Esta mañana mi compañera Jenny (la protagonista de la aventura del enano gruñón) y yo hemos protagonizado una escena del más puro paripé profesional.
La cosa consistía en que Jenny tenía que revisar unos documentos y diagramas creados por mi mano maestra. La revisión serviría para detectar los fallos que pudiese haber (mínimos, por supuesto).
Con esta nueva tarea de revisión por parte de alguien ajeno al proyecto, se trata de evitar algo que han decidido llamar “reworking”, que no es más que eso que se suele hacer para refinar las cosas: Primero se diseña algo, luego se construye, más tarde se prueba y, si se detecta algún error o algo que puede mejorarse, se rediseña y se reconstruye. Y así tantas veces como se necesite hasta conseguir algo decente o que se canse el pobre diablo que lleva esperando meses a que se le entregue un “deliverable” (las palabras inglesas se usan mucho cuando se hace el paripé).
Al proscribir el “reworking” se pretende que lo que se diseña sea perfecto y no requiera modificación alguna. Obviamente esta tontería sólo puede habérsele ocurrido a alguien que en su vida a hecho algo más complejo que la “o” con un canuto.
Si Jenny hubiese revisado en soledad lo que yo he creado, habría podido detectar errores gramaticales o algún fallo garrafal en las cosas más técnicas, pero le habría sido complicado (como me habría pasado a mí en similar situación) detectar problemas menos superficiales a no ser que volviese a hacer el trabajo que ya hice yo (leer los requisitos y pensar cómo llevar a cabo la solución).
Tras comentar la memez impuesta, mi admirada compañera y yo hemos decidido ejecutarla pero, eso sí, con ciertas variaciones que expongo a continuación:
1-Yo explicaría a Jenny lo que había hecho en lugar de dejarla sola ante tal marabunta de soporíferos documentos.
2-Jenny atendería con interés a mis sabias explicaciones y diría que todo está muy bien y que es muy bonito.
3-El proceso explicativo se aderezaría con continuos comentarios hilarantes y con cotilleos variados.
Con este plan alternativo hemos conseguido culminar con éxito y risas la revisión de mi profesional trabajo y, además, hemos detectado tres erratillas (poca cosa, ya sabéis que casi nunca yerro).
Tan bien ha salido la cosa que he nombrado a Jenny Supervisora General del Departamento Anti-Reworking. Ahora sólo falta hacerle una placa para que la exhiba con orgullo en su mesa y conseguir que se oficialicen los tres puntos extra que hemos añadido a la necia tarea de supervisión.
El blog en el que la sandez y la pedantería se dan la mano, donde la bizarría y erudición discurren parejas. El rincón en el que ZP y Rajoy comparten protagonismo con Pajares y Esteso. Esto es Libertad Diodenal. Pasen y comenten lo que les plazca, que nadie censurará sus aportaciones.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
El "caminito"
Tras casi un mes sin deleitaros con mi pedante prosa, me reincorporo a mis tareas de redactor jefe de Libertad Diodenal para ejercitar mis dedos que, por falta de ejercicio, ya están echando michelines.Comenzaré contando algo que me ha dicho una simpática compañera de trabajo esta mañana mientras hablábamos de los hábitos humanos en el retrete. Ella me ha contado, con cierta desazón, que no entiende por qué razón algunas mujeres (ella hablaba de los retretes femeninos, claro) tienen la manía de dejar marcado el “caminito” por el que ha ido pasando “lo que han soltado”.Yo, en mi afán por acabar con los tabúes escatológicos, mientras me partía de risa le preguntaba si se refería a las zurrapas dejadas por falta de uso de la escobilla. Ella ha comenzado también a reírse, un tanto azorada, mientras asentía con gran hilaridad.
Esta aventura retretil me ha recordado otra acontecida en el mismo escenario (esta vez en el de los seres humanos masculinos). En aquella ocasión estaba yo aligerando mi vejiga en el urinario cuando pude oír el sonido de la cisterna del retrete contiguo vaciándose. Me puse alerta para saludar a quien saliera del excusado y, antes de que saliera éste, pude escuchar con total nitidez la siguiente frase en tono admirativo: ¡Vaya cagada!
La risa se apoderó de mí pero tuve que aguantarla para evitar que el cagón, que estaba a punto de hacer su aparición estelar en el recinto común de los servicios, se sintiese azorado por mi presencia. ¡Qué gran personaje!
Las dos sandeces que acabo de referir indican que en nuestra avanzada sociedad aún existen excesivos tabúes a la hora de expresarnos acerca de la caca y sus derivados. Estamos acostumbrados a ver cómo se montan talleres en los que se alecciona a los alumnos en las artes sexuales y en el uso de todo tipo de aparatejos para introducir por los orificios corporales o en los que introducir aquello que sobresale de nosotros, así que ¿por qué no montar talleres de educación escatológica?
¿Acaso sabe todo el mundo cuál es el modo más eficaz de limpiarse la entrenalga tras una deposición de textura pegajosa? ¿Se conoce el modo de optimizar el uso del papel higiénico (esto podría salvar miles de hectáreas de bosques amazónicos)?
Es necesario instruir a los ciudadanos y ciudadanas en las normas básicas para utilizar los váteres públicos. Alguien debería contar a nuestros adolescentes que no está bien montar “museos del moco” tras las puertas de las cabinas retretiles y que tampoco es de recibo dejar a la vista “el caminito” de nuestras heces porque las del siguiente ya saben la ruta que tienen que tomar sin necesidad de que les den pistas.
Cambiando drásticamente de tema, contaré que esta semana parece que hemos tenido un cartero en pruebas. Sólo eso puede explicar que el martes hubiera algo así como nueve cartas (en un bloque de diez viviendas) de portales con números totalmente diferentes al nuestro repartidas entre nuestros buzones. Las cartas fueron pinchadas en el corcho del portal para que el atontado cartero se diese cuenta de su error y lo corrigiese.
Lo de las cartas pinchadas en el corcho viene a cuento porque al día siguiente las cartas ya no estaban (el cartero debió llevárselas), pero en su lugar había un par de bragas de color carne situadas en el mismo lugar que el día anterior ocuparon las cartas y atravesadas por la misma chincheta (estaban limpias y sin rastros de frenazos). Supongo que la ventolera de estos días hizo volar las prendas íntimas sobre la cabeza de algún vecino y éste, intentando ser solidario con la dueña, las puso en el lugar más visible que pudo. De paso consiguió hacerme reír un rato.
domingo, 18 de octubre de 2009
Sobre la manifestación antiabortista
Ayer tuvo lugar una manifestación popular en contra de la nueva ley del aborto que el actual gobierno quiere sacar adelante. Como ocurre casi siempre que se manifiestan un buen montón de personas, hay quienes cuentan muy rápido (yo nunca he tenido esa habilidad) y dicen que se han congregado más de un millón de personas, es más, antes de que la manifestación tenga lugar ya predicen que se esperan más de un millón de personas ¿Acaso contratan a los asistentes? ¿O es que hacen algún estudio previo de viabilidad de la manifa? Esto podría explicar la cantidad de dinero que se gasta para organizar eventos de este tipo.En el Manifestómetro, un blog que, como todos, por mucho que pretendan lo contrario, es altamente tendencioso pero, a pesar de ello, creo que hacen un trabajo correcto y, por lo menos, explican cómo hacen los cálculos (no como otros), han calculado el área de la zona de la congregación y salía un área de 48.530 metros cuadrados. En ese área, si la gente hubiese estado bien apretadita (sin poderse mover), habrían cabido únicamente unos doscientos mil manifestantes. Podemos duplicar o triplicar el área y aún no saldrían los casi dos millones de personas que con tanta ligereza pregonan algunos. Por si sirve de algo, en el Santiago Bernabéu caben únicamente 110.000 personas (con gradas situadas unas sobre otras). Harían falta más de diez estadios como ese para albergar a la multitud que pretenden que hubo en las calles de Madrid.
A mí me importa un pito que fuesen cien mil o dos millones, sé que fue mucha gente y que es probable que la mayoría de ellos fuesen con su mejor intención para defender algo en lo que creen: que la vida del no nacido es tan respetable como cualquier otra.
Esa idea yo también la defiendo porque creo en ella, por eso me repatea que haya unos cuantos cretinos que se empeñen en jugar al “nosotros somos más y por eso tenemos razón” en lugar de al “seamos los que seamos, estas son nuestras razones y creemos en ellas”.
Cuando se recurre a sacar a la gente a la calle en masa, por muy encomiable que sea lo que se defiende, a mí me parece que se pierde algo de credibilidad. Y si se manipulan las cifras para hacer creer que se ha conseguido sacar de casa a más de los que realmente han salido, la cosa toma un cariz un tanto despreciable.
Lo importante debería ser lo que se defiende y no cuántos lo defienden, pero nos han acostumbrado a que la mayoría tiene la razón y ahora todos nos empeñamos en demostrar que somos mayoría en lugar de intentar explicar por qué creemos que tenemos razón.
A esta manifestación han acudido a título particular algunos altos cargos del PP. Partido que gobernó durante unos cuantos años en los que, si no recuerdo mal, estaba vigente la actual ley y, si sigue sin fallarme la memoria, hubo unos cuantos millares de abortos. No recuerdo que hubiese manifestaciones tan multitudinarias y con tanto eco mediático como las de estos tiempos de gobierno socialista. ¿Acaso los abortos con Aznar no eran asesinatos?
Este tipo de cosas son las que indican con bastante claridad cómo nuestros líderes políticos y mediáticos (no tengo claro quiénes mandan más) nos toman el pelo con una facilidad impresionante. Nos sacan a la calle cuando quieren y nosotros les hacemos el juego con alegría. Ahora toca desestabilizar el ya de por sí tambaleante gobierno de ZP, así que sacamos a la gente a la calle para ver cómo reaccionan esos gobernantes que tanto pregonaron estar cerca del pueblo cuando éste sale a la calle a expresarse. Sé que esta manifestación no la ha convocado el PP, pero sí hay unos cuantos medios de comunicación interesados en que el PSOE deje de gobernar (en eso estoy con ellos) y eso le viene muy bien al PP.
La gente salió en masa a la calle en contra de la guerra de Irak (también se hablaba de millones para cada “manifa” que se montaba) y ahora no sale ni el “tato” para decir algo en contra de la de Afganistán. Con el aborto, ocurre lo mismo pero a la inversa: Nadie decía ni pío (o piaban muy bajito) en época de Azanar y ahora toca gritar alto.
Somos tontos, muy tontos. Algunos muy bien intencionados, pero igualmente tontos. Nos utilizan y nos dejamos utilizar. Sólo nos atrevemos a defender ciertas ideas cuando sabemos que va a haber “millones” de personas junto a nosotros defendiéndolas, pero cuando surge un debate entre amigos se nos come la lengua el gato y, en general, no somos capaces de justificar ninguno de esos “valores” de los que presumimos cuando estamos dando botes en medio de una “manifa” cualquiera.
domingo, 4 de octubre de 2009
El paripé de las olimpiadas
Se acabó el “sueño” de Madrid 2016 que con tanto esfuerzo y dinero de los contribuyentes se había gestado. A mí particularmente me importa un pito que no se celebren las olimpiadas en la capital del Reino de España, pero he podido constatar que hay mucha gente que estaba verdaderamente ilusionada con este tema.Reconoceré que el viernes, de tanto bombo que se le ha dado a la cosa y gracias la parafernalia de la que se rodea la elección de la ciudad organizadora los juegos olímpicos, hasta yo llegué a desear que se los diesen a Madrid.
Nunca he podido entender qué tiene el deporte de élite (el deporte espectáculo) para atraer a tanta y tanta gente y, sobre todo, a personas que no son capaces de mover un dedo para hacer un poco de ejercicio. Pero la realidad es que a la mayoría de la gente le “mola mazo” ver cómo otros hacen deporte. El fútbol es el rey, sin duda, pero durante las olimpiadas hay gente que se interesa por cosas tan poco populares como la esgrima o el lanzamiento de disco, por poner dos ejemplos.
Toda la tabarra que nos han dado con lo de las olimpiadas me sirve para poner de manifiesto una vez más que el paripé rige nuestro mundo (es que aún hay gente que no se ha dado cuenta de ello). Los miembros del COI, que no sé qué méritos tienen para serlo ni conozco los mecanismos por los que han llegado allí, me parecen un grupo de personas que se lo pasan pipa viajando por el mundo para ser agasajados desmesuradamente por los pobres diablos que pretenden ser elegidos para gastar un dineral en organizar unas olimpiadas.
Cuando el COI viaja a las distintas sedes potenciales, los anfitriones les enseñan lo bueno y ocultan lo malo de sus ciudades (primer detalle de paripé).
Los señores del COI sonríen y dicen cosas bonitas a sus anfitriones para que se queden contentos y, a poder ser, les traten tan bien, o mejor, durante la visita que hagan en la siguiente ronda. A estas alturas muchos ya saben que a esa ciudad no le van a dar su voto, pero eso no quita para que les animen a seguir gastando dinerito (más paripé).
Y llega la votación final. La presentación de las candidaturas podría hacerse por vídeo conferencia o podría grabarse en un vídeo y enviarse a esa panda de vividores del COI para evitar gastar un dineral moviendo a las distintas delegaciones y sus decenas de agregados, pero por alguna razón, a pesar de los muchos consejos que nos dan nuestros dirigentes para no contaminar y ahorrar, a ellos no les importa nada fletar unos cuantos aviones para ir a hacer el bobo a Copenhague. Seguro que generaron mucha más contaminación que todas las bolsas que Carrefour ha dejado de repartir en este último mes, pero como ellos son los que mandan, su contaminación no cuenta. Como atenuante diremos que las plazas hoteleras que ocuparon sirvieron para generar riqueza en Dinamarca a costa de empobrecer un poco más a sus respectivos países.
Lo único bueno, según dicen, de todo esto es que Madrid es ahora más conocida mundialmente. Seguramente vendrán más turistas para conocer a la ciudad que quiso organizar los juegos olímpicos en dos ocasiones y no lo logró.
La pena de todo esto es que el fracaso del Madrid olímpico no radica en haber hecho un plan malo sino en que la decisión la toma el COI, esa pandilla de simpáticos personajes que ganan un dineral por viajar de acá para allá gratis y por pulsar un botón una vez cada cuatro años.
¡VIVA EL PARIPÉ!
sábado, 26 de septiembre de 2009
La familia ZP
Nuevamente una noticia de lo más tonto ha conseguido que media España (o más) esté hablando de lo mismo e intercambiando correos electrónicos con las fotos, originales y con otras simpáticamente retocadas, de la familia presidencial con el presidente Obama y su esposa. No pongo la foto para evitar problemas legales (ya sabéis que mi blog es mundialmente conocido) y porque todo el mundo la ha visto un montón de veces.
¡Qué grandiosa foto! Tengo que decir que cuando la vi por primera vez, como comencé el visionado por la parte superior, lo único que me llamó la atención fue la oronda figura de una de las chicas. Como nunca había visto a las hijas de ZP, hice eso que solemos hacer cuando ignoramos algo: extrapolar la información que tenemos para inventarnos la que desconocemos. Siguiendo ese método había idealizado a las niñas del presidente como un par de adolescentes adorables y estilizadas (igualito que sus papás), por lo que me sorprendió un poco el sobrepeso de una de ellas.
Seguí bajando para ver la imagen completa y me llevé otra sorpresa, esta vez cargada de hilaridad, al ver las botazas que llevaba una de las protagonistas de este “escándalo”. En ese momento me di cuenta de que ambas chavalas iban vestidas con estilo gótico, muy discreto, eso sí, porque no llevaban un maquillaje excesivo ni los pelos llenos de laca para modelarlos de modos inverosímiles y aterradores.
Supongo que habrá quienes hayan sentido vergüenza por el atuendo que decidieron llevar las dos chicas para encontrarse con el señor Obama y su esposa, pero yo, tras meditar un rato (mientras deponía, claro está), llegué a la conclusión de que esto no es más que un detalle que nos habla de que ZP es una persona realmente tolerante con las minorías. No creo que él sea gótico (si alguien tiene datos que avalen lo contrario, por favor, que los saque a la luz), pero acepta que sus hijas lleven el disfraz que les plazca. Además deduzco que nuestro presidente, aunque a veces parece que tome a Obama por un ser de una dimensión superior (este sentimiento lo comparten muchos necios en el mundo), realmente sabe que es humano y que no pasa nada porque sus hijas se fotografíen con él vestidas de vampiresas.
Quien más, quien menos, casi todos hemos pasado por etapas de necedad aguda en nuestra infancia (yo, con mi larga edad, aún no he dejado de acusar la estupidez de aquella remota época de mi vida). No sé si vestir de modo gótico es una necedad mayor que la de llevar corbata o pantalones sujetos a media nalga, pero sí sé que es un estilo minoritario y que por eso nos sorprende y nos parece fuera de lugar a los que no nos gusta pero, si pensamos un poco más las cosas, nos daremos cuenta de que pintarse los labios de rojo o de morado, hacerse la permanente o descolocar los pelos de modos extraños, son cosas tan tontas o tan respetables las unas como las otras, así que, aunque la moda gótica me parezca horrible, desde esta tribuna que sólo leen tres o cuatro personas, lanzaré unos vítores a la familia Zapatero por haber sido capaces de presentarse ante el “todopoderoso” Obama mostrando a sus hijas tal como son (un poco lelas tal vez, pero no más que el resto de la humanidad, yo incluido).
¡VIVAN LAS NIÑAS DE ZP!
¡VIVAN NUESTRO PRESIDENTE Y SU ESPOSA!
¡VIVAN MICHELLE Y BARAK OBAMA!
¡Qué grandiosa foto! Tengo que decir que cuando la vi por primera vez, como comencé el visionado por la parte superior, lo único que me llamó la atención fue la oronda figura de una de las chicas. Como nunca había visto a las hijas de ZP, hice eso que solemos hacer cuando ignoramos algo: extrapolar la información que tenemos para inventarnos la que desconocemos. Siguiendo ese método había idealizado a las niñas del presidente como un par de adolescentes adorables y estilizadas (igualito que sus papás), por lo que me sorprendió un poco el sobrepeso de una de ellas.
Seguí bajando para ver la imagen completa y me llevé otra sorpresa, esta vez cargada de hilaridad, al ver las botazas que llevaba una de las protagonistas de este “escándalo”. En ese momento me di cuenta de que ambas chavalas iban vestidas con estilo gótico, muy discreto, eso sí, porque no llevaban un maquillaje excesivo ni los pelos llenos de laca para modelarlos de modos inverosímiles y aterradores.
Supongo que habrá quienes hayan sentido vergüenza por el atuendo que decidieron llevar las dos chicas para encontrarse con el señor Obama y su esposa, pero yo, tras meditar un rato (mientras deponía, claro está), llegué a la conclusión de que esto no es más que un detalle que nos habla de que ZP es una persona realmente tolerante con las minorías. No creo que él sea gótico (si alguien tiene datos que avalen lo contrario, por favor, que los saque a la luz), pero acepta que sus hijas lleven el disfraz que les plazca. Además deduzco que nuestro presidente, aunque a veces parece que tome a Obama por un ser de una dimensión superior (este sentimiento lo comparten muchos necios en el mundo), realmente sabe que es humano y que no pasa nada porque sus hijas se fotografíen con él vestidas de vampiresas.
Quien más, quien menos, casi todos hemos pasado por etapas de necedad aguda en nuestra infancia (yo, con mi larga edad, aún no he dejado de acusar la estupidez de aquella remota época de mi vida). No sé si vestir de modo gótico es una necedad mayor que la de llevar corbata o pantalones sujetos a media nalga, pero sí sé que es un estilo minoritario y que por eso nos sorprende y nos parece fuera de lugar a los que no nos gusta pero, si pensamos un poco más las cosas, nos daremos cuenta de que pintarse los labios de rojo o de morado, hacerse la permanente o descolocar los pelos de modos extraños, son cosas tan tontas o tan respetables las unas como las otras, así que, aunque la moda gótica me parezca horrible, desde esta tribuna que sólo leen tres o cuatro personas, lanzaré unos vítores a la familia Zapatero por haber sido capaces de presentarse ante el “todopoderoso” Obama mostrando a sus hijas tal como son (un poco lelas tal vez, pero no más que el resto de la humanidad, yo incluido).
¡VIVAN LAS NIÑAS DE ZP!
¡VIVAN NUESTRO PRESIDENTE Y SU ESPOSA!
¡VIVAN MICHELLE Y BARAK OBAMA!
sábado, 5 de septiembre de 2009
Hablemos de las bolsas
Para tener alguna novedad entre las noticias relativas a la gripe A, la vuelta al cole, la crisis o calor veraniego, ahora se habla de esa decisión de Carrefour de no dar bolsas gratis a sus clientes. Es una iniciativa “verde”, ecológica, marcada por el compromiso de los directivos de la gran cadena comercial con el medio ambiente (por si alguien no lo ha notado, esto lo he dicho con “rintintín”).Es altamente probable que si se reparten menos bolsas en el mundo, habrá menos de ellas tiradas por cualquier parte, pero me temo que la relación no será tan directa como nos cuentan. La gente guarra seguirá siendo guarra y, aunque las bolsas sean de pago, las seguirán tirando allá donde ya no las necesiten. En cambio, a la gente que, como yo y como muchas otras personas que conozco, siempre ha utilizado las bolsas del Ahorramás, Carrefour, Alcampo, etc. Para almacenar la basura, cuando todos los establecimientos sigan la estela de Carrefour (espero que Ahorramás no lo haga) tendremos que comprar bolsas para los menesteres basuriles en lugar de utilizar las que nos regalan nuestros establecimientos favoritos para hacerles publicidad.
En casa utilizo cuatro bolsas para almacenar los distintos tipos de basura, así que las que van llegando llenas de viandas o de cualquier otra cosa, son guardadas en una caja (debidamente dobladas) para ir siendo utilizadas cuando toque. Es cierto que en ocasiones tengo más bolsas de las que necesito y, sin más miramientos, las deposito en el lugar destinado a envases, pero supongo que eso no hace ningún mal al planeta porque, según nos dicen, esos detritus son reciclados.
Oí decir a alguien que tocamos a unas 250 bolsas por habitante al año y que eso era una salvajada, y yo, haciendo complejos cálculos, me dije que con eso casi no da para tirar la basura de cada día (el año tiene 365 días, por si hay alguien que no lo sabía). Es cierto que algunos no llenamos una bolsa diaria de basura, pero, entre unas cosas y otras, fácilmente se utilizan tres o cuatro a la semana.
No tengo claro si esta medida será muy beneficiosa para el medio ambiente o si sólo lo será ligeramente, pero lo que parece claro es que Carrefour se va a ahorrar un montón de dinero y, además, gracias a esto, está consiguiendo ahora un montón de publicidad gratuita y el apoyo de ese grupo tan poderoso que es el de los ecologistas.
Desde esta tribuna diodenal abogo por seguir recibiendo bolsas de modo gratuito (lo de que sean gratis es un decir, sin duda incrementan los precios de modo apropiado para que ese “regalo” no sea gravoso a la empresa) al hacer la compra.
¡VIVAN LAS BOLSAS DE PLÁSTICO GRATUITAS!
¡ABAJO LA GENTUZA QUE LAS TIRA EN CUALQUIER PARTE!
domingo, 30 de agosto de 2009
Fin de semana luctuoso
Este fin de semana he estado de entierro y, como hace mucho que no os cuento nada, he decidido ponerme frente al teclado para ver si puedo sacar algo de interés de estas luctuosas aventuras.Murió una tía de mi padre que ya tenía un buen lote de años y llevaba un tiempo bastante pachucha, así que no ha sido nada que nos haya pillado por sorpresa ni que haya causado conmoción. A lo mejor os parezco un malvado por decir eso, pero yo diría que cuando alguien muere de viejo tras una larga temporada de deterioro, el impacto emocional es bastante escaso, por lo menos en una persona de corazón pétreo como el mío.
Nuestra tía falleció el viernes y el entierro fue el sábado. Salimos de Madrid con tiempo suficiente para llegar el mismo sábado al entierro que tuvo lugar en un pueblo albaceteño. Allí nos encontramos con primos, tíos y parientes de todo tipo a los que, por no tratar casi nunca, yo apenas conocía y que, contraviniendo las instrucciones de la ministra de sanidad, besamos o estrechamos sus manos con prodigalidad. En menos de diez minutos comuniqué mi nombre y mi procedencia (tenía que decir que soy hijo “del José” para que me identificasen) a no menos de veinte personas que, con gran cortesía y simpatía, hicieron lo propio conmigo, a pesar de lo cual no pude enterarme del parentesco que teníamos.
También volví a ver a dos primos y dos primas a los que hacía años que no veía pero con los que he tenido algún trato. Con ellos la cosa fue más fluida y menos “paripeística”, incluso tengo que decir que fue muy agradable el reencuentro.
Antes del entierro tuvo lugar la misa de “corpore insepulto” en la que la familia más cercana a la fenecida se situó, como es habitual en estos ritos, en la primera fila. Finalizada la misa se formó la habitual cola de personas que pasaban a expresar sus condolencias a los familiares de la primera fila (nuevamente se obviaron los consejos de prevención de la gripe A). Yo, que ya había saludado a los familiares antes de la misa, me hice el sueco y no me acoplé a tan larga fila (parecía que en cualquier momento se iban a arrancar a bailar la yenka).
Finalizada la misa, el féretro volvió a ser introducido en el coche fúnebre con las habituales coronas de flores (que valen un riñón y no sirven para nada) y nos fuimos al cementerio en comitiva. Allí se introdujo la caja en el nicho correspondiente y, mientras un simpático personaje tabicaba el receptáculo, unos miraban y otros andábamos charlando para ponernos al día después de tantos años sin vernos.
Todo tocó a su fin y volvimos a enredarnos en besos, estrechamientos de manos y abrazos para despedirnos de todas esas personas a las que habíamos saludado hace unas horas.
El maltrecho cuerpo de nuestra tía descansaba en paz y el resto de los mortales que aún seguimos danto el tostón por este mundo nos fuimos con viento fresco, cada mochuelo a su olivo.
Siempre que asisto a algún entierro o funeral me doy cuenta de lo prestos que acudimos a este tipo de eventos y del montaje que se puede llevar a cabo en unas pocas horas. También veo la cantidad de sandeces que hacemos para agasajar al cadáver de alguien a quien en vida hicimos poco o ningún caso. No diré que todo el mundo que acude a un velatorio, funeral o entierro lo haga por aparentar o por cumplir con la familia o los amigos, pero sí creo que un gran porcentaje de los que vamos lo hacemos para evitar suspicacias y malos rollos familiares, sin que esto implique que no tuviésemos un mínimo de respeto y cariño por la persona fenecida (a pesar de las escasas o nulas muestras que le dimos de ello durante su vida).
Supongo que no estaría de más que las cosas cambiasen un poco para hacer menos caso a los cadáveres y un poco más a los que aún tienen vida, pero tengo que reconocer que eso supone un esfuerzo exagerado porque, después de todo, al cadáver sólo hay que dedicarle unas pocas horas (bastante pesadas, eso sí), pero un vivo puede requerir de una vida entera de atenciones, y eso es bastante duro (o eso me parece a mí).
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