Probablemente el título de mi aportación de hoy a la difusión de la necedad, sea suficiente para que más de uno piense que voy a criticar a la Ministra por ser mujer y por estar embarazada ¡Pues no pienso criticar a Doña Carmen Chacón! Sólo quiero hacer notar que este gesto que nuestro amado Presidente ha querido hacer para mostrar que las mujeres, embarazadas o no, pueden desarrollar la labor que se les encomiende, es tan bonito como irreal, pero no porque las mujeres, por el hecho de serlo, estén menos capacitadas que los hombres, sino porque, como parece quedar patente al ver el séquito de médicos que la Ministra ha llevado en su viaje a Afganistán, no todas las mujeres tienen al alcance de su bolsillo reclutar a un grupo semejante de sanitarios para poder desempeñar sus labores sin temor de que al bebé en ciernes pueda pasarle algo.No sé si al grupo de médicos que han acompañado a Doña Carmen les paga el Estado o si sus minutas son abonadas por la propia Ministra, pero sea cual sea el caso, no me imagino a ninguna compañera mía que, estando embarazada de cinco o seis mese, sea enviada en misión de trabajo, no ya a Afganistán, sino simplemente a La Coruña, y reclute a un ginecólogo, un anestesista y un pediatra para acompañarla. Yo diría que la gran mayoría de las mujeres optarían por no hacer ese viaje y enviar a un sustituto (hombre o mujer). También doy por hecho que a pocas empresas se les ocurriría poner a disposición de sus empleadas a ese séquito sanitario para que sus últimos meses de embarazo pudiesen ser afrontados sin que sus tareas habituales se viesen afectadas por las restricciones en cuanto a movilidad que el especial cuidado de la salud de la madre y el niño aún no nacido suelen implicar.
Me alegro mucho de que Carmen Chacón lleve de maravilla el embarazo y que pueda desplazarse de aquí para allá dando ejemplo de que una embarazada no es una inválida, pero no me parecería bien que, a causa de ese ejemplo, las mujeres que no disponen de los medios de los que una ministra dispone, y que deciden limitar su actividad a causa de su embarazo, sean consideradas poco profesionales o caraduras.
Tal vez aquí debería actuar el Ministerio de Igualdad para poner a disposición de todas las embarazadas que lo soliciten, un equipo de médicos que las atiendan durante el tiempo en que el embarazo y su actividad profesional coincidan. Lo malo de esto es que cuesta dinero que, por desgracia, no saldrá del bolsillo de ZP, el Presidente feminista, sino del de todos los españoles, con lo que no sé si la opción será muy bien recibida por nuestra tolerante, democrática y solidaria “ciudadanía”.
Y ahora, como propondría nuestra Ministra de Defensa, gritemos todos:
¡VIVA ESPAÑA!
¡VIVA EL REY!
¡VIVA RODOLFO CHIQUILICUATRE!
(Este último vítor es de mi cosecha)


