viernes, 12 de febrero de 2010

Plataforma de Apoyo a Marichalar

Estoy indignado con la decisión de los gerentes del Museo de Cera de Madrid de retirar la figura de Don Jaime de Marichalar de ese burladero que presidía con tanta elegancia (la que siempre le ha caracterizado).

No entiendo por qué razón alguien que mereció estar en ese museo, pierde su derecho a ser exhibido. Haberse divorciado de su esposa, la insigne Infanta Doña Elena de Borbón y Grecia, no me parece razón suficiente para ello. Don Jaime tiene múltiples virtudes que le hacen merecedor por sí mismo de notiriedad social y cultural (no sé cuáles son, pero me apetecía escribir una frase vacua).

¡Pobre Marichalar! ¡Hasta el título nobiliario le han retirado! ¿Qué hará Lugo sin su querido duque? ¿Qué será de los desfiles de moda sin la notable presencia de Don Jaime? Supongo que podrá seguir acudiendo a esos eventos relacionados con la moda ¿pero le harán el caso que le hacían antes? ¡Qué interesada es la gente! Antes era adulado por donde quiera que fuese y ahora se le puede ver paseando por la “milla de oro” cabizbajo y meditabundo sin que nadie se acerque para pedirle un autógrafo o para posar con él para una foto.

La terrible situación de Don Jaime me ha movido a solicitar desde este blog (masivamente leído) la adhesión de todos vosotros a la Plataforma de Apoyo a Marichalar (P.A.M.). A los quince primeros afiliados se les regalará una foto de mi calva y otra de Marichalar con pantalones de Cachemir (esta táctica comercial la he copiado de Ramiro López, el simpático vendedor radiofónico y director general de Publipunto-Intershopping).

Espero la llegada masiva de vuestras muestras de solidaridad.

sábado, 30 de enero de 2010

¿Tiempo perdido?

El otro día me decía un simpático personaje que, tras haber roto con su novia, sentía que había perdido los seis años (o los que fuera) que había estado con ella. Yo, que soy especialista en intentar dar ánimos sin conseguirlo, le dije que dudaba que esos seis años hubiesen sido una pérdida de tiempo. Si ha estado con ella durante todo ese tiempo, o bien es porque estaba divinamente, con lo que algún buen recuerdo le habrá quedado o, si ha sido un sufridor, habrá conseguido ejercitar su paciencia, su tolerancia y qué sé yo cuántas cosas más. Vamos, que será un campeón del aguante, y eso no se consigue todos los días.

Como no sé cuáles son los motivos de la ruptura, no tengo ni idea de quién ha roto con quien ni quién ha sido más determinante en el hecho, así que no me pongo al lado de ninguno de los dos (me gusta estar en medio, sobre todo desde que soy progresista).

Nos encanta hacer planes a largo plazo en los que pensamos que todo va a ser perfecto, o casi perfecto; somos especialistas en hacer promesas eternas a pesar de ser conscientes de nuestra facilidad para cansarnos de todo en menos que canta un gallo; pedimos fidelidad total a otros cuando somos incapaces de mantener nuestra palabra con nosotros mismos. En fin, que nos encanta pensar que vivimos en los Mundos de Yupi y, cuando nos damos cuenta de que las cosas no son tan bellas y sencillas, nos desanimamos y nos deprimimos porque vemos que el tiempo pasa y no conseguimos esa felicidad tan ansiada y que en las películas consigue casi todo el mundo (en las películas de Sandra Bullock y en las de Michael Landon, que son las que a mí me gustan).

Lo malo de llevarse estas decepciones es que luego, por ese ansia de recuperar el tiempo perdido (eso que se toma como tiempo perdido), la gente se lanza a la caza y captura de otra persona que llene el hueco dejado por quien acaba de abandonarles y, hasta donde yo sé (que es poco o nada), las prisas son muy malas en esto, como en casi todo.

Comprendo que la soledad puede ser un tanto insoportable, pero esa necesidad de tener siempre a alguien al lado no creo que sea muy sana, es más, a mí me parece casi enfermiza (tanto como no aguantar a nadie al lado). Las dependencias absolutas de algo o de alguien no conducen a nada que no sea una terrible decepción cuando te quedas sin eso de lo que dependes (ya sea persona, cosa o actividad).

Desde este humilde blog le diría a mi querido y liviano amigo (tiene menos masa que un pajarito) que se tomase las cosas con calma y, como un día dijo mi gran ídolo John Rambo, que viva día a día y, sobre todo, que nunca piense que lo pasado ha sido tiempo perdido (ni siquiera el que dedica a hacer el paripé en el trabajo, que es lo que nos toca hacer a muchos).

P.D.- Dedico un saludo a Jenny (la protagonista de la aventura del enano gruñón), que sé que es fan de este blog pero no participa en él porque piensa que su nivel de pedantería no llega al mínimo exigido para hacerlo (es excesivamente humilde).

sábado, 23 de enero de 2010

Curiosidades sobre el calendario

Mientras leía el blog de Carlos García, he saltado a otro muy interesante llamado Malaciencia, y desde allí he llegado a la Wikipedia para leer lo que se dice en ella sobre el calendario juliano (¡VIVAN LOS HIPERENLACES!). Me ha encantado enterarme en menos de tres minutos del origen de nuestro actual calendario y ahora os voy a dar el tostón contándolo.

El calendario romano comenzó siendo de diez meses que eran los siguientes:

Martium: mes de Marte, dios de la guerra
April: mes de apertura de flores (por la primavera, en el hemisferio norte)
Maium: mes de Maia, diosa de la abundancia
Junium: mes de Juno, diosa del hogar y la familia
Quintil: mes quinto
Sextil: mes sexto
September: mes séptimo
October: mes octavo
November: mes noveno
December: mes décimo

¿A alguno de vosotros os contaron esto en el colegio? A lo mejor a mí sí, pero me inclino a pensar que no. ¡Con lo divertido que es saber el porqué de las cosas!

Como con diez meses de 30 y 31 días había que hacer reajustes frecuentes (el año duraba más de 304 días), se añadieron dos meses más, Januarium, dedicado a Jano, dios de los portales (no sé a qué se dedicaría esa divinidad) y Februarium, dedicado a las hogueras purificatorias (llamadas februa). De este modo quedaron Enero y Febrero como meses undécimo y duodécimo.

Allá por el año 153 a.c. se decidió que el año comenzase en Enero por razones de planificación de las campañas guerreras. La verdad es que no he entendido la necesidad de hacer esto, pero tampoco entiendo la utilidad de las comisiones de sabios, de las cumbres internacionales ni de los “observatorios” de todo tipo que crean nuestros políticos, así que supongo que ya por aquella época se hacían tonterías precursoras de las actuales. La pena es que este cambio trastocó el significado original del nombre de algunos meses. Ahora los meses que conservan su nombre ordinal (desde Septiembre a Diciembre) han perdido su sentido porque no ocupan el lugar que les correspondía ¡Qué pena!

Como siempre ha habido pelotas en el mundo, en el año 44 a.c. a Marco Antonio se le ocurrió dedicar el mes Quintil a Julio César y lo llamaron Julium. Para que el peloteo fuese más intenso, se sumó un día a los treinta que tenía ese mes hasta entonces. Ese día se le restó a los treinta que tenía Febrero en aquella época. Así comenzó a decrecer el tamaño de nuestro actual segundo mes.

Más tarde, en el año 23 a.c. hubo que adular a Octavio Augusto, pero esta vez fue por iniciativa del Senado Romano (el peloteo institucional es más aceptado socialmente que el personal, por eso molan los premios Príncipe de Asturias y los Nobel pero no mola que el jefe enchufe a su hijo). Ya que habían comenzado con el mes quinto para hacer las dedicatorias, siguieron con el sexto y decidieron llamarlo Augustum. El gran Octavio Augusto no podía ser menos que Julio César, así que robaron otro día al escueto Febrero para añadirlo a los treinta que tenía el mes sexto. Así se quedó Febrero reducido a esos birriosos veintiocho días.

No seguiré desvelando más detalles para que podáis investigar por vuestra cuenta en la Wikipedia o en Malaciencia. Aprovechad los ratos de ocio laboral para cultivaros y acabar siendo unos seres pedantes como yo.

domingo, 10 de enero de 2010

Recluido

Llevo dos días encerrado en casa sin salir a la calle a causa de un malestar general que me tiene más atontado de lo habitual. Mis actividades se reducen a: Dormir, oír la radio, ver la tele, leer, consultar mi correo, cotillear alguna cosa por Internet, comer frugalmente y, por supuesto, cagar.

La verdad es que hasta que no he confeccionado la lista de mis actividades tenía la impresión de que no estaba haciendo casi nada, pero ahora que he enumerado lo que he estado haciendo, me da la impresión de que he sido hiperactivo.

Tengo que reconocer que si la enfermedad no me hubiese tenido postrado, la lista de tareas realizadas sólo se habría incrementado con la de correr pero, teniendo en cuenta el frío que hace, no sé si la hubiese llevado a cabo. Tal escasez de actividad social en mis fines de semana consigue que incluso me agraden los lunes (como a Carlos Herrera) para volver al trabajo y charlar con unos y otros de temas tan apasionantes como la expulsión de Arturo de Gran Hermano o de las necedades varias en las que ocupamos nuestra energía laboral.

Esta mañana he estado viendo en la tele unos cuantos programas que me han resultado de lo más interesante, incluso creo que no están catalogados como telebasura, para que veáis que a veces tengo gustos de intelectual. Uno lo he visto en Antena 3 y era de un mago enmascarado que explicaba los trucos de sus números. Me ha encantado. Probablemente sea un mago poco querido por sus compañeros de profesión, pero supongo que hoy en día, buscando por Internet, se podrá encontrar información sobre ese tipo de cosas con tanta facilidad como se encuentra el diámetro del “ojete” de cualquier estrella del porno (es una medida que se les solicita en los casting).

Después he estado viendo el la Sexta un documental sobre un hipotético puente que podría construirse sobre el estrecho de Bering y otro que explicaba cómo se cambian los cables de las líneas de alta tensión. Muy interesantes ambos. Para que luego digan que es mejor no ver la televisión.

Ha nevado y la calle se ha cubierto de un fino manto blanco. Me gustaría bajar para dejar mis huellas en la nieve, pero creo que esperaré a mañana, no vaya a ser que recaiga a causa del frío y tenga que quedarme sin ir a trabajar (¡Eso jamás!).

Última noticia: Federico Jiménez-Losantos ha quedado atrapado en Orihuela del Tremedal y no podrá acudir mañana a su encuentro con las ondas de Es-Radio.

Me parece una tremenda falta de previsión por parte de nuestro simpático locutor. ¿Acaso no llevaban avisando de estas cosas las autoridades desde hace días? ¡Intolerable falta de responsabilidad! Don Federico se debe a su audiencia y debería haber regresado a Madrid antes de desencadenarse este último temporal.

Creo que, dado el poco interés que tiene lo que estoy contando, os daréis cuenta de lo necesitado que estaba de comunicarme con alguien (aunque sea por escrito) para salir del ostracismo total en el que me he sumido durante estos dos días.

Ya me siento mejor, incluso me he duchado y me he afeitado el cráneo para dejar de tener pinta de enfermo.
P.D.-La imagen con la que he adornado esta necia intervención corresponde al patio de mi comunidad vecinal. La nieve lo deja todo muy bello y nos brinda una excusa perfecta para no ir a trabajar. ¡VIVA LA NIEVE!

jueves, 31 de diciembre de 2009

Se acabó el 2009

Se termina el año y comienza otro. Realmente no ocurre nada apasionante, pero nos empeñamos en celebrar por todo lo alto algo tan tonto como que la cifra del año de nuestros relojes se incrementa en una unidad.

Tamaña simpleza se ha convertido en uno de los hechos más relevantes de nuestra sociedad. Tanto es así que hay montones de personas que se preparan a conciencia para el instante del cambio de año: Se ponen elegantes, cenan en lugares de postín, besan a todo el que esté alrededor en el momento de finalizar las campanadas, toman uvas aunque no les gusten, se ponen bragas o calzoncillos rojos, meten un anillo de oro en la copa de champán, etc.

Tengo que reconocer que cuando se hace algo en masa, aunque sea una tontería como la de celebrar que cambiamos de año, la cosa se vive con más emoción. No sé por qué razón es así, pero el caso es que ocurre.

Yo, para unirme al clima festivamente gregario de este día, iré a correr la Sansilvestre Vallecana con otros treinta mil panolis más. Como veis no me sustraigo al encanto de este clima alegre y paleto que se manifiesta en el último día de cada año. Gracias a la publicidad que se da al evento deportivo, cada vez se une más gente a la carrera (a pesar de los 17 euros que cuesta) y, con tantísimas personas, año a año se vuelve más complicada la tarea de correr porque la parrilla de salida se parece más a una estación de Metro japonesa en hora punta que a cualquier otra cosa. No obstante hay que reconocer que cuanta más gente se reúne, más se llena uno de emoción (a pesar del olor a sobaquete reconcentrado mezclado con flatulencias de estilos variados reinante entre la muchedumbre).

Tras la carrerita me ducharé (a veces tengo detalles civilizados) y, después de cenar un sándwich de embutido barato de Ahorramás, me sentaré a ver la tele esperando ansioso a que llegue la hora de ver a Belén Esteban en Telecinco narrando, junto a Jorge Javier, las campanadas que anuncien el nuevo año. Nunca me ha atraído el espectáculo campanero, pero esta vez no me lo perderé por nada del mundo.

¡Feliz año nuevo con Belén Esteban!

jueves, 24 de diciembre de 2009

Nochebuena

Dentro de un rato partiré rumbo al hogar paterno (y materno) para compartir la cena de Nochebuena con quien haya por allí. Ahora que lo pienso, realmente no voy a compartir nada sino a gorronearlo todo ¡Cómo soy!

Mientras llega el momento de marchar, como estoy harto de ver la tele, he decidido escribir algo y, de paso, felicitaros las Navidades. No soy muy “felicitón” pero, puestos a escribir, no me cuesta nada unirme a la masa de felicitadores que pulula por el mundo en estas fechas.

Hoy, además del hecho que se conmemora, el nacimiento de Jesús, ocurrirá algo que, al parecer, también es trascendental: El mensaje de su Majestad el Rey Don Juan Carlos se retransmitirá por Euskal Telebista.Como diría el difunto Joaquín Luqui: ¡Guau! ¡Total! ¡Alucinante! ¡Lo más! Particularmente me importa un pito ese detalle, pero supongo que es un signo más de que algo está cambiando en aquella comunidad autónoma (para bien).

Pero eso no es todo, la escenografía se renovará y todo será mucho más bonito. ¿Saldrá Felipe Juan Froilán de todos los Santos junto a su abuelo? ¿Aparecerá nuestro monarca en un escenario virtual de estilo galáctico flotando en medio del universo? Ardo en deseos de ver qué sorpresas nos han preparado.

El mensaje me importa poco porque, sea sensato o absurdo, no servirá para nada que no sea llenar páginas de los periódicos y minutos de radio y televisión para comentarlo. Si se quisiera que “los ciudadanos y las ciudadanas” hiciesen caso de algún mensaje, debería ser Belén Esteban la que lo diese. Ella sí que llega a la gente. Nuestra musa, a pesar de ganar un dineral (cada vez más), sigue mezclándose con el pueblo llano. Usa “tasis” y va al Carrefour con su carrito, al contrario de lo que hace la mayoría de nuestros políticos. Ellos andan todo el día hablando de lo que necesita la “ciudadanía” cuando hace tiempo que no saben cómo vive uno de esos ciudadanos con los que llenan su bocaza a todas horas.

Y si los políticos no saben casi nada de cómo vive la gente normal, mucho menos lo sabe el Rey a pesar de su proverbial campechanía, así que no trae cuenta atender a su mensaje. Aprovechad para apagar la tele un rato y así ahorráis energía que, según parece, es buena cosa, o tal vez no. ¡Uno ya no sabe qué hacer!

Corto el rollo. Feliz Navidad a todos (y todas) y, por favor, dejad de preocuparos de si habréis acertado, o no, con los regalos que vais a hacer a vuestros múltiples familiares. Para otro año haced lo mismo que yo: No regaléis nada… Salvo amistad y amor.

¿A que os he hecho derramar unas lágrimas de emoción?

Para finalizar dedicaré un afectuoso saludo al simpático timador japonés, Kashuma. Esta semana ha actuado en Burgos (con éxito), así que estoy contento porque sé que pasará una excelente Nochebuena gracias a los “donativos” de las buenas gentes que pululan por esas frías tierras castellanas.

P.D.- No pongo la imagen de un Nacimiento para no ofender a los laicos, ya sabéis que me he vuelto progresista y detesto ese tipo de agresión "intelectual".

martes, 15 de diciembre de 2009

Menos humos para el 2010

Parece ser que a partir del año que viene dejará de permitirse fumar en los locales públicos en los que aún se fuma. Me alegro de ello aunque algunos fumadores (no todos) estén ya haciéndose las víctimas por esa supuesta persecución a la que se les somete. También se unen a las críticas personas que, sin ser fumadoras, se sienten solidarias con aquellos que no pueden prescindir del cigarro en la sobremesa o mientras están apostados en la barra de un bar. Me encanta que la gente sea solidaria con causas nobles, pero esta me temo que no lo es. ¿Por qué no se solidarizan con el camarero que tiene que aguantar los humos de sus educadísimos clientes durante su larga jornada laboral? ¿Por qué no se unen al padecimiento de quien no tiene más remedio que comer en un restaurante en el que, a pesar de la normativa actual, nadie respeta la zona libre de humos?

Hace unas semanas estuve dando un paseo por la sierra madrileña y, al terminar, nos metimos en un bar del puerto de Navacerrada. Es un bar grande que tiene un recinto cerrado (aunque su puerta estaba abierta) para que el que quiera fumar lo haga con gozo y, además, tragándose el humo de los demás que allí se congregan (creo que eso les encanta a algunos). Pues bien, en la zona libre de humos, señalizada con carteles bastante visibles, había tres o cuatro personas fumando con total libertad a pesar de lo “perseguidos” que están por los malvados gobernantes y, por supuesto, por esos cavernícolas que somos los que no fumamos y detestamos el humo tabaquil (y muchos otros humos que, de momento, no podemos evitar).

El viernes pasado quedamos a cenar un grupo de diez personas (y “personos”) de los cuales sólo había un fumador. El restaurante era de tipo árabe y el suelo estaba cubierto por alfombras, lo que parecía sugerir que no era un lugar apto para fumar. Estábamos todos muy contentos hablando unos con otros hasta que la fumadora decidió que quería encender un cigarro. ¿Creéis que preguntó si a alguno de los nueve que no fumábamos le importaba que comenzase a echar humo? Pues no, lo que hizo fue preguntar al camarero si allí se podía fumar. A pesar de mis señas para que dijese que no se podía (es probable que con la ley en la mano no se pudiese fumar), él asintió y ella comenzó a fumar.

Está claro que no me enfadé por eso ni me enfadaría por cosas aún peores y, además, la fumadora en cuestión me cae bien, pero su detalle sirve para ilustrar que en muchas ocasiones (no en todas, claro) lo que se hace es acatar normas en lugar de intentar actuar del modo que más grato sea a quienes nos rodean. Por eso me hace reír la pretensión de algunos bienpensantes de que es mejor dejar que las personas se comporten según su “civilizado” criterio y no coartados por las “duras” leyes.

Sería muy bonito un mundo de personas autogestionadas (como dicen los anarquistas), pero teniendo en cuenta que nos preocupamos mucho más de nosotros mismos que de los demás (yo también lo hago), no parece quedar más remedio que imponer normas que regulen lo que se puede y lo que no se puede hacer en cada momento para evitar que andemos por ahí avasallando unos a otros haciendo lo que nos place con la única justificación de que no está prohibido.

Está claro que los gobernantes nunca legislan a gusto de todos y que, además, son tan falibles (cuando no más) que la mayoría de sus gobernados, pero alguna que otra cosa hacen bien, incluso aunque sea con fines electoralistas (¿hacen algo sin esa finalidad? Tal vez sí).

A cuenta de lo de la nueva restricción tabaquil vuelven a oírse las mismas voces que se oyeron cuando se puso en vigor la ley que prohibía fumar en los lugares de trabajo (salvo en los bares, que, hasta donde yo sé, también son lugares de trabajo para algunos). Los hosteleros se iban a arruinar, las tabaqueras iban a quebrar y, básicamente, todo iba a ser terrible. Creo que ninguno de esos augurios se ha cumplido y, en cambio, algunos empezamos a trabajar en un entorno mucho más agradable y sin necesidad de echar la ropa a lavar cada día (eso también contribuye a la famosa “sostenibilidad” que tanto gusta a casi todo el mundo, incluidos muchos fumadores) para quitarle la peste tabaquil.

Sin duda hay muchas cosas más importantes que hacer que restringir aún más los espacios para fumar pero, en vista de que otras cosas no saben hacer nuestros líderes, bienvenida sea ésta.

Una vez más tengo que lanzar un vítor a ZP y a su ministra de Sanidad:

¡VIVA ZP!
¡VIVA TRINI!