Ayer sábado, para no dedicar la tarde a estar sentado frente a la tele o delante del ordenador escribiendo sandeces en este blog o en otros de similar catadura, fui a ver la obra de teatro “amateur” protagonizada por mi buen amigo Ricardo. Es una obra organizada por la Fundación La Semilla para recaudar fondos para causas benéficas. En este caso su meta es conseguir dinero para comprar una “fregoneta” a la gente de cierto poblado de Ruanda. Pero lo que me mueve a escribir este artículo (ya me siento un periodista de la talla de Belén Esteban y Karmele Marchante) no es hacer una loa a las buenas intenciones de estas personas sino al más que decente resultado del trabajo realizado por un puñado de personas con poca o, en el caso del protagonista (mi amigo Ricardo), ninguna experiencia en el mundo de teatro (salvo la que todos adquirimos en el mundo laboral a base de hacer el paripé día a día).
Me llena de gozo ver de lo que es capaz una persona con la ayuda de su fuerza de voluntad y su ilusión, eso sí, compartidas con las del resto de los componentes de este simpático grupo teatral. Es increíble ver como una persona que ha dedicado su vida a la ingrata profesión de la informática, de la noche a la mañana (para ser realistas, con un buen lote de meses de ensayos) es capaz de salir a un escenario para interpretar una obra musical. Sé que el gran crítico, Risto Mejide, habría puesto a la altura del betún las capacidades musicales de algunos de los cantantes de “Juan sin miedo” (ese es el título de la obra que nos ocupa), pero teniendo en cuenta que ninguno de ellos ha tenido a su disposición los medios docentes de “La Academia OT”, seguro que hubiese sido indulgente con el resultado obtenido.
El teatro estaba lleno de niños, niños extremadamente ruidosos y pesados en su mayoría o, por lo menos, la pesadez de algunos era suficiente para incordiar a toda la concurrencia con su desconocimiento del concepto de silencio. Pero a pesar de las continuas interrupciones de esas “tiernas criaturas”, los actores continuaron la representación sin fallo alguno o, por lo menos, sin fallos que yo pudiera detectar.
Mi enhorabuena a estos artistas por el buen trabajo realizado y mi reconocimiento por su esfuerzo desinteresado (creo que su caché asciende a cero euros por representación). Confío en que consigáis comprar esa “fregoneta” tan necesaria para los habitantes del pueblo ruandés.
Para el que quiera acudir a ver la obra y contribuir con su donativo a la causa que ha movido todo este montaje, en esta web podrá hacer su reserva.
P.D.- A ver si Carmen Sevilla renueva el repertorio de Cine de Barrio y lleva a artistas revelación como el gran Ricardo Hidalgo (no me negaréis que tiene un nombre perfecto para el mundo de la farándula) para que los apadrinen actores consagrados de la talla de, por ejemplo, Joselito.


