Mis vacaciones terminaron hace casi dos semanas y, como siempre me pasa, paso revista a lo que he hecho durante ellas y la actividad que más tiempo me ha ocupado, con diferencia, es la de perderlo (el tiempo).
He pedaleado bastante, he ido al monte a pasear más de lo habitual, he nadado en la piscina, he corrido poco, he leído menos y no he viajado nada, bueno, casi nada. Durante el resto del año suelo pensar que, cuando llegue el verano, quedaré con algún amigo de esos a los que veo de higos a brevas pero, salvo raras excepciones, acabo sin cumplir con las expectativas. Al final la pereza suele salir vencedora.
Tengo que reconocer que la reincorporación a mis labores profesionales me ha resultado grata. No sé si será porque en agosto está todo muy relajado, tanto que alguno de estos días he vuelto a tener uno de esos ataques de sueño que en otras épocas tenía a diario a causa de lo poco que tenía que hacer o de lo muy inútil que era mi trabajo. El hecho de que haya un montón de gente de vacaciones, incluida la compañera con la que más cotorreo, también influye en que la somnolencia haga acto de presencia. Tendré que tener cuidado porque ahora estoy a escasos metros del despacho de “Don Antonio”, que cada mañana pasa a mi lado, y al de unas cuantas personas más, sin dar el habitual (para otros) saludo matutino.
¡Pobre Don Antonio! Sigue sin sonreír. Si se sentase a mi lado no sé si acabaría riéndose, pero es probable que hubiese muerto de asfixia, pero no por mi culpa como estaréis pensando casi todos (ya sabemos el famoso refrán: “Cría fama y échate a dormir”). Según mis suposiciones el generador de las letales y silenciosas flatulencias que han estado a punto de hacer que estallase de risa en un par de ocasiones, es un compañero que se sienta junto a mí.
El otro día estaba tratando temas laborales con otra persona y, de repente, comenzó a oler fatal, pero mal, mal. Era un olor totalmente cuesquil, de pedo pútrido. Yo traté de mantener el tipo evitando reírme (estas cosas me provocan risa en lugar de ahogo ¡qué le vamos a hacer!). No sé lo que pensaría mi interlocutor (me conoce poco y mi fama de ventoseador le es ajena), pero estoy convencido de que también tubo que detectar la pestilencia. En aquel momento éramos cuatro los sujetos sospechosos, pero teniendo en cuenta que al día siguiente volvió a hacer acto de presencia el mismo hedor y que, al instante, mi sospechoso número uno, se ausentó al servicio, yo diría que la cosa está bastante clara. No he hablado casi nada con mi nuevo vecino de mesa, pero ahora siento una amistad casi fraternal hacia él. ¡Hay que ver lo que une un sencillo y pestilente pedo!
Pues así, como quien no quiere la cosa, ya he escrito un buen lote de líneas, todas insulsas, pero servirán para que os entretengáis un rato en vuestro destino vacacional o en vuestro puesto de trabajo.
El blog en el que la sandez y la pedantería se dan la mano, donde la bizarría y erudición discurren parejas. El rincón en el que ZP y Rajoy comparten protagonismo con Pajares y Esteso. Esto es Libertad Diodenal. Pasen y comenten lo que les plazca, que nadie censurará sus aportaciones.
miércoles, 13 de agosto de 2008
miércoles, 30 de julio de 2008
Ideas luminosas

Regalar un par de bombillas de bajo consumo y reducir la velocidad máxima en los accesos a las grandes ciudades. Estas son las medidas del plan de ahorro energético que los medios de comunicación (los que he leído y oído yo, claro) se han encargado de airear con intensidad. Supongo que su plan no se reducirá a esas dos cosillas, pero como esas son las que conozco, me dispongo a opinar sobre ellas.
Lo de regalar dos bombillas de bajo consumo me parece tan estúpido como esas propuestas que hace alguien cada cierto tiempo (probablemente con la mejor de las intenciones) para que todo el mundo apague la luz a la misma hora del mismo día durante cinco minutos. Eso, básicamente, lo único que consigue es que ahorremos cinco minutos de energía porque, tras ese apagón, la gente sigue dejando encendidas todas las lámparas de la casa, subiendo en ascensor al primer piso (o al bajo, que hay gente para todo), encendiendo el aire acondicionado porque es verano en lugar de porque hace calor o poniendo en marcha la calefacción a partir de la entrada oficial del invierno aunque no haga frío.
Con lo de las bombillas se ahorraría algo si la gente las pusiera para sustituir los halógenos que a casi todo el mundo le gusta usar y que, a pesar de su alta potencia (supongo que también los habrá de baja potencia, pero me apetece suponer que la gente es derrochadora), iluminan sólo una pequeña zona circular bajo ellos porque, por alguna razón que se me escapa, casi siempre están incrustados en el techo en lugar de estar colgando de él para que los rayos de luz fluyan esféricamente en lugar de en un miserable cono luminoso.
La reducción de la velocidad en las entradas a las ciudades es probable que sirva para ahorrar algo, pero me temo que eso sólo sería durante los fines de semana y las horas en las que entran cuatro gatos, porque el resto del tiempo se circula a velocidades tan lentas que es difícil reducirlas más.
No sé cómo hacen los cálculos de ahorro, pero me temo que, como pasará casi siempre, viajan a los Mundos de Yupi y allí, que es un lugar en el que todo es maravilloso y donde la realidad es la que cada cual quiere que sea, es donde hacen sus estudios. Lo malo es que los resultados obtenidos en esa bellísima realidad ficticia, se empeñan en extrapolarlos a este mundo en el que las cosas no son tan simples como las mentes de nuestros queridos “expertos”.
Para comenzar a ahorrar se me ocurre que nuestros altos cargos públicos dejen de hacer tantos viajes de aquí para allá, en coche o en avión y que utilicen eso tan maravilloso y tan barato que es la vídeo-conferencia. No tengo ni idea de lo que se ahorraría con eso, pero teniendo en cuenta que, de hacerse las cosas así, podría prescindirse de casi todo el parque de coches oficiales (que además son de alta cilindrada y consumen una barbaridad) y de multitud de desplazamientos en avión y de las respectivas estancias en hoteles caros, seguro que se ahorraría un buen montón. Si por mí fuera, se acabarían los viajes oficiales y todas esas reuniones inútiles que se mantienen en cualquier país a cuento de cualquier memez o cosa seria. Que comiencen por dar ejemplo nuestros queridos líderes y tal vez así nos convenzan para que seamos más ahorrativos, no en vano los hechos convencen mucho más que las palabras.
Lo de regalar dos bombillas de bajo consumo me parece tan estúpido como esas propuestas que hace alguien cada cierto tiempo (probablemente con la mejor de las intenciones) para que todo el mundo apague la luz a la misma hora del mismo día durante cinco minutos. Eso, básicamente, lo único que consigue es que ahorremos cinco minutos de energía porque, tras ese apagón, la gente sigue dejando encendidas todas las lámparas de la casa, subiendo en ascensor al primer piso (o al bajo, que hay gente para todo), encendiendo el aire acondicionado porque es verano en lugar de porque hace calor o poniendo en marcha la calefacción a partir de la entrada oficial del invierno aunque no haga frío.
Con lo de las bombillas se ahorraría algo si la gente las pusiera para sustituir los halógenos que a casi todo el mundo le gusta usar y que, a pesar de su alta potencia (supongo que también los habrá de baja potencia, pero me apetece suponer que la gente es derrochadora), iluminan sólo una pequeña zona circular bajo ellos porque, por alguna razón que se me escapa, casi siempre están incrustados en el techo en lugar de estar colgando de él para que los rayos de luz fluyan esféricamente en lugar de en un miserable cono luminoso.
La reducción de la velocidad en las entradas a las ciudades es probable que sirva para ahorrar algo, pero me temo que eso sólo sería durante los fines de semana y las horas en las que entran cuatro gatos, porque el resto del tiempo se circula a velocidades tan lentas que es difícil reducirlas más.
No sé cómo hacen los cálculos de ahorro, pero me temo que, como pasará casi siempre, viajan a los Mundos de Yupi y allí, que es un lugar en el que todo es maravilloso y donde la realidad es la que cada cual quiere que sea, es donde hacen sus estudios. Lo malo es que los resultados obtenidos en esa bellísima realidad ficticia, se empeñan en extrapolarlos a este mundo en el que las cosas no son tan simples como las mentes de nuestros queridos “expertos”.
Para comenzar a ahorrar se me ocurre que nuestros altos cargos públicos dejen de hacer tantos viajes de aquí para allá, en coche o en avión y que utilicen eso tan maravilloso y tan barato que es la vídeo-conferencia. No tengo ni idea de lo que se ahorraría con eso, pero teniendo en cuenta que, de hacerse las cosas así, podría prescindirse de casi todo el parque de coches oficiales (que además son de alta cilindrada y consumen una barbaridad) y de multitud de desplazamientos en avión y de las respectivas estancias en hoteles caros, seguro que se ahorraría un buen montón. Si por mí fuera, se acabarían los viajes oficiales y todas esas reuniones inútiles que se mantienen en cualquier país a cuento de cualquier memez o cosa seria. Que comiencen por dar ejemplo nuestros queridos líderes y tal vez así nos convenzan para que seamos más ahorrativos, no en vano los hechos convencen mucho más que las palabras.
lunes, 21 de julio de 2008
¡Qué bello es el monte!
Este fin de semana lo he pasado en el monte junto con otros siete amigos. Éramos tres hombres y cinco mujeres, así que no tengo claro si cumplíamos con la ley de paridad con la que nuestro gran gobierno revolucionó hace poco nuestro arcaico ordenamiento jurídico. El caso es que, estuviéramos dentro o fuera de la ley, lo hemos pasado bien, o incluso muy bien, y hemos disfrutado de un par de días merodeando por la paradisiaca Sierra de Neila, ubicada en Burgos, en la Sierra de la Demanda.
Era un lugar boscoso de acceso sencillo y apropiado para domingueros. Con el coche se puede llegar a una distancia de menos de 2 Km. de unas lagunas en las que da gusto bañarse (¡Qué pena me da no poder pegarme hoy otro bañito por allí!). Hay árboles por todos lados y, si se quiere, también se puede subir a zonas tan peladas como mi cabezota para absorber con más rapidez los intensos rayos solares veraniegos.
Nos resultó curioso que, a pesar de lo fácil que era llegar allí, no hubiese casi nadie andando por aquellos bucólicos parajes. Si en la Sierra de Guadarrama existiese algo así, estaría atestado de gente tomando el sol y dejando basura por todos lados, pero parece que allí, en Burgos, poca gente se ha enterado de la existencia de tan bello lugar ¡Mejor!
A pesar de la belleza del entorno y el gozo de los baños en aquellas aguas, lo mejor no ha sido eso, no señor, lo mejor ha sido la posibilidad de ir caminando de aquí para allá charlando ahora con uno y después con otro, parando aquí para comer cualquier cosa mientras seguíamos charlando de cualquier tema (trascendental o “diodenal”), o deteniéndonos para ver por dónde seguir en los momentos en los que no sabíamos hacia dónde debíamos dirigir nuestros pasos (alguno de esos momentos fue propiciado por mi gran capacidad para perder la senda apropiada). Incluso fue agradable dormir los ocho juntos, pero no revueltos, en la misma habitación con literas del refugio (hasta los ronquidos suenan mejor en el monte).
Una de las cosas más agradables de ir a pasear por el monte con un grupo de gente es la posibilidad de ir charlando (aunque sólo fuese para decir "pues sí, pues sí" o "parece que hace calor"), de bromear o trascender, de hacer el tonto o ponerse serio, de necesitar ayuda o de dársela al que la requiere (esto último ha quedado precioso). Como diría mi gran ídolo Camilo Sesto (siempre tengo que apuntar que el apellido artístico de Camilo Blanes no lleva equis, para que no llegue algún listillo a decirme que he metido la pata): mola mazo.
Era un lugar boscoso de acceso sencillo y apropiado para domingueros. Con el coche se puede llegar a una distancia de menos de 2 Km. de unas lagunas en las que da gusto bañarse (¡Qué pena me da no poder pegarme hoy otro bañito por allí!). Hay árboles por todos lados y, si se quiere, también se puede subir a zonas tan peladas como mi cabezota para absorber con más rapidez los intensos rayos solares veraniegos.
Nos resultó curioso que, a pesar de lo fácil que era llegar allí, no hubiese casi nadie andando por aquellos bucólicos parajes. Si en la Sierra de Guadarrama existiese algo así, estaría atestado de gente tomando el sol y dejando basura por todos lados, pero parece que allí, en Burgos, poca gente se ha enterado de la existencia de tan bello lugar ¡Mejor!
A pesar de la belleza del entorno y el gozo de los baños en aquellas aguas, lo mejor no ha sido eso, no señor, lo mejor ha sido la posibilidad de ir caminando de aquí para allá charlando ahora con uno y después con otro, parando aquí para comer cualquier cosa mientras seguíamos charlando de cualquier tema (trascendental o “diodenal”), o deteniéndonos para ver por dónde seguir en los momentos en los que no sabíamos hacia dónde debíamos dirigir nuestros pasos (alguno de esos momentos fue propiciado por mi gran capacidad para perder la senda apropiada). Incluso fue agradable dormir los ocho juntos, pero no revueltos, en la misma habitación con literas del refugio (hasta los ronquidos suenan mejor en el monte).
Una de las cosas más agradables de ir a pasear por el monte con un grupo de gente es la posibilidad de ir charlando (aunque sólo fuese para decir "pues sí, pues sí" o "parece que hace calor"), de bromear o trascender, de hacer el tonto o ponerse serio, de necesitar ayuda o de dársela al que la requiere (esto último ha quedado precioso). Como diría mi gran ídolo Camilo Sesto (siempre tengo que apuntar que el apellido artístico de Camilo Blanes no lleva equis, para que no llegue algún listillo a decirme que he metido la pata): mola mazo.
Otra cosa también moló mazo fue la tromba de agua y granizo que nos cayó encima el sábado por la tarde. ¡Qué gozo se siente cuando el pedrisco te cae encima y te hace pupita! ¡Qué indescriptible placer produce notar que todo tu cuerpo está empapado y que ni siquiera ese recóndito y escondido lugar de la entrenalga se ha salvado de la inundación! Calarse en verano es, como diría el difunto Joaquín Luqui, total, alucinante, lo más.
Tampoco voy a decir aquí que este tipo de reuniones campestres sean siempre una maravilla (a veces son un tostón), pero sí tengo que decir que en este caso la cosa ha salido muy bien a pesar de alguna rebelión protagonizada por mí para regresar por el camino conocido en lugar de aventurarnos descubriendo nuevas sendas (aún tengo algún poso de mi talante crispador de antes). Finalmente mi cabezonería rebelde fue vencida por mi nuevo talante dialogante y conciliador (desde que salí de la “caverna” y me convertí al progresismo, soy otro) y, sobre todo, porque no es recomendable quedarse solo en medio del monte (nunca se sabe qué peligros le acechan a uno).
Y tras estas divagaciones que no tienen interés alguno para quienes no han vivido este bello fin de semana campestre, corto el rollo y os insto a hablar de lo que os plazca para que esto se anime y se crispe un poco, que parece que en vacaciones andamos todos un tanto perezosos para el debate (sobre todo yo).
Tampoco voy a decir aquí que este tipo de reuniones campestres sean siempre una maravilla (a veces son un tostón), pero sí tengo que decir que en este caso la cosa ha salido muy bien a pesar de alguna rebelión protagonizada por mí para regresar por el camino conocido en lugar de aventurarnos descubriendo nuevas sendas (aún tengo algún poso de mi talante crispador de antes). Finalmente mi cabezonería rebelde fue vencida por mi nuevo talante dialogante y conciliador (desde que salí de la “caverna” y me convertí al progresismo, soy otro) y, sobre todo, porque no es recomendable quedarse solo en medio del monte (nunca se sabe qué peligros le acechan a uno).
Y tras estas divagaciones que no tienen interés alguno para quienes no han vivido este bello fin de semana campestre, corto el rollo y os insto a hablar de lo que os plazca para que esto se anime y se crispe un poco, que parece que en vacaciones andamos todos un tanto perezosos para el debate (sobre todo yo).
jueves, 10 de julio de 2008
Aído y el velo
Para salir un poco de la pereza intelectual en la que ando sumido desde que comenzaron mis vacaciones el lunes pasado, he decidido atender una exigencia de nuestro colaborador Brave, y me dispongo a escribir alguna que otra consideración acerca de lo que la Ministra de Igualdad ha dicho sobre el uso del velo islámico (más bien de lo que dicen que ha dicho, porque yo no he podido oír su discurso). Parece que el señor Valenzuela (Javier, para más señas), ha puesto a nuestra joven Ministra a caer de un burro dedicándole una larga ristra de improperios. Tal vez doña Bibiana sea tonta o incluso muy tonta. Eso para mí, que sé que todo el mundo es tonto (incluidos los lectores de este blog y yo mismo, por supuesto), no es nada que me llame la atención. De todos modos, al señor Valenzuela le diría que, a pesar de no saber nada de él, salvo que escribió un libro sobre ZP, él también es tonto. ¡Parece mentira que aún haya gente que no sepa que la necedad es el atributo que iguala a todos los seres humanos!
Según leo en El Correo Digital, Aído dijo que las prácticas culturales que vulneran los derechos humanos o que discriminen a las mujeres no tienen por qué ser protegidas. Yo estoy de acuerdo con semejante afirmación. Creo que también dijo que la ley debería impedir el uso del velo islámico, cosa que ya es más complicada de concretar. Es una faena que algunas mujeres lleven el velo, o lo que sea, porque sus maridos les imponen tal cosa. La ley española ampara a esas mujeres (y a todo el mundo) para que hagan lo que les venga en gana en ese aspecto y no tienen por qué someterse al imperio de sus necios maridos. En España nadie tiene por qué vestir de un modo que no sea el que uno mismo decida y si alguien le obliga a ponerse prendas que no le molan, supongo que tiene derecho a demandar a quién le imponga tal cosa. Querellas más tontas habrá interpuesto Anita Obregón o Belén Esteban y han sido atendidas, así que no veo por qué razón no pudieran llegar a buen puerto las justas demandas de las mujeres musulmanas que no quieren llevar velo y son obligadas a ello por sus devotos maridos (devotos al Profeta, no a sus esposas).
En fin, que no sé si hace falta una ley específica que prohíba ponerse pañoletas en la cabeza. Sería muy complejo definir cuál es el tipo de tocado prohibido ¿Afectaría esa ley a los vejetes que se ponen un pañuelo con cuatro nudos para evitar una insolación mientras pasean por el parque? ¿Quedarían proscritas también las pañoletas de los raperos? ¿Serían consideradas delictivas las bolsas de Ahorramás que nos ponemos en la cabeza cuando nos sorprende un chaparrón?
Puestos a defender derechos de la gente, a ver si Bibiana se anima a defender el derecho a estudiar en la lengua materna en cualquier comunidad autónoma española ¿O eso tiene menos importancia que el uso del velo islámico?
¡VIVA BIBIANA AÍDO!
¡VIVA JAVIER VALENZUELA!
¡VIVA LA NECEDAD!
Según leo en El Correo Digital, Aído dijo que las prácticas culturales que vulneran los derechos humanos o que discriminen a las mujeres no tienen por qué ser protegidas. Yo estoy de acuerdo con semejante afirmación. Creo que también dijo que la ley debería impedir el uso del velo islámico, cosa que ya es más complicada de concretar. Es una faena que algunas mujeres lleven el velo, o lo que sea, porque sus maridos les imponen tal cosa. La ley española ampara a esas mujeres (y a todo el mundo) para que hagan lo que les venga en gana en ese aspecto y no tienen por qué someterse al imperio de sus necios maridos. En España nadie tiene por qué vestir de un modo que no sea el que uno mismo decida y si alguien le obliga a ponerse prendas que no le molan, supongo que tiene derecho a demandar a quién le imponga tal cosa. Querellas más tontas habrá interpuesto Anita Obregón o Belén Esteban y han sido atendidas, así que no veo por qué razón no pudieran llegar a buen puerto las justas demandas de las mujeres musulmanas que no quieren llevar velo y son obligadas a ello por sus devotos maridos (devotos al Profeta, no a sus esposas).
En fin, que no sé si hace falta una ley específica que prohíba ponerse pañoletas en la cabeza. Sería muy complejo definir cuál es el tipo de tocado prohibido ¿Afectaría esa ley a los vejetes que se ponen un pañuelo con cuatro nudos para evitar una insolación mientras pasean por el parque? ¿Quedarían proscritas también las pañoletas de los raperos? ¿Serían consideradas delictivas las bolsas de Ahorramás que nos ponemos en la cabeza cuando nos sorprende un chaparrón?
Puestos a defender derechos de la gente, a ver si Bibiana se anima a defender el derecho a estudiar en la lengua materna en cualquier comunidad autónoma española ¿O eso tiene menos importancia que el uso del velo islámico?
¡VIVA BIBIANA AÍDO!
¡VIVA JAVIER VALENZUELA!
¡VIVA LA NECEDAD!
viernes, 27 de junio de 2008
Debates de ascensor
¿A qué piso va?... Pues sí, pues sí… Parece que hace calor.Como no sabía sobre qué hablar, he decidido transcribir una de esas conversaciones de ascensor tan socorridas para estas situaciones de vacío intelectual. Hablando de vacíos intelectuales, no sé por qué razón, me viene a la mente Bibiana Aído ¿será que soy un machista, fascista, leninista? La dejaremos tranquila, que a la pobre ya se encargan otros de echarle broncas por hacer su trabajo. Después de todo ¿qué se espera que haga al frente de un ministerio tan tonto como el que le han dado?
Y ahora cambiaré de tema para hablar del bello deporte del balompié, deporte por el que jamás he sentido el más mínimo interés pero que, dado el éxito que la selección española está teniendo en la Eurocopa, está suscitando en mí cierto gozo por ver cómo meten goles nuestros aguerridos jugadores. Lo de aguerridos lo he escrito porque quedaba bien, pero la verdad es que con esos peinados estilo Príncipe de Beukelaer que llevan algunos, se parecen más a Ken (el novio de Barbie) que a otra cosa.
Pese a mi ligera afición futbolera de estos días, no llego al extremo de ir a trabajar con la camiseta de la selección como hicieron unos compañeros míos. Cierto es que son bastante jóvenes (no obstante alguno pasa ya de los treinta y tantos) y que han formado una pandilla bien cohesionada, y ya se sabe que donde se juntan más de tres para hacer el bobo, el pudor queda condenado al ostracismo.
Vi ayer que sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias asistieron al partido de las semifinales con ropas discretas y sin haberse enfundado una camiseta roja o un chándal como el de Luis Aragonés ¿Querrá eso decir que no apoyan a nuestra selección con la intesidad debida? Espero que no. También andaba por allí la Vicepresidenta de la Vega que, para celebrar los goles, se levantaba alegre e iba a dar besos a todos los grandes personajes que estaban en el palco, incluidos los príncipes. ¡Qué bonita es la amistad que fomenta el deporte de élite!
Lo que no es tan bonito es ver cómo algunas pandas de energúmenos se dedican a celebrar la victoria de su equipo lanzando sillas, o lo que encuentran al alcance de sus putrefactas manos, a cualquiera que se encuentre frente a ellos. Yo diría que les daría igual que al otro lado estuviesen sus padres, ellos lanzarían sus proyectiles igualmente ¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN!
Pues nada, a ver si gana España y así, durante un par de días, tenemos algo diferente que decir a los vecinos en el ascensor.
sábado, 14 de junio de 2008
¿Madurez democrática? ¡Ja, ja, ja!
Esta semana que finaliza ha estado protagonizada por la huelga de los camioneros (también por la introducción del nuevo vocablo “miembra” en el repertorio de palabras populares, pero eso lo dejo para otra ocasión). Yo pude “disfrutar” del taponamiento de la A-1 el lunes. Tenía que ir a un curso en Alcobendas y, tras dar unas cuantas vueltas buscando un sitio por el que poder meter mi coche en esa carretera, una serie de afortunados errores me permitieron llegar a la estación de Metro de Las Tablas. Allí aparqué mi bólido y conseguí llegar a mi destino con eficacia.
Al salir del suburbano vi que las calles estaban tomadas por agentes de la Policía Local y Nacional. Yo aún no sabía cuál era el motivo de los atascos y, al ver tantos defensores de la ley por la calle, pensé que habría alguna personalidad por los alrededores. Cuando llegué a mi destino e intenté acceder a los dominios de la empresa en la que se impartía el curso, Indra, vi con asombro que Su Majestad Don Juan Carlos I estaba saludando al regio modo a los empleados de tan magna empresa, que se agolpaban en las ventanas, para despedirse tras la visita que, para celebrar los 15 años de existencia de la multinacional española.
Despidiendo al Rey había también una melé de gente conocida (políticos y empresarios) entre los que acerté a identificar a Miguel Sebastián (ministro de no-sé-qué) y a Florentino Pérez (empresario de no-sé-cuántos).
Al ver ese despliegue de necios de alto rango por allí, pensé que ellos eran los culpables del tremendo tapón de la carretera, así que mi mente comenzó a cagarse en toda esa patulea de señoritos por hacernos la vida más difícil con sus tontos actos sociales.
Cuando pude acceder al aula (tras un rato deambulando de puerta en puerta), me enteré por mis compañeros de que había un montón de camiones que, en lugar de quedarse en casa sin trabajar para ejercer su derecho a la huelga, habían decidido salir a aparcar sus monstruos de acero en medio de la autovía, consiguiendo que miles de personas no pudiesen llegar a sus puestos de trabajo o, lo que es peor, a sus casas, en un tiempo razonable.
A esa gentuza que piensa que sus problemas son los más graves del mundo y que no hay nadie que sufra más que ellos, desde este humilde blog les digo que se vayan a la mierda, que les den morcilla y que son unos delincuentes de alto nivel.
No se puede tener a media España en jaque porque el gasóleo haya subido una barbaridad. ¿Es que no ha subido para todos? ¿Acaso yo no gasto combustible para ir a trabajar? ¿No se elevan los precios de las cosas a causa de esa subida? ¿No nos afectan esos precios a todos? ¿Sólo los camioneros, pescadores y agricultores merecen ayudas? ¿Es que el resto de la gente no tiene problemas?
Sé que los seres humanos somos especialistas en mirarnos el ombligo (yo soy un claro ejemplo de ello), pero no estaría mal que, de vez en cuando, levantásemos la cabeza un poco y echásemos un vistazo a nuestro alrededor para ver que siempre hay quien está peor (bueno, casi siempre).
Cuando los huelguistas salvajes se ensañan con quienes, ejerciendo su derecho, no secundan la huelga, me pregunto dónde está esa madurez democrática de la que tanto se habla y que tanto cacarean políticos y periodistas para adular a la necia masa popular (no me refiero en este caso a la del partido con ese nombre). Aquí nos mola la democracia y la libertad cuando la mayoría está con nosotros, si no, nos pasamos ambas cosas por ciertas partes de nuestro cuerpo que, a pesar de ser consideradas innobles, tienen mucha más nobleza que los corazones de algunos de esos “demócratas” huelguistas.
Al salir del suburbano vi que las calles estaban tomadas por agentes de la Policía Local y Nacional. Yo aún no sabía cuál era el motivo de los atascos y, al ver tantos defensores de la ley por la calle, pensé que habría alguna personalidad por los alrededores. Cuando llegué a mi destino e intenté acceder a los dominios de la empresa en la que se impartía el curso, Indra, vi con asombro que Su Majestad Don Juan Carlos I estaba saludando al regio modo a los empleados de tan magna empresa, que se agolpaban en las ventanas, para despedirse tras la visita que, para celebrar los 15 años de existencia de la multinacional española.
Despidiendo al Rey había también una melé de gente conocida (políticos y empresarios) entre los que acerté a identificar a Miguel Sebastián (ministro de no-sé-qué) y a Florentino Pérez (empresario de no-sé-cuántos).
Al ver ese despliegue de necios de alto rango por allí, pensé que ellos eran los culpables del tremendo tapón de la carretera, así que mi mente comenzó a cagarse en toda esa patulea de señoritos por hacernos la vida más difícil con sus tontos actos sociales.
Cuando pude acceder al aula (tras un rato deambulando de puerta en puerta), me enteré por mis compañeros de que había un montón de camiones que, en lugar de quedarse en casa sin trabajar para ejercer su derecho a la huelga, habían decidido salir a aparcar sus monstruos de acero en medio de la autovía, consiguiendo que miles de personas no pudiesen llegar a sus puestos de trabajo o, lo que es peor, a sus casas, en un tiempo razonable.
A esa gentuza que piensa que sus problemas son los más graves del mundo y que no hay nadie que sufra más que ellos, desde este humilde blog les digo que se vayan a la mierda, que les den morcilla y que son unos delincuentes de alto nivel.
No se puede tener a media España en jaque porque el gasóleo haya subido una barbaridad. ¿Es que no ha subido para todos? ¿Acaso yo no gasto combustible para ir a trabajar? ¿No se elevan los precios de las cosas a causa de esa subida? ¿No nos afectan esos precios a todos? ¿Sólo los camioneros, pescadores y agricultores merecen ayudas? ¿Es que el resto de la gente no tiene problemas?
Sé que los seres humanos somos especialistas en mirarnos el ombligo (yo soy un claro ejemplo de ello), pero no estaría mal que, de vez en cuando, levantásemos la cabeza un poco y echásemos un vistazo a nuestro alrededor para ver que siempre hay quien está peor (bueno, casi siempre).
Cuando los huelguistas salvajes se ensañan con quienes, ejerciendo su derecho, no secundan la huelga, me pregunto dónde está esa madurez democrática de la que tanto se habla y que tanto cacarean políticos y periodistas para adular a la necia masa popular (no me refiero en este caso a la del partido con ese nombre). Aquí nos mola la democracia y la libertad cuando la mayoría está con nosotros, si no, nos pasamos ambas cosas por ciertas partes de nuestro cuerpo que, a pesar de ser consideradas innobles, tienen mucha más nobleza que los corazones de algunos de esos “demócratas” huelguistas.
viernes, 6 de junio de 2008
Televendedores
Esta tarde me disponía a salir de casa para hacer un recado cuando he recibido una llamada del número 4408. Al verlo he sospechado que, al descolgar, alguien me intentaría convencer para contratar algún producto telefónico. He estado tentado de ignorar la llamada, pero mi naturaleza cotilla ha podido más que mi razón (la poca que tengo), así que he pulsado el botón verde y he puesto el teléfono en mi oreja derecha.Tras mi saludo inicial no he oído a nadie responder, lo que me ha confirmado que era una de esas llamadas que se hacen automáticamente y, si el tonto de turno descuelga (en este caso, yo), el televendedor acude presuroso, pero nunca a tiempo, a atender el segundo o tercer saludo del incauto cliente potencial.
En cuanto la vendedora ha comenzado a hablar, he podido oír una retahíla incomprensible en la que me ha dicho algo así como que llamaba de Movistar y ha leído las cifras de mi teléfono, de una en una, para confirmar si era el mío. No sé si os pasa a vosotros, pero yo tengo la costumbre de decir mi teléfono agrupando cifras, de modo que cuando me lo recitan de un modo diferente a como yo me lo he aprendido, me cuesta identificarlo. El caso es que me ha parecido que la ristra numérica que ha pronunciado a toda velocidad, era el mío. He dicho que, en efecto, era mi teléfono, y acto seguido, siguiendo con el mismo ímpetu, me ha preguntado algo de lo que sólo he entendido las palabras “identificar”, “nombre” y “por favor”. He supuesto que quería que le dijese mi nombre completo (con apellidos y todo) para identificarme, a lo que he argumentado que no sabía por qué razón tenía que dar esos datos a alguien cuya verdadera identidad desconocía. Ella me ha dicho, con un tono un tanto crispado, que sólo quería era mi nombre (sin apellidos) para poder dirigirse a mí utilizándolo. Le he pedido disculpas diciéndole que le había entendido mal, y ella ha comenzado con el rollo comercial pero, eso sí, insertando al principio un elegante “Don Pablo” (me ha dado vergüenza decir que me llamo Meteorismo).
Entre la nueva avalancha de palabras he conseguido entender “contrato” y, con la máxima cortesía de la que he sido capaz, he interrumpido su “speech” para decirle que, no me interesa tener contrato alguno de telefonía móvil y que, para no hacerle perder el tiempo, podíamos dejar ahí la conversación. Ella me ha dicho, nuevamente con cierto tono arisco, que cómo podía saber que no me interesaba una oferta que aún no había escuchado. Yo le he respondido que, sencillamente, prefiero seguir con mi tarjeta prepago que no me obliga a nada y que recargo cuando quiero y utilizo cuando me place. Le he dicho que me da igual el hecho de que, probablemente, esté perdiendo dinero con esta modalidad telefónica, pero que no quiero atarme a ningún contrato. Creo que he sido bastante claro y, sobre todo, correcto en mi exposición (también rápida). Pero la pertinaz operaria seguía en sus trece intentando hacerme ver, cada vez más enfadada, que era absurdo tomar esa decisión sin saber lo que iba a ofrecerme. Básicamente me ha llamado tonto en mis narices, cosa que no me importaría si me lo dijese alguien simpático, pero no tolero que alguien que aún no sabe lo memo que soy, se atreva a aventurar tal cosa.
Le he hecho saber que detectaba enfado en su forma de hablar y, para zanjar tan tonta conversación, le he dicho algo parecido a esto:
- Se está poniendo usted bastante farruquita conmigo, así que creo que es el momento de terminar esta conversación. Muchas gracias y buenas tardes.
Ella se ha despedido con corrección y con la crispación a niveles parecidos a los que el PP introdujo (según muchos) en la vida política durante la pasada legislatura.
Tengo que reconocer que esta absurda pelea me ha hecho sentirme mal. ¿Acaso flagelan a los televendedores cuando no consiguen que su interlocutor escuche sus ofertas? ¿Es que les pagan un millón de euros por cada persona que escucha todo el acelerado rollo que tienen que soltar? ¿No se dan cuenta de que para ser buen vendedor hay que ser extremadamente amable? ¿Nadie les ha dicho que si sueltan veinte palabras por segundo no hay quien entienda nada?
Lo peor de todo esto es que, con alta probabilidad, el modo de trabajo de la locutora que me ha llamado, sigue unas pautas “científicamente” obtenidas y con las que está “demostrada” una máxima eficacia de ventas.
¡VIVA LA TELEVENTA!
¡VIVA LA TELEBASURA!
¿Alguien sabe si, finalmente, los Miami, pegaron a Cantizano?
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