Parece ser que al alcalde de Madrid y a su equipo gubernamental les parece vejatorio el oficio de hombre anuncio. Si hubiesen pedido a las empresas anunciantes pagar un impuesto especial por desarrollar su labor anunciadora por las calles de la ciudad, la cosa podría tener algo más de sentido, pero alegar que es una actividad denigrante me parece una sandez. No es ese sea el oficio de mis sueños, pero para quien no tiene otra cosa, ganar 600 o 900 euros al mes no es mala cosa.¿Es vejatorio también el oficio de barrendero? Lo de barrer las inmundicias que el resto de los “educados” ciudadanos vamos tirando por el suelo, no parece ser algo maravilloso. ¿Y qué me decís del oficio de consultor? ¿Es digno ir contando mentiras de empresa en empresa prometiendo milongas imposibles de llevar a cabo? Tal vez este oficio no sea considerado vejatorio porque no se desarrolla a la intemperie y se suelen cobrar sueldos bastante aceptables, pero fundamentar la actividad de uno en la mentira es algo un tanto vergonzoso. Es cierto que no todos los consultores son mentirosos e incompetentes, pero cada vez que oigo esa palabra, pronunciada con veneración casi divina, me entra la risa.
¿Y el oficio de político? ¿Es digno o es indigno? Afirmar una cosa un día y la contraria al siguiente, reclamar respeto a quien insultas, decir que no hay problema donde sí lo hay y que es terrible lo que no lo es…
Al final, como pasa casi siempre, lo único que cuenta es lo que se ve, mandan las apariencias, así que si el hombre anuncio lleva un par de cartelones de PVC la mar de antiestéticos, su trabajo será considerado degradante, pero si eres un gran deportista y llevas camisetas Nike o Adidas repletas de logotipos de un montón de empresas anunciantes, eso es enaltecedor y dignificante e incluso Gallardón sería capaz de invitarte a su despacho para hacerse fotos contigo.
Si uno tiene un oficio con nombre largo y extraño como, por ejemplo, experto en técnicas de rehabilitación de complejos sociales de esparcimiento sostenible del medioambiente (me lo acabo de inventar y no tiene ningún sentido, pero me gusta), aunque su labor consista en conseguir fondos estatales para no hacer otra cosa que editar publicaciones que nadie lee y en masajearse sus partes íntimas a todas horas, su absurdo oficio será considerado, no ya digno, sino fundamental para el desarrollo integral del ser humano en este peligroso planeta.
Yo diría que, en general, la dignidad de un oficio la da la forma de ejercerlo y no el oficio en sí. Un hombre anuncio, si no va arrollando a los transeúntes que se cruzan con él, desarrolla su labor dignamente. Un consultor que asesora adecuadamente y sin contar milongas a sus clientes, es un profesional digno. Un político que dice lo que piensa y hace lo que dice, contribuye a que su profesión se enaltezca. Un auditor que no falsea los datos sino que informa de lo que averigua, es un buen auditor. Lo contrario ocurre con un hombre anuncio que va empujando e insultando a la gente, o un consultor que dice a sus clientes que se pueden hacer cosas que él mismo no sabe ni por dónde agarrar, o un auditor que clasifica a una empresa con las famosas tres aes, “AAA”, una semana antes de que quiebre.
Es cierto que hay oficios como el de asesino a sueldo o ladrón cuya indignidad no parece depender de cómo se ejerza, pero esos son casos especiales.


