero para eso habría que soltar el lastre de esa pandilla de chupópteros que, lejos de contribuir a la solución, parece que sólo agravan el problema. En resumen: esto lo arreglamos sin algunos.
Es cierto, o eso me parece a mí, que cuando uno está animado para hacer algo, es mucho más probable que consiga su meta que si emprende la tarea con desánimo, pero hay que reconocer que es muy complicado animarse cuando uno está completamente hundido (aunque no es imposible).
En el mensaje de presentación de estoslololoarreglamosentretodos.org aparece gente famosa, gente no tan famosa y gente desconocida (por lo menos para mí), pero cuya situación personal dudo que sea mala (por lo menos en lo tocante a cuestiones económicas). Aparecen, entre otros, los hermanos Gasol, Buenafuente, Ferrán Adriá… No creo que estas personas estén atenazadas por los rigores de la crisis, la verdad. En cualquier caso tampoco niego que sus mensajes animosos puedan servir de acicate a quienes lo están pasando mal.
Se habla mucho de unirnos para “tirar del carro” todos juntos, de hacer pactos de estado, de trabajar más, de apretarnos el cinturón y qué sé yo cuántas otras cosas, todas ellas tan poco concretas que uno no sabe si eso va con él o va con otros. Esto me recuerda a algunos jefes de mi entorno laboral que, tal vez por no dar una imagen despótica, cuando hay alguna tarea que realizar, en lugar de asignársela a una persona concreta, convocan una reunión en la que se dirigen al tendido y dicen : “tenemos que hacer esto” o “hay que resolver aquello”. Todo el mundo asiente y, al disolverse la reunión, cada cual vuelve a su sitio convencido de que aquella petición no iba con él, con lo que la importante tarea queda sin hacerse.
Es verdad que si cada uno de nosotros se hiciese cargo de llevar a cabo sus tareas diarias de la forma más eficiente posible (suponiendo que en nuestras tareas se pueda ser eficiente, cosa que, en mi caso es imposible), si no derrochásemos recursos innecesariamente, si fuésemos previsores en lugar de derrochadores e inconscientes, si procurásemos colaborar con los demás en lugar de comportarnos como jetas o negreros (espero que nadie se enfade por utilizar esa palabra) endosando nuestras tareas a algún pobre pringado que trabaje por dos… En fin, si nos comportásemos mirando más por el bien común que por el propio, tal vez las cosas podrían mejorar sustancialmente.
Lo malo es que hay demasiado pintamonas en puestos de responsabilidad políticos, empresariales y de todo tipo que no tienen ni idea de cómo dirigir aquello para lo que han sido nombrados (yo tampoco sabría, pero no ostento esos cargos). Es posible que entre todos podamos resolver este lío en el que estamos, pero para eso habría que soltar el lastre de esa pandilla de chupópteros que, lejos de contribuir a la solución, parece que sólo agravan el problema. En resumen: esto lo arreglamos sin algunos.
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